«Me arrepentiré del mal que pensaba traer sobre ella»

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  • «En un momento yo puedo hablar contra una nación o contra un reino, de arrancar, de derribar y de destruir; 8 pero si esa nación contra la que he hablado se vuelve de su maldad, me arrepentiré del mal que pensaba traer sobre ella. 9 Y de pronto puedo hablar acerca de una nación o de un reino, de edificar y de plantar; 10 pero si hace lo malo ante mis ojos, no obedeciendo mi voz, entonces me arrepentiré del bien con que había prometido bendecirlo. 11 Ahora pues, habla a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén, diciendo: Así dice el Señor: ‘He aquí, estoy preparando una calamidad contra vosotros y tramando un plan contra vosotros. Volveos, pues, cada uno de su mal camino y enmendad vuestros caminos y vuestras obras'» (Jeremías 18:7-11).

Curiosamente y con frecuencia, los teístas abiertos mencionan este pasaje de la Escritura para probar que Dios cambia Su mente. Pero, por si acaso, este pasaje va en contra del teísmo abierto.

Dios trabaja por medio de pactos. En otras palabras, Él establece pactos con las personas y los ratifica con señales. Los pactos consisten en una serie de acuerdos entre dos o más partes; además cuentan con cláusulas y condiciones, como las recompensas por la fidelidad, y castigos por quebrantarlo. Por lo tanto, Dios se relaciona con nosotros en términos de pactos.

En Jeremías 18:7-11, Dios nos está diciendo que si una persona se arrepiente de su pecado, aunque Dios esté dirigiendo un castigo hacia esa persona, el Señor se detendrá y cambiará Su curso de acción debido al arrepentimiento de la persona. Dios está siendo fiel a ese pacto, por amor a Su nombre, y está declarando la forma como Él trabaja. Él está diciendo que se arrepiente del castigo que va a traer sobre las personas si estas se arrepienten de su pecado. De hecho, Dios le dice con frecuencia a las personas, que Él los castigará, lo que hace que ellos se arrepientan, y al hacerlo, Dios no los castigará. Desde la eternidad, Dios sabía que ellos se arrepentirían, pero declaró Su amenaza para traerlos al arrepentimiento. Si Dios no les hubiera dicho lo que les sucedería si continuaban en pecado, ellos no se arrepentirían.

Por lo tanto, Dios se relaciona con las personas en su marco de tiempo, pronunciando de forma apropiada juicio sobre ellos por sus pecados, pero, sin llevar a cabo Su castigo si en ellos hay arrepentimiento. Este es el medio por el cual Dios, con conocimiento, les ofrece arrepentimiento para no castigarlos por sus pecados; y no porque Dios sea «frío».

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