«… porque morirás y no vivirás, te sanaré, y añadiré quince años a tu vida»

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  • «En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. Y vino a él el profeta Isaías, hijo de Amoz, y le dijo: Así dice el Señor: Pon tu casa en orden, porque morirás y no vivirás. 2 Entonces él volvió su rostro hacia la pared y oró al Señor, diciendo: 3 Te ruego, oh Señor, que te acuerdes ahora de cómo yo he andado delante de ti en verdad y con corazón íntegro, y he hecho lo bueno ante tus ojos. Y Ezequías lloró amargamente. 4 Y aconteció que antes que Isaías hubiera salido del patio central, vino a él la palabra del Señor, diciendo: 5 Vuelve y di a Ezequías, príncipe de mi pueblo: Así dice el Señor, Dios de tu padre David: He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas; he aquí, te sanaré. Al tercer día subirás a la casa del Señor. 6 Y añadiré quince años a tu vida, y te libraré a ti y a esta ciudad de la mano del rey de Asiria; y defenderé esta ciudad por amor a mí mismo y por amor a mi siervo David» (2º Reyes 20:1-6)

Aquí vemos un ejemplo de Dios escuchando la oración de alguien y cambiando, aparentemente, Su opinión acerca de un curso de acción que ya había determinado y que haría. ¿Cambia Dios verdaderamente de opinión? Mirando el contexto se podría decir que sí y no.

Desde la misma eternidad, Dios siempre ha sabido lo que ha de suceder y en este caso, había planeado, «cambiar Su opinión» cuando Ezequías le oró. Esto significa que Dios trabaja en tiempo real y responde a propósito a las oraciones de Su pueblo, pareciendo entonces que cambia de opinión basado en las oraciones de Su pueblo. Este es uno de los puntos del texto; la de que Dios escucha nuestras oraciones y las responde. No somos robots y Dios no es inflexible. Sin embargo, y al mismo tiempo, Dios conoce todas las cosas (1ª Juan 3:20; Juan 21:17). Así que, aunque Dios sabe lo que finalmente sucederá, esto no significa que Él no pueda responder a nuestras oraciones; las cuales son parte de Su plan, y que hace que finalmente, las cosas sucedan.

Aún más, 1º Samuel 15:29, registra: «También la Gloria de Israel no mentirá ni cambiará su propósito, porque Él no es hombre para que cambie de propósito».

Podemos ver entonces, que la Biblia nos dice que Dios no se arrepiente, sin embargo en el ejemplo de 2º Reyes vemos que lo hace. Una vez más, la respuesta se encuentra mirando el problema desde dos perspectivas: desde la perspectiva eterna Dios no cambia ni se arrepiente, debido a que Él sabe cuáles serán las decisiones finales. Desde la perspectiva temporal (la relacionada a nosotros), Dios cambia Su opinión en respuestas a las oraciones y súplicas de Su pueblo, sin querer dar esto a entender que Dios desconoce nuestras oraciones desde la eternidad.

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