Jacobo 2:19: Si Solo se Necesita fe Para ser Salvo, ¿se Salvan los Demonios Porque Creen en Dios?

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El hecho de que somos salvos por gracia a través de la fe y no por una combinación de fe en Cristo y nuestras buenas obras no significa que los demonios sean salvos solo porque saben y creen que Dios existe. Esta objeción proviene tanto de un malentendido de lo que es la fe genuina como, en particular, de un malentendido de las palabras de Jacobo en el capítulo 2 de su epístola. No somos salvos por el simple conocimiento y entendimiento de que Dios existe o de que el evangelio es verdadero, más bien es por la fe genuina en la persona y obra de Jesús; una confianza que cambia la vida y que lleva a una completa entrega a Él como Señor.

La Salvación a Través de la Fe en Cristo

Una de las verdades centrales del evangelio bíblico y cristiano es que somos salvos por la obra completa y suficiente de Jesús Cristo, aparte de cualquier cosa que podamos hacer nosotros mismos. Jesús tomó nuestros pecados completamente sobre Él mismo. Cargó con el castigo completo por los pecados de los que son de Él:

«Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. 5 Mas Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por sus heridas hemos sido sanados. 6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el Señor hizo que cayera sobre Él la iniquidad de todos nosotros» (Isaías 53:4-6).

Jesús mismo enseñó que somos salvos al venir a Él con fe y no por nuestras buenas obras, explicándolo con palabras como las siguientes:

  • «Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe» (Efesios 2:8-9).

Incluso en los primeros escritos cristianos fuera del Nuevo Pacto, leemos la afirmación:

  • «Todos, por lo tanto, fueron glorificados y magnificados, no por ellos mismos o sus propias obras o las acciones justas que hicieron, sino a través de Su voluntad. 4 Así que nosotros, habiendo sido llamados por Su voluntad en Cristo Jesús, no somos justificados por nosotros mismos, ni por nuestra propia sabiduría, o entendimiento o piedad u obras que hayamos hecho con santidad de corazón, sino a través de la fe, por la cual el Dios Todopoderoso ha justificado a todos los que han existido desde el principio; a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén» (1 Clemente, capítulo 32).[1]

Así que, la salvación es toda de Dios en Cristo y nada de nosotros. Ninguna obra o piedad hecha ni siquiera con la más santa de las intenciones agrega algo de peso a la obra terminada de Cristo. Es solo confiando completamente en Su obra terminada a nuestro favor que recibimos la gracia de Dios. Las buenas obras fluyen de tal fe, pero tales obras son el resultado de nuestra salvación. No son un requisito adicional para recibirlo.

¿Por qué no son Salvos los Demonios si Creen en Dios?

Esta objeción proviene de una sola cita de Jacobo que se burla de aquellos que afirman tener fe sin tener obras que puedan verse. Jacobo les dice:

  • «Tú crees que Dios es uno. Haces bien; también los demonios creen, y tiemblan» (Jacobo 2:19).

Ciertamente los demonios sí creen que Dios existe. También creen que Jesús es el Hijo de Dios y que habrá un juicio para ellos y para los hombres. Cuando Jesús confrontó a quienes estaban poseídos por demonios, ellos gritaron palabras como las siguientes:

  • «Y gritaron, diciendo: ¿Qué tenemos que ver contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes del tiempo?» (Mateo 8:29).

Claramente, los demonios no son salvos ni se salvarán sólo por creer que Dios existe. Saben que serán atormentados cuando llegue el día del juicio, y están temerosos. Entonces, hay un sentido claro en el que los demonios creen en Dios y en Jesús Cristo, pero esto obviamente no los salva. Reconocer la verdad de algo e incluso estar tan convencido de ello como para provocar una respuesta emocional no lo salva a usted. Esto es lo que advierte Jacobo. Existe una creencia inactiva, puramente interna, que no es una fe salvadora genuina. Simplemente que usted reconozca e incluso admita abiertamente con sus palabras que el evangelio es verdadero no le coloca en una mejor posición que los demonios. Todo lo hicieron con miedo en sus corazones, pero, aun así, no serán salvos.

¿Significa Esto que la Fe no es Suficiente?

Muchos toman este hecho y corren en la dirección contraria. Afirman que esto significa que la fe no es suficiente. Que también debe contribuir con sus buenas obras para su salvación. Admiten, por supuesto, que a Jesús y a Su regalo de gracia se le necesitan, pero también se necesita cumplir con un cierto estilo de vida o incluso una lista de ceremonias y rituales sacramentales, de lo contrario, aún será condenado. Pero esto no es lo que dice Jacobo. Él comienza esta sección planteando la pregunta:

  • «¿De qué sirve, hermanos míos, si alguno dice que tiene fe, pero no tiene obras? ¿Acaso puede esa fe salvarlo?» (Jacobo 2:14).

Jacobo no está hablando de alguien que tiene una fe verdadera y genuina y, todavía no tiene obras. De hecho, como veremos, está demostrando que una persona así no puede existir. No es que a la fe se le deban agregar las obras para salvarnos porque consideraríamos de alguna manera que la fe en Cristo no es suficiente. El punto es que la fe salvadora genuina necesariamente se vivirá en acciones. Las acciones no son las que salvan. Son el resultado, el fruto de la fe real. Su afirmación de supuestamente tener fe se justifica por la forma en que vive esa fe, como explica Jacobo:

  • «Pero alguno dirá: Tú tienes fe y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras» (Jacobo 2:18).

Las obras son una demostración de la fe, una justificación de su afirmación. Estas no son una adición que logre méritos a la obra terminada de Cristo que le ayuda en su salvación ya dada a su vida. Note los ejemplos que Jacobo da en este capítulo para ilustrar su punto:

  • «Si un hermano o una hermana no tienen ropa y carecen de sustento diario, 16 y uno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve?» (Jacobo 2:15-16).

Jacobo primero la compara con un hombre que, en simples palabras, dice desearle lo mejor a un pobre, pero no hace nada. Eso es obviamente un creer que está obrando, pero sin sentido. Si realmente deseara en su corazón lo mejor para el pobre, actuaría en consecuencia. Su fe genuina le movería a hacer algo por el hombre. La analogía de Jacobo compara las simples palabras con un cambio genuino de corazón dado por la fe en el Señor. La diferencia se percibe en el hecho de que un verdadero cambio de corazón conduce a buenas acciones. Jacobo también ilustra su punto en dos ejemplos de fe de la vida real:

  • «¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre cuando ofreció a Isaac su hijo sobre el altar? 22 Ya ves que la fe actuaba juntamente con sus obras, y como resultado de las obras, la fe fue perfeccionada; 23 y se cumplió la Escritura que dice: Y Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios» (Jacobo 2:21-23).
  • «Y de la misma manera, ¿no fue la ramera Rahab también justificada por las obras cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino?» (Jacobo 2:25).

Curiosamente, Jacobo no escogió ejemplos de personas guardando la ley, cumpliendo ceremonias o ritos, o que realmente hicieran algo que fuera virtuoso por naturaleza. Abraham intenta el sacrificio de su hijo y Rahab comete traición a su pueblo al albergar espías y mentir a las autoridades para protegerlos. Estos no son ejemplos de personas llevando a cabo buenas obras o cumpliendo ordenanzas sacramentales. Sin embargo, estos son ejemplos de personas que creyeron en Dios ampliamente y confiaron en Él de forma total mostrando una diferencia radical y visible en sus acciones. Estas acciones son dignas de elogio únicamente porque representan una fe total en Dios. No son bondades religiosas o simples virtudes piadosas. Más bien, son el resultado de una fe viva. No se nos piden cosas que tengamos que repetir. No necesito ofrecer a mi propio hijo en sacrificio o darles albergue a espías en mi propia casa para ser salvo. El punto aquí no es, «seguro, tenga fe en Cristo, ¡pero haga esto también!». No es acerca de agregar obras meritorias además de la fe ya dada para que de alguna manera podamos terminar por medio de nuestro propio trabajo lo que Jesús solo comenzó y terminó. Él mismo lo hizo todo. Jesús es suficiente y no es negado por Jacobo.

¿Cuál es entonces el punto? El punto es que existe tal cosa como una falsa fe. Podemos inclusive engañarnos a nosotros mismos al creer que estamos confiando en Jesús solo porque sabemos que lo que es evangelio y pensar que este sea probablemente cierto. Existe un tipo de «fe» que «conoce» pero en realidad no cree, no confía y no se compromete.

Es como un hombre que se jacta de su gran fe en los bancos modernos para proteger nuestro dinero mientras mantiene el suyo propio dinero en un maletín con llave y nunca deposita nada. Es como un hombre que se jacta de lo mucho que confía en la seguridad de los aviones modernos, pero nunca tiene el coraje de volar a ninguna parte. Un hombre así se jacta de tener una gran fe en algo, pero sus acciones delatan que su fe es falsa. Puede que conozca y confíe en los hechos, pero que con sus actos demuestra que no cree. Es el creer lo que nos cambia. Actuamos porque creemos. El creer está implícito en el corazón de una fe real y verdadera. Si creo que Jesús llevó mis pecados y creo completamente en lo que Él es, es decir, el Señor y Amo de todo, esto tendrá un impacto radical en mi forma de vivir. Si digo que tengo fe en esas cosas, pero mi vida en realidad no cambia, a lo mejor es porque realmente no tengo ninguna fe en ellas. Puede que reconozca intelectualmente que el evangelio es verdadero. Incluso puedo tener fuertes emociones sobre el tema. Pero no tengo una fe viva. Esa es la diferencia entre la fe que salva y la creencia que incluso los demonios poseen.

Notas a pie página:

[1] Traducción de Michael W. Holmes, The Apostolic Fathers in English (Baker Publishing Group, 2006) 56-57

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