Mateo 12:31-32: ¿Puede un Cristiano Cometer la Blasfemia Contra el Espíritu Santo?

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Para responder esta pregunta de forma clara debemos, ante todo, explicar cuál es esta blasfemia contra el Espíritu Santo, considerada por el mismo Señor como imperdonable. El registro que estaremos usando en esta presentación, es el del evangelio de Mateo en el capítulo 12 e iniciando desde el versículo 22 al 37. Este evento también está registrado en Marcos 3:20-30; Lucas 11:14-23

  • «Entonces le trajeron un endemoniado ciego y mudo, y lo sanó, de manera que el mudo hablaba y veía. 23 Y todas las multitudes estaban asombradas, y decían: ¿Acaso no es este el Hijo de David? 24 Pero cuando los fariseos lo oyeron, dijeron: Este no expulsa los demonios sino por Beelzebú, el príncipe de los demonios. 25 Y conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no se mantendrá en pie. 26 Y si Satanás expulsa a Satanás, está dividido contra sí mismo; ¿cómo puede entonces mantenerse en pie su reino? 27 Y si yo expulso los demonios por Beelzebú, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces. 28 Pero si yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, entonces el reino de Dios ha llegado a vosotros. 29 ¿O cómo puede alguien entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata? Y entonces saqueará su casa. 30 El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama. 31 Por eso os digo: todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. 32 Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero» (Mateo 12:22-32).

Revisemos esta sección en forma breve: en el v. 22 le fue llevado a Jesús, «un endemoniado, ciego y mudo» al cual sana. Al ver esto, los fariseos acusan a Jesús de echar fuera demonios «por Beelzebú, el príncipe de los demonios» (v. 24). Jesús responde diciendo que un reino dividido contra sí mismo no prosperará (vv. 25-28) y cómo el hombre fuerte (el diablo) debe ser primeramente atado antes de que se saqueen sus bienes (v. 29). En los vv. 31-32, Jesús afirma que la blasfemia contra el Espíritu «no será perdonada … ni este siglo ni en el venidero».

Con solo mirar el contexto, se hace evidente que la blasfemia del Espíritu Santo es afirmar que Jesús hace Sus milagros por el poder del diablo. Esto es imperdonable. ¿Pero por qué? Podemos encontrar una pista al observar el momento en que Jesús comenzó Su ministerio.

Jesús afirmó que Su bautismo era conveniente cumplir «toda justicia» (Mateo 3:15). La palabra «cumplamos / cumplir» debería hacernos pensar en el Viejo Pacto. Básicamente, Jesús fue bautizado porque tenía que cumplir con los requisitos del Viejo Pacto para entrar al sacerdocio, el cual era según el orden de Melquisedec (Salmo 110:4; Hebreos 5:8-10; 6:20). Los sacerdotes ofrecían sacrificios a Dios en nombre del pueblo. Jesús se convirtió en sacrificio por nuestro pecado (1ª Pedro 2:21; 2ª Corintios 5:21) en Su papel de sacerdote. Según el Viejo Pacto, para que un sacerdote fuera consagrado, tenía que ser lavado con agua (Levítico 8:6; Éxodo 29:4, Mateo 3:13-15) y ungido con aceite (Levítico 8:12; Éxodo 29:7; Mateo 3:16). Ambos fueron otorgados a Jesús en Su bautismo. Además, podría haber tenido 30 años (Números 4:3).

El aceite es representativo del Espíritu Santo que descendió sobre Jesús al momento de Su bautismo (Mateo 3:16). Fue después de Su bautismo que empezó Su ministerio y comenzó a realizar milagros. Sus milagros fueron llevados a cabo en el poder del Espíritu Santo que había descendido sobre Él en Su bautismo. Los fariseos, que sabían que los milagros de Jesús validaban Sus palabras y ministerio (leer, Juan 11:45-48), estaban intentando desacreditar el mesianismo de Jesús diciendo que Sus obras eran del diablo y no del Espíritu Santo. Por lo tanto, cuando los fariseos acusaron a Jesús de echar fuera demonios por el poder de Satanás, ellos estaban blasfemando contra el Espíritu Santo por quien Jesús realizaba Sus milagros. Esto es imperdonable porque golpeaba el corazón mismo de la obra redentora de Dios en Cristo. Golpeaba la naturaleza misma del ministerio de redención, testimonio y enseñanza de Jesús el cual se encontraba ministrando en el mismo poder del Espíritu Santo, cumpliendo el plan divino de Dios al suministrar un sacrificio por nuestros pecados (Juan 3:16; 1ª Juan 4:10). Los fariseos atribuían esto a la actividad demoníaca. Esta es una gran blasfemia.

¿Puede un Creyente Cometer Este Pecado?

No. Un creyente no puede cometer el pecado imperdonable:

  • Un creyente es nacido de nuevo, nacido de arriba o de lo alto
    • «No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo» (Juan 3:7).
  • El nuevo creyente es una nueva creación
    • «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas» (2ª Corintios 5:17).
  • Ha recibido vida eterna
    • «Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen; 28 y yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano» (Juan 10:27-28).
  • No es más esclavo del pecado por la regeneración del Espíritu Santo
    • «Porque el pecado no tendrá dominio sobre vosotros, pues no estáis bajo la ley sino bajo la gracia» (Romanos 6:14).

No hay, por lo tanto, apoyo bíblico para que un creyente cometa este pecado. Tampoco existe un ejemplo bíblico que lo confirme. Si en alguna ocasión ha pensado que cometió este pecado, pero tiene la seguridad de haber nacido de nuevo, es una nueva criatura, ha recibido vida eterna y no es más esclavo del pecado, entonces usted ha sido perdonado. Por lo tanto, no permita que nadie ni nada le diga mentiras a su corazón pretendiendo robarle la seguridad en su salvación.

Finalmente, si le han enseñado que la blasfemia contra el Espíritu Santo es resistir al Espíritu Santo, rectifique con mansedumbre la ignorancia de tales personas. Y recuérdeles, que el Señor se llevó todos nuestros pecados:

  • «Y cuando estabais muertos en vuestros delitos y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con Él, habiéndonos perdonado todos los delitos» (Colosenses 2:13).

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