La Vida Cristiana y la Apologética Bíblica

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La Vida Cristiana y la Apologética Bíblica
La Vida Cristiana y la Apologética Bíblica

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Por, Luke Wayne
10 de febrero de 2017

La Vida Cristiana y la Apologética Bíblica

Es parte de nuestro llamado cristiano estar siempre preparados para suministrar una defensa razonable de nuestra fe a los que puedan preguntar. Esto no significa que tenemos que memorizar respuestas a cada reto que un impío pudiera presentar. Sin embargo, significa que tenemos que cultivar una disposición para responder positivamente a las objeciones del mundo antes que evadirlas o ceder a estas. Esta es la tarea de la apologética. Es una ayuda a nuestro evangelismo, un medio de discipular y animar a nuestro compañero creyente y un acto de obediencia a nuestro Dios. Sin embargo, la apologética no existe en un vacío, más bien, debe fluir de una vida cristiana coherente. De hecho, y aunque nuestra apologética debe consistir absolutamente de palabras habladas y escritas, también debe estar apoyadas en el fundamento de una vida santa e irrefutable.

1ª Pedro 3:15

Es uno de los versículos más importantes en el tema de la apologética: Es el mandamiento de Dios a nosotros a través de Pedro.

  • «sino santificad al Mesías como Señor en vuestros corazones, y estad siempre prestos para presentar defensa ante todo el que os demande razón acerca de la esperanza que hay en vosotros».

El Contexto de 1ª Pedro 3:8-17

  • Raramente vemos esas palabras colocadas en el contexto:

    • «En conclusión, sed todos de un mismo sentir[a], compasivos, fraternales, misericordiosos y de espíritu humilde; no devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo, porque fuisteis llamados con el propósito de heredar bendición. 10 Pues El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua del mal y sus labios no hablen engaño. 11 Apártese del mal y haga el bien; busque la paz y sígala. 12 Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra los que hacen el mal.

Sufriendo por la Justicia

  • 13 ¿Y quién os podrá hacer daño si demostráis tener celo por lo bueno? 14 Pero aun si sufrís por causa de la justicia, dichosos sois. Y no os amedrentéis por temor a ellos[b] ni os turbéis, 15 sino santificad a Cristo como Señor en vuestros corazones, estando siempre preparados para presentar defensa ante todo el que os demande razón de[c] la esperanza que hay en vosotros, pero hacedlo con mansedumbre y reverencia[d]; 16 teniendo buena conciencia, para que en aquello en que sois calumniados, sean avergonzados los que difaman vuestra buena conducta en Cristo. 17 Pues es mejor padecer por hacer el bien, si así es la voluntad de Dios, que por hacer el mal».

Una Vida Realmente Transformada: La Vida Cristiana y la Apologética Bíblica

Note que mientras somos llamados incuestionablemente a dar una respuesta verbal a aquellos que cuestionan la esperanza que hay en nosotros, la fuerza de esa respuesta fluye del hecho de que nuestras lenguas no son conocidas por el engaño y nuestras vidas son visiblemente transformadas por el Cristo a quien predicamos. De hecho, esa es la única razón por la que alguien ¡está haciendo la pregunta! Si nadie puede ver en su vida que hay una esperanza probablemente no le preguntarán para que lo explique. Es difícil que alguien le pregunte por qué usted es diferente si no lo es. Un corazón que tiene a Cristo santificado como Señor fluirá en una vida centrada en Él y así, se destacará en este mundo. Será la ocasión y una razón de peso subyacente para nuestra apología verbal, así como la vergüenza y la convicción de nuestro acusador.

2ª Corintios 10:3-5

De igual forma, en 2ª Corintios.

  • «Pues aunque andamos en la carne, no luchamos según la carne; porque las armas de nuestra contienda no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas; destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo».

Destruimos razonamientos y argumentos que se levantan “contra el conocimiento de Dios”. Nos ensuciamos las manos en una guerra de ideas, una batalla por los corazones y las mentes. También aquí, estamos llevando pensamientos “a la obediencia del Mesías”. La apologética no está solo ligada a cambiar opiniones, sino a cambiar vidas. Nuestro Señor Jesús mismo nos dio esta tarea.

Mateo 5:14-16

  • «Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; 15 ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. 16 Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos».

Nuestras buenas obras, hechas en Cristo, son un medio que Dios usa para hacer que los hombres «glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos». Cuando las personas no solo escuchan una explicación del por qué el evangelio es verdadero sino que también ven una evidencia visible por el observar el poder que este tiene para cambiar su vida, hay muy poco que ellos puedan decir. Seguramente, muchos todavía lo rechazarán y quizás se burlarán o incluso cometerán violencia contra usted, y si lo hacen, será para la propia gran vergüenza de ellos, y para la gloria de Cristo. Note las palabras de algunos de los primeros apologistas cristianos inmediatamente después de la época del Nuevo Pacto, y cómo las vidas de las comunidades cristianas les ayudaron para presentar sus casos.

La Vida Cristiana y la Apologética Bíblica: Primeros Apologistas Cristianos

La Apología de Arístides, Sección 15 de principios del siglo II

  • «Ellos tienen los mandamientos del mismo Señor Jesucristo grabados en sus corazones; y ellos los observan, esperando la resurrección de los muertos y la vida en el mundo venidero. Ellos no cometen adulterio ni fornicación, ni dan falso testimonio, ni codician las cosas ajenas. Ellos honran a padre y madre y aman a su prójimo. Ellos juzgan justamente, y nunca le hacen a otros lo que no querrían que les hicieran a ellos mismos. Les reclaman a los que los lastiman y tratan de ganarlos como amigos. Están ansiosos de hacer el bien a sus enemigos. Son amables y sencillos al ser exhortados. Se abstienen de toda conversación inmoral y de toda impureza. Ellos no desprecian a la viuda ni oprimen al huérfano; y el que tiene, da generosamente para el sostenimiento de aquel que no tiene. Si ellos ven a un extraño, lo llevan bajo su techo, y se regocijan sobre él como se regocijan con un hermano; porque ellos se llaman hermanos no según la carne, sino según el espíritu. Y están dispuestos a sacrificar sus vidas por causa de Cristo; porque guardan Sus mandamientos sin desviarse, y viven vidas santas y justas, como el Señor Dios les ordenó. Y ellos le dan gracias a Él cada hora, por toda carne, bebida y otras bendiciones».

Justin Mártir, Primera Apología, Capítulo 14, inicios o mediados del siglo II

  • «Nosotros, los que antes nos deleitábamos en la fornicación, abrazamos solamente la castidad. Nosotros, que antes usábamos las artes mágicas, nos dedicamos al Dios bueno y no engendrado. Nosotros, que valorábamos sobre todas las cosas la adquisición de riquezas y posesiones, ahora traemos lo que tenemos en existencia y lo damos a todos aquellos en necesidad. Nosotros que nos odiábamos y destruíamos entre nosotros, y debido a sus diferentes maneras, no vivíamos con hombres de una tribu diferente; ahora, debido a la venida de Cristo, vivimos familiarmente con ellos. Oramos por nuestros enemigos, y tratamos de persuadir a aquellos que nos odian injustamente a vivir conforme a los buenos preceptos de Cristo, con el fin de que participen con nosotros en la misma esperanza gozosa de una recompensa de Dios el gobernante de todos».

La Epístola a Diogneto, capítulo 5, mediados del siglo II

  • «Ellos viven en sus propios países, pero simplemente como peregrinos. Como ciudadanos, comparten todas las cosas con los demás y soportan todas las cosas como si fueran extranjeros. Cada tierra extranjera es para ellos como su tierra natal y cada tierra que los vio nacer, como una tierra de extraños. Se casan, como todos, y engendran hijos, pero no destruyen su descendencia. Tienen una mesa común, pero no una cama común. Ellos están en la carne, pero no viven según la carne. Ellos pasan sus días en la tierra, pero son ciudadanos del cielo. Ellos obedecen las leyes prescritas, y al mismo tiempo exceden las leyes por sus vidas. Ellos aman a todos los hombres y son perseguidos por todos.

¿Quiénes son Ellos?

  • Son desconocidos y condenados; son puestos a muerte y restaurados a vida. Son pobres, pero enriquecen a muchos; a ellos les faltan todas las cosas, y sin embargo abundan en todo; son deshonrados, y sin embargo en su misma deshonra son glorificados. Se habla maldad de ellos, y sin embargo están justificados; ellos son injuriados, y bendecidos; son insultados, y pagan el insulto con honor; hacen bien, y sin embargo son castigados como hacedores de mal. Cuando castigados se regocijan como vivificados en la vida; ellos son afligidos por los judíos como extranjeros y son perseguidos por los griegos; sin embargo aquellos que los odian son incapaces de asignar alguna razón para su odio».

¿Qué es lo que Esto NO Quiere Decir?

En la vida cristiana y la apologética bíblica, nuestro argumento NO debería ser un eslogan simple y emocional: «Somos buenas personas, ¡crean en nosotros!». Primero, nosotros no somos buenas personas. Somos pecadores desesperados viviendo la gracia de Dios a través de la justicia de Cristo y la obra del Espíritu Santo. Si el mundo nos ve algo, debe ser lo bueno de Cristo. Segundo, los anteriores párrafos son fragmentos de obras amplias que comprometieron seriamente los temas. Las vidas cambiadas de creyentes representaron un contexto visible en el que el caso racional podría ser tomado más seriamente. Tenemos que predicar y defender el evangelio con palabras, pero las más preparadas de un apologeta profesional caerán en oídos sordos si este es un hombre que vive como el demonio. Los labios que defienden el evangelio no deben ser los mismos que difunden chismes y blasfemias o que calumnian a nuestros hermanos.

Conclusión de «La Vida Cristiana y la Apologética Bíblica»

Santifique al Señor en su corazón, defienda el evangelio con argumentos sólidos, y viva ese evangelio con celos por Dios y compasión por su prójimo. De esta manera nuestro Dios será honrado en nuestra apologética.

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