1ª Juan 2:13: ¿Preexistíamos en el Cielo Antes de Nacer en Este Mundo?

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Por, Luke Wayne
4 de julio de 2018

El mormonismo enseña que todos existimos en el cielo en cuerpos espirituales antes de comenzar nuestra vida aquí en la tierra. Para defender esto, la mayoría de las veces acudirán a lugares como Job o Eclesiastés. Sin embargo, en ocasiones, recurren por decirlo de alguna manera a argumentos más creativos. Entre ellos se encuentra 1ª Juan 2:13, que dice:


«Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que ha sido desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os he escrito a vosotros, niños, porque conocéis al Padre».


A primera vista, el cristiano bíblico puede tener dificultades para comprender cómo este pasaje está relacionado de alguna manera con la idea de una preexistencia celestial; pero básicamente el argumento es el siguiente: Juan registra que está escribiendo a los niños pequeños porque conocen al Padre. Sabemos que estos son, literalmente, niños pequeños porque existe una progresión cronológica inversa en el versículo (padres, luego jóvenes, luego niños). Por tanto, Juan afirma que los niños conocen al Padre. Pero siendo tan jóvenes, ¿en qué momento pudieron haber conocido al Padre? El mormón concluye que deben haberlo conocido en la preexistencia. Por lo tanto, dicen, que esto prueba que todos estábamos con Dios en el cielo antes de nuestro nacimiento. Un argumento así parece claramente persuasivo para alguien que ya asume que la preexistencia es cierta, pero en realidad es bastante defectuoso.

La Respuesta Bíblica

A primera vista, el argumento no sigue, incluso si solo leemos el versículo sin ninguna referencia a los versículos anteriores o posteriores o al resto de la carta. Si estos niños tienen la edad suficiente para recibir y comprender las instrucciones de Juan al escuchar la lectura pública de su carta, no estamos hablando de bebés. No existe nada en el pasaje, sin importar cuán literalmente lo tomemos que pudiera impedirse el haber sido escrito a niños que tienen la suficiente edad para conocer sus pecados y creer el evangelio; niños que han conocido al Padre en esta vida a través de Jesús Cristo. Simplemente no hay necesidad de proponer una preexistencia celestial simplemente porque estos «niños» conocen al Padre. Así que el argumento, incluso a primera vista, es bastante débil. Pero con solo un poco de contexto, el argumento mormón se derrumba por completo.

Leamos el versículo nuevamente, pero para el contexto adicionémosle un versículo leyéndolo así:

  • «Os escribo a vosotros, hijos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre. 13 Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que ha sido desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os he escrito a vosotros, niños, porque conocéis al Padre» (1ª Juan 2:12-13).

Ahora vemos que la supuesta progresión cronológica inversa no existe. Juan comienza la sección escribiendo: «Os escribo, a vosotros, hijos …» Después de las referencias a los padres y jóvenes, vuelve a escribir lo mismo: «Os he escrito a vosotros, niños, porque conocéis al Padre».

Así, la insistencia de una lectura estrictamente literal de estos títulos no es exigida en absoluto por la estructura. El versículo 12 también registra que a los «hijos» (hijitos) son aquellos cuyos pecados les han sido perdonados. La teología mormona enseña que los hijos (hijitos) verdaderamente pequeños no necesitan perdón. Por lo tanto, incluso el mormón debe concluir que estos «hijos» (hijitos) son creyentes que tienen la edad suficiente para ser juzgados por sus pecados y han entendido eso, buscado y recibido el perdón. Estos no son bebés que conocieron a Dios en la preexistencia. ¡Son pecadores perdonados que han conocido a Dios en Jesús Cristo!

Todo esto se vuelve más claro cuando nos alejamos un poco más y leemos el capítulo completo. El primer versículo del capítulo registra:

  • «Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Y si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo» (1ª Juan 2:1).

Aquí, «hijitos míos» está refiriéndose a todos a quienes Juan les escribe. Adicionalmente, Juan llama cariñosamente a los creyentes y amonesta a sus «hijitos». Una vez más, su pecado, culpa, perdón y relación con el Padre a través de Jesucristo es declarada claramente. Tenga en cuenta también que, después de dirigirse a ellos como «hijitos», también les asegura, «Y si alguno peca …» Aquellos a los que llama «hijitos» incluye hombres, no sólo son «hijitos» pequeños.

Este patrón continúa en todo el capítulo:

  • «Hijitos (niños), es la última hora, y así como oísteis que el anticristo viene, también ahora han surgido muchos anticristos; por eso sabemos que es la última hora» (1ª Juan 2:18).
  • «Y ahora, hijos (hijitos), permaneced en Él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza y no nos apartemos de Él avergonzados en su venida» (1ª Juan 2:28).

Y tampoco está limitado a este capítulo. Lo vemos a través de la carta:

  • «Hijos míos (hijitos), que nadie os engañe; el que practica la justicia es justo, así como Él es justo» (1ª Juan 3:7).
  • «Hijos (hijitos), no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad» (1ª Juan 3:18).
  • «Hijos míos (hijitos), vosotros sois de Dios y los habéis vencido, porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo» (1ª Juan 4:4).
  • «Hijos (hijitos), guardaos de los ídolos» (1ª Juan 5:21).

Y si aun esto no fuera suficiente, vemos esto en otros de sus escritos:

  • «Hijitos, estaré con vosotros un poco más de tiempo. Me buscaréis, y como dije a los judíos, ahora también os digo a vosotros: adonde yo voy, vosotros no podéis ir» (Juan 13:33).
  • «Entonces Jesús les dijo: Hijos, ¿acaso tenéis algún pescado? Le respondieron: No» (Juan 21:5).
  • «No tengo mayor gozo que este: oír que mis hijos andan en la verdad» (3ª Juan 1:4).

A lo largo de los escritos de Juan, sin excepción, «hijos» (hijitos) es un término cariñoso de un maestro amado a sus alumnos o discípulos. No se trata de la edad física literal.

¿Pero Cómo Conocen Ellos al Padre?

Hay mucho que podría ser dicho de todos los escritos de Juan acerca de lo que significa conocer al Padre y cómo esto ocurre en Jesús Cristo, pero la forma más simple de ver lo que Juan quiere decir con esa frase en este pasaje es leer lo que él ya ha escrito en la misma carta:

  • «lo que hemos visto y oído, os proclamamos también a vosotros, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y en verdad nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo» (1ª Juan 1:3).

Esto es lo que Juan tiene en mente. Comunión con el Padre a través de Jesús Cristo que resulta en comunión unos con otros. A lo largo del libro, Juan habla con frecuencia de cómo «lo conocemos». En el penúltimo verso, cierra:

  • «Y sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento a fin de que conozcamos al que es verdadero; y nosotros estamos en aquel que es verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna» (1ª Juan 5:20).

Así, cuando Juan habla de conocer al Padre, no está hablando acerca de algún discurso previo con Dios en alguna preexistencia mítica. Más bien, está hablando de la comunión con Dios a la que podemos entrar a través de Jesús Cristo el Hijo. De hecho, ese es, todo el punto. Por naturaleza, no hemos conocido a Dios. Somos extraños y enemigos de Dios. Llegamos a conocerlo solo a través de la fe en Jesús Cristo. Tratar de aplicar cualquiera de estos pasajes acerca de la vida preterrenal o algún plan de progresión y auto exaltación falla en comprender todo el sentido.

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