26:28: La Transubstanciación y la Presencia Real

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La transubstanciación es la enseñanza católica romana, que afirma que durante la misa y en la consagración de la cena del Señor (la comunión), los elementos de la Eucaristía, el pan y el vino, son transformados literalmente en el mismo cuerpo y sangre de Jesús; dejando de ser pan y vino, solo que aún mantienen su apariencia de esos dos elementos.

La «presencia real» es un término que se refiere a la presencia verdadera real de Cristo en los elementos del pan y el vino, los cuales han sido transubstanciados.

El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) declara:

  • La presencia de Cristo por el poder de su Palabra y del Espíritu Santo
    • 1376 El Concilio de Trento resume la fe católica cuando afirma: «Porque Cristo, nuestro Redentor, dijo que lo que ofrecía bajo la especie de pan era verdaderamente su Cuerpo, se ha mantenido siempre en la Iglesia esta convicción, que declara de nuevo el Santo Concilio: por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la substancia del vino en la substancia de su sangre; la Iglesia Católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transubstanciación».

Debido a que, supuestamente, ahí se encuentra el mismo Cristo, los católicos adoran y exaltan estos elementos.

La misa contiene una serie de rituales que llevan a la cena del Señor y entre ellos se reconstruye, una y otra vez, el sacrificio de Cristo. Además, la enseñanza de la transubstanciación establece que la substancia de los elementos es transformada milagrosamente, aunque no en su aspecto. En otras palabras, el pan y el vino seguirán siendo pan y vino, e incluso si se examinan científicamente, pero la verdadera substancia es, de alguna manera, cambiada místicamente al mismo cuerpo y a la misma sangre de Cristo. Existe una doctrina, semejante y paralela, con la transubstanciación, y es la doctrina de la presencia real o verdadera. Mientras que la transubstanciación es el proceso de cambio, la presencia real –del cuerpo de Cristo– es el resultado de ese cambio. En otras palabras, esta doctrina afirma que el pan y el vino contienen, efectiva y literalmente, el cuerpo de Cristo, no en forma espiritual, sino en forma corporal como resultado del proceso místico de la transubstanciación. El catolicismo romano establece que la misma encarnación de Cristo, donde Jesús se hizo hombre, pero conteniendo una naturaleza invisible y divina, es equivalente a la doctrina de la presencia real.

Algunos de los versículos usados para sostener esta enseñanza son los siguientes:

  • «Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados» (Mateo 26:28)
  • «Los judíos entonces entendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede este darnos a comer su carne? 53 Entonces Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros» (Juan 6:52-53).
  • «De manera que el que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será culpable del cuerpo y de la sangre del Señor» (1ª Corintios 11:27).

¿Podemos concluir a partir de los versículos anteriores que la cena de comunión involucra realmente un cambio de los elementos al cuerpo y sangre de Cristo de forma mística? Vamos a echar un vistazo.

Primero: No existen indicios de que las palabras expresadas puedan ser tomadas literalmente

No existe algún lugar en las Escrituras, donde encontramos esta enseñanza. Vemos pasajes escriturales que se refieren al cuerpo y a la sangre, pero también vemos a Jesús, declarando enfáticamente que las palabras que Él estaba hablando eran palabras espirituales:

  • «El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida» (Juan 6:63).

Él no dijo que eran palabras literales; o sea, que eran de hecho, Su cuerpo y sangre.

Pero, un católico podría objetar y decir que Jesús dijo, claramente, «… esto es mi sangre …» y «… esto es mi cuerpo …» Esto es cierto, pero Jesús habló, con frecuencia, en términos espirituales:

  • «Yo soy el pan de la vida» (Juan 6:48).
  • «7 yo soy la puerta de las ovejas … 9 Yo soy la puerta …» (Juan 10:7, 9).
  • «… Yo soy la resurrección y la vida …» (Juan 11:25).
  • «Yo soy la vid verdadera …» (Juan 15:1).

En el contexto de Juan 6, Jesús les dice a Sus discípulos: «si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros» (v. 53), pero les estaba hablando en términos espirituales. Posteriormente, y en el mismo capítulo, dice: «El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida» (v. 63).

Segundo: Los elementos de la cena se referían todavía como al «pan y al vino»

Después de que la cena fue instituida, ambos elementos se refieren todavía como al «pan y al vino».

  • «Mientras comían, Jesús tomó pan, y habiéndolo bendecido, lo partió, y dándoselo a los discípulos, dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. 27 Y tomando una copa, y habiendo dado gracias, se la dio, diciendo: Bebed todos de ella; 28 porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados. 29 Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día cuando lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre» (Mateo 26:26-29).

Después que Jesús dice, «… esto es mi sangre …» (v. 28), continúa diciendo: «Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día cuando lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre» (v. 29). ¿Por qué Jesús hablaría figurativamente de Su sangre como, «fruto de la vid», si esta era, literalmente, Su sangre? Y, de hecho, ¿llamó a Su sangre, «vino»?:

  • «Porque yo recibí del Señor lo mismo que os he enseñado: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, 24 y después de dar gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo que es para vosotros; haced esto en memoria de mí. 25 De la misma manera tomó también la copa después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto cuantas veces la bebáis en memoria de mí. 26 Porque todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor proclamáis hasta que Él venga. 27 De manera que el que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será culpable del cuerpo y de la sangre del Señor. 28 Por tanto, examínese cada uno a sí mismo, y entonces coma del pan y beba de la copa» (1ª Corintios 11:23-28)

Si los elementos cambiaron y eran, realmente, pan y vino, pero místicamente transubstanciados al cuerpo de Cristo, ¿por qué Pablo, en este pasaje –en el cual instituye la cena del Señor– se refiere simplemente a estos como pan y vino, y no literalmente como al cuerpo de Cristo?

Tercero: No existen indicios de que los discípulos pensaran que los elementos fueran, místicamente transubstanciados por el cuerpo de Cristo

En la Biblia, no existen registros de que los apóstoles en la última cena, pensaran que los elementos fueran, místicamente y literalmente, transubstanciados por el cuerpo de Cristo. ¿Hemos de creer que los discípulos –quienes estaban sentados a la mesa con Jesús– pensaron verdaderamente que Jesús estaba sosteniendo, literalmente, en Sus manos Su cuerpo y sangre? No existen registros de que así fuera.

Cuarto: No existen indicios que los discípulos adoraran los elementos de la cena (comunión)

No vemos indicios de que los discípulos hubieran adorado los elementos de la cena. La adoración de la eucaristía es practicada durante la misa instituida por el catolicismo romano. Ellos dicen:

  • «Además, la iglesia católica se ha sostenido firme en su creencia de la presencia del cuerpo y sangre de Cristo en la eucaristía, no solo en su enseñanza, sino que también en la vida de la eucaristía, debido a que en todo momento, esta paga a este gran sacramento, la adoración conocida como ‘latría’ la cual solo es dada a Dios».[1]

¿En qué lugar se registra alguna posible adoración al sacramento y dada por los discípulos en el Nuevo Testamento? Esto, no se encuentra registrado en la tradición apostólica.

Quinto: La cena fue instituida antes de la crucifixión de Jesús

Se supone que la misa es una constante reproducción del sacrificio de Cristo. Por lo tanto, y de acuerdo con la teología romanista, el pan y el vino se convierten en el cuerpo quebrantado de Cristo con el respectivo derramamiento de Su sangre, los cuales son, de alguna manera, el cuerpo sacrificado y la sangre de Cristo. Pero ¿Cómo puede ser esto si Jesús instituyó la cena antes de ser crucificado? ¿Concluiremos entonces que, en la última cena, cuando todos estaban en la mesa, y en el momento en que Jesús partió el pan, este pan se convirtió realmente en Su cuerpo sacrificado, aun cuando el sacrificio todavía no había sucedido? De igual manera, ¿concluiremos que cuando Jesús entregó el vino, este vino se convirtió en Su sangre derramada, aun cuando el sacrificio todavía no había sucedido? Esto, no tiene ningún sentido.

Sexto: El punto de vista católico romano es una violación a la ley Levítica

La interpretación católica romana de la eucaristía exige que los participantes coman carne y beban sangre humana. Recordemos, que el catolicismo romano enseña que el pan y el vino se convierten, literalmente, en el mismo cuerpo y sangre de Cristo. Básicamente, esto significa canibalismo. ¿Qué dice la Escritura con respecto a esto?

  • «Porque en cuanto a la vida de toda carne, su sangre es su vida. Por tanto, dije a los hijos de Israel: No comeréis la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne es su sangre; cualquiera que la coma será exterminado» (Levítico 17:14).

Notemos que la Escritura dice que no debemos comer la sangre de ninguna carne. Pareciese, efectivamente, que el punto de vista católico romano está en contradicción al Viejo Pacto ya que recomienda comer el cuerpo de Cristo.

Algunos católicos romanos responden a esto, diciendo que Jesús había instituido el pacto nuevo y eterno, en el cual, el cuerpo sacrificado y la sangre de Cristo eran lo real.

Y que, por lo tanto, debido a que era un nuevo pacto, este incluía el cuerpo sacrificado y la sangre. Pero esto, no funciona de esa manera, ya que el nuevo pacto no podía haber sido instituido en la cena hasta después de la muerte de Cristo. Y esto, lo afirma la Escritura:

  • «Y por eso Él es el mediador de un nuevo pacto[a], a fin de que habiendo tenido lugar una muerte para la redención de las transgresiones que se cometieron bajo el primer pacto, los que han sido llamados reciban la promesa de la herencia eterna. 16 Porque donde hay un testamento[b], necesario es que ocurra la muerte del testador» (Hebreos 9:15-16).
    • Footnotes:
      • [a] [b] Hebreos 9:15 La misma palabra griega significa tanto pacto como testamento.

Por lo tanto, podemos concluir que la ley levítica estaba todavía en efecto, debido a que el Nuevo Pacto no había sido todavía instituido. Por lo tanto, la posición romana presenta a Jesús mismo violando la ley del Viejo Pacto al hacer que Sus discípulos bebieran sangre y comieran carne humana; si esto era, como afirma el romanismo sangre y carne literal.

Otra respuesta la encontramos en Marcos 7:18-19:

  • «Y Él les dijo: ¿También vosotros sois tan faltos de entendimiento? ¿No comprendéis que todo lo que de afuera entra al hombre no le puede contaminar, 19 porque no entra en su corazón, sino en el estómago, y se elimina? (Declarando así limpios todos los alimentos)».

El problema con esta respuesta es que intenta colocar a la Escritura contra la misma Escritura, pero realmente no trata el tema de Levítico 17:14, y los comentarios particularmente relevantes del Concilio de Jerusalén en Hechos 15:19-20, donde también se prohíbe el comer sangre. Por lo tanto, parece que Jesús estaba declarando que todos los animales ya eran limpios, en el sentido de que estos no contaminaban a una persona. Una vez más, en el Concilio de Jerusalén (Hechos 15), Jacobo el apóstol da instrucciones y dice:

  • «Por tanto, yo opino que no molestemos a los que de entre los gentiles se convierten a Dios, 20 sino que les escribamos que se abstengan de cosas contaminadas por los ídolos, de fornicación, de lo estrangulado y de sangre» (Hechos 15:19-20).

Algunos dicen que esto, se refiere solamente a la sangre del animal; pero si esto es así, entonces, ahora que se puede comer todo tipo de sangre (Marcos 7:19), se incluiría también la sangre del animal. Pero a la luz de las instrucciones en Hechos, no tendría sentido entonces que los apartaran de beber sangre.

Séptimo: Es una violación a la Encarnación

La doctrina bíblica de la encarnación establece que la Palabra que era Dios y que estaba con Dios (Juan 1:1) se hizo carne y habitó entre nosotros (Juan 1:14). Este «se hizo carne» involucra lo que se conoce como la «unión hipostática». Esta es la enseñanza que en la sola persona de Cristo hay dos naturalezas: la divina y la humana. Esto es, Jesús es tanto Dios como hombre al mismo tiempo y que Él será por siempre Dios y hombre.

Es más, por definición, para que Jesús sea un hombre debe estar ubicado en un lugar. Esta es la naturaleza de ser humano. Un hombre –humanamente hablando– no tiene la capacidad de ser omnipresente; él solo puede estar en un lugar. Pero decir que Jesús, en Su forma física, está en más de un lugar a la vez, es negar la encarnación. Es decir, es negar que Jesús sea totalmente hombre, ya que un hombre solo puede estar en un lugar. Por lo tanto, decir que el pan y el vino se vuelven en el cuerpo y sangre de Cristo es violar la doctrina de la encarnación, al declarar que Cristo está físicamente presente en todo el planeta cuando la misa es celebrada. Este es un serio problema y una seria negación de la verdad y de la absoluta encarnación de la Palabra de Dios como hombre.

Pero ¿no dijo Jesús en Mateo 28:18-20 que Él estaría con Sus discípulos siempre, hasta el fin del mundo? ¿No es esta una declaración de que Jesús estaría físicamente presente en todo lugar? No, eso no es lo que está declarando.

La respuesta se encuentra en la enseñanza del communicatio idiomatum. Esta es la enseñanza de que los atributos, tanto de la naturaleza divina como humana están anexados a la sola persona de Cristo. Sin embargo, esto no significa que todo lo que pertenece a la naturaleza divina fue comunicado o transmitido a la naturaleza humana. De igual forma, esto no significa que todo lo que pertenece a la naturaleza humana fue comunicado a la naturaleza divina. Esto significa que los atributos de la naturaleza divina son afirmados por la persona de Cristo. Por lo tanto, Jesús es omnipresente, no en Su naturaleza humana, sino en Su naturaleza divina.

Para aclarar esto, veamos algunos versículos que ilustran el principio del communicatio idiomatum:

  • «Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera» (Juan 17:5).
  • «Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, es decir, el Hijo del Hombre que está en el cielo» (Juan 3:13).

Por favor, notemos que, en los versículos anteriores, Jesús reclama la gloria que tenía con el Padre antes de la fundación del mundo; y afirma, además, que ha descendido del cielo. ¿Pero cómo puede ser esto verdadero si Él es un hombre? Pues esto se debe a los atributos de la naturaleza divina, los cuales son afirmados por la persona de Cristo. Por tanto, la persona de Cristo podía afirmar haber tenido la gloria con el Padre y afirmar, que descendió del cielo. Pero sabemos que Jesús el hombre, en la carne, no existió hasta el momento de Su concepción. Además, esto significa que las dos naturalezas de Cristo son diferentes, aunque están en unión en la sola persona de Cristo (lo que conocemos como la unión hipostática). También significa que los atributos de lo divino y los atributos de lo humano no son transferibles entre sí, es decir, lo divino no es tangiblemente ubicado, y lo humano no se vuelve infinito. Si este fuese el caso, la naturaleza de lo divino y la naturaleza de lo humano serían violadas. Por lo tanto, podemos ver que para que Jesús fuese un hombre, debía conservar los atributos correspondientes a Su humanidad. Esto significa que tenía que estar restringido al lugar donde se encontraba, significando esto, que Él no podía ser físicamente omnipresente. Si no estuviera restringido físicamente, Él no sería un hombre. Pero la posición de la iglesia católica romana es que tanto el pan como el vino se convierten en el cuerpo y sangre real de Cristo, y esto, viola la doctrina de la encarnación. Por tanto, la transubstanciación no puede ser una enseñanza correcta tomada de la Escritura.

Séptimo: La Cena del Señor no es un sacrificio de Cristo

  • «Por esta voluntad hemos sido santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo ofrecida de una vez para siempre. 11 Y ciertamente todo sacerdote está de pie, día tras día, ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; 12 pero Él, habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecados para siempre, se sentó a la diestra de Dios, 13 esperando de ahí en adelante hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies. 14 Porque por una ofrenda Él ha hecho perfectos para siempre a los que son santificados» (Hebreos 10:10-14).

En la misa católica romana, se hace el sacrificio de Cristo. En otras palabras, en esta ceremonia, se repite constantemente, el sacrificio real de Cristo en la cruz del calvario. Esta es una clara contradicción de las Escrituras, las cuales enseñan que Cristo murió solo una vez para siempre y que a través de esa sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. En ningún lugar de la Palabra de Dios se nos dice que el sacrificio de Cristo tiene que ser repetido –una y otra vez– para perdonar nuestros pecados o que de alguna manera sirva para sostener nuestra salvación o «mantener la vida con el alimento de la Eucaristía».2] El hecho es, que Cristo murió una sola vez, que el sacrificio ocurrió solo una vez y que es suficiente para limpiarnos de nuestros pecados. Estamos conectados al sacrificio de Cristo por la sola fe, no por una ceremonia; ni tampoco por la fe + una ceremonia.

Conclusión

Resulta obvio para cualquiera que cree en la Palabra de Dios, que la doctrina católica romana de la transubstanciación no es bíblica. Por las razones anteriores, solicitamos a los católicos romanos a reconocer que Jesucristo murió solo una vez y que no hay necesidad de participar en un ritual en donde se practica constantemente el sacrificio de Cristo.

Finalmente, debido a que el sacrificio de Cristo fue solo una vez para siempre, es suficiente para salvarnos y no necesitamos mantener nuestra salvación por nuestros esfuerzos o por nuestra participación en la cena del Señor. No es un medio de gracia que nos asegura nuestra salvación o infunde en nosotros la gracia necesaria que nos capacite para mantener nuestra salvación por medio de nuestras obras. Todo lo contrario, somos hechos justos delante de Dios por la fe:

  • «siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús» (Romanos 3:24).
  • «Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley» (Romanos 3:28).
  • «Porque ¿qué dice la Escritura? Y creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia» (Romanos 4:3).
  • «Porque la promesa a Abraham o a su descendencia[l] de que él sería heredero del mundo, no fue hecha por medio de la ley, sino por medio de la justicia de la fe» (Romanos 4:13).
  • «Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Romanos 5:1).
  • «Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios» (Efesios 2:8).
  • «De manera que Cristo more por la fe en vuestros corazones; y que arraigados y cimentados en amor» (Efesios 3:17).
  • «Al oír de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis por todos los santos» (Colosenses 1:4).
Notas a pie de página:

[1] http://www.vatican.va/phome_sp.htm
[2] http://www.aplicaciones.info/valores/vavc25.htm

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