Lucas 10:25-28: ¿Recibimos la Vida Eterna Guardando la Ley?

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«Y he aquí, cierto intérprete de la ley se levantó, y para ponerle a prueba dijo: Maestro, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 26 Y Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella? 27 Respondiendo él, dijo: AMARÁS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZÓN, Y CON TODA TU ALMA, Y CON TODA TU FUERZA, Y CON TODA TU MENTE; Y A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO. 28 Entonces Jesús le dijo: Has respondido correctamente; HAZ ESTO Y VIVIRÁS» (Lucas 10:25-28).


Note que el intérprete de la ley estaba probando a Jesús (v. 25) y le preguntó, «¿qué haré para heredar la vida eterna?». Obviamente que el intérprete tenía fe en Dios, lo que le permitía hacer buenas obras, las cuales eran consistentes con la ley. De inmediato, Jesús le pregunta acerca de lo que «está escrito en la ley …» y lo que se leía en esta. Jesús lo felicita por la respuesta acerca de amar a Dios y al prójimo como a sí mismo. Entonces, Jesús le respondió con la parábola del buen samaritano (Lucas 10:30-37) para mostrarle que las obras de amor son el cumplimiento de amar «A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO». Esta es la razón por la que Jesús le dice: «… HAZ ESTO, Y VIVRÁS».

Jesús, le estaba señalando al intérprete la ley, y lo que esta requería de él, ya que ésta, es la norma con la que él se juzgaba. Si un católico romano le preguntara a Jesús qué debería hacer para heredar la vida eterna, tal vez, le respondería de la misma manera; de acuerdo con las normas del catolicismo, las cuales dicen que guardar los 10 mandamientos son necesarios para heredar la vida eterna.

  • Vida moral y Magisterio de la Iglesia
    • 2036 La autoridad del Magisterio se extiende también a los preceptos específicos de la ley natural, porque su observancia, exigida por el Creador, es necesaria para la salvación. Recordando las prescripciones de la ley natural, el Magisterio de la Iglesia ejerce una parte esencial de su función profética de anunciar a los hombres lo que son en verdad y de recordarles lo que deben ser ante Dios (cf. DH 14).
  • El Decálogo en la Tradición de la Iglesia
    • 2068 El Concilio de Trento enseña que los diez mandamientos obligan a los cristianos y que el hombre justificado está también obligado a observarlos (cf DS 1569-1670). Y el Concilio Vaticano II afirma que: «Los obispos, como sucesores de los Apóstoles, reciben del Señor […] la misión de enseñar a todos los pueblos y de predicar el Evangelio a todo el mundo para que todos los hombres, por la fe, el bautismo y el cumplimiento de los mandamientos, consigan la salvación» (LG 24).

Si el Concilio de Trento enseña que el «hombre justificado» está obligado a guardar los diez mandamientos, ¿Cómo lo podrá hacer? O sea, ¿guardar la ley? La Biblia enseña que, si usted no cumple una sola parte de la ley, se hace culpable de toda:

  • «Porque cualquiera que guarda toda la ley, pero tropieza en un punto, se ha hecho culpable de todos» (Jacobo 2:10).

Del pasaje se desprende que si guardar «toda la ley» lo salva, el fallar en un solo punto, simplemente lo condena.

  • «Porque todos los que son de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo el que no permanece en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas» (Gálatas 3:10).

Ahora bien, si usted va a un cura a confesar sus pecados, entonces, no ha cumplido la ley y de acuerdo con la Escritura, usted está maldito. Esta es la razón por la que la justificación es por la sola fe en la sola obra de Cristo y por la que Pablo así lo afirma:

  • «Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley» (Romanos 3:28).

Y la razón es simple: Nadie es capaz de guardar la ley, ni completa ni perfectamente,

Jesús les aplica a las personas sus propias normas de justicia cuando ellas, por su propia justicia, buscan ser justificadas delante de Dios. Si usted sostiene la justificación por la sola fe, entonces, la norma no son las obras, sino la fe en la obra terminada de Cristo. Si la norma de su vida es, fe + obras, entonces, usted está obligado a guardar la ley. Pero recuerde, que, si falla en un solo punto, y necesita confesar sus pecados ante el cura, usted está maldito. Piense acerca de esto. Sin embargo, como ya se ha explicado, tal norma no puede salvar a una persona. Esta es la razón por la que necesitamos el evangelio, el cual nos enseña que el único que guardar la ley en forma perfecta fue Jesús:

  • «El cual no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en su boca» (1ª Pedro 2:22).

Y que podemos ser justificado delante de Dios por la fe en Él, sin las obras de la ley:

  • «Porque ¿qué dice la Escritura? Y creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia 5 mas al que no trabaja, pero cree en aquel que justifica al impío, su fe se le cuenta por justicia» (Romanos 4:3, 5).
  • «Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Romanos 5:1).
  • «Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre» (Juan 1:12).
  • «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16).
  • «Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley» (Romanos 3:28).

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