Comparación entre la ley y el evangelio

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3 de octubre de 2014

La ley es el «hacer» y el «no hacer» del comportamiento moral. Dios dio la ley de modo que las personas tuviesen una guía para vivir y una norma por la cual pudiesen reconocer su la pureza de Dios y su propia pecaminosidad. En el Viejo Pacto que Dios hizo con la nación de Israel, existen 613 mandamientos los cuales moderan el comportamiento moral, judicial y religioso de esa nación.

La ley refleja el carácter de Dios, porque proviene del mismo corazón de Dios. La Biblia dice que «de la abundancia del corazón habla la boca» (Mateo 12:34). Cuando Dios dio la ley, estaba hablando desde la abundancia de Su corazón, de lo que estaba en Él. Por tanto, la ley es buena, pura, justa y santa. Está mal mentir, porque mentir es contrario a la naturaleza de Dios. Está mal robar, porque robar es contrario a la naturaleza de Dios.

Entonces, y viniendo de donde viene, del mismo corazón de Dios y habiendo sido dada a los hombres, esta ley es una norma para la conducta humana; una norma perfecta. Porque la ley es perfecta y nosotros no lo somos, es imposible que sea cumplida por personas pecaminosas. Fue por esta razón que la ley se convirtió en una piedra de tropiezo, en un obstáculo para el hombre ya que es una norma perfecta e inalcanzable. Así, la ley trae lo opuesto de aquello que exige. La ley demanda el ser perfecto pero también le demuestra a usted, que no lo es. Dice que hay que ser santo pero le condena cuando usted no lo es. No es posible entonces, que nosotros guardemos la ley pretendiendo así ganar una posición delante de Dios, necesita de Su santidad dada a usted, porque simplemente no hay forma de que alcancemos el estándar de Dios.

«De manera que la ley ha venido a ser nuestro ayo para conducirnos a Cristo, a fin de que seamos justificados por la fe» (Gálatas 3:24).

Es decir, la ley nos muestra que no podemos alcanzar a Dios por medio de lo que nosotros hacemos. Necesitamos de Su gracia que se halla en Cristo Jesús manifestada en Su sacrificio.

  1. La ley revela nuestra pecaminosidad
    1. «porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él; pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado» (Romanos 3:20).
    2. «¿Qué diremos entonces? ¿Es pecado la ley? ¡De ningún modo! Al contrario, yo no hubiera llegado a conocer el pecado si no hubiera sido por medio de la ley; porque yo no hubiera sabido lo que es la codicia, si la ley no hubiera dicho: No codiciarás» (Romanos 7:7).
  2. La ley es para quienes no están bajo la gracia
    1. «Ahora bien, sabemos que cuanto dice la ley, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se calle y todo el mundo sea hecho responsable ante Dios» (Romanos 3:19).
    2. «Porque el pecado no tendrá dominio sobre vosotros, pues no estáis bajo la ley sino bajo la gracia» (Romanos 6:14).
  3. Nadie es justificado por la ley
    1. «porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él…» (Romanos 3:20).
  4. La ley no hace concesiones, esta, exige
    1. «Porque todos los que son de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo el que no permanece en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas» (Gálatas 3:10).
  5. La ley es espiritual: obra en el Espíritu, no en el cuerpo
    1. «Porque sabemos que la ley es espiritual, pero yo soy carnal, vendido a la esclavitud del pecado» (Romanos 7:14).
    2. «No harás…» se aplica al corazón; a la voluntad, más no al cuerpo.
  6. Somos hechos justos delante de los ojos de Dios por gracia, aparte de Su ley
    1. «Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley» (Romanos 3:28).
    2. «Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Romanos 5:1).
    3. «sin embargo, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino mediante la fe en Cristo Jesús, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para que seamos justificados por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley; puesto que por las obras de la ley nadie será justificado» (Gálatas 2:16).
  7. La ley trae juicio
    1. «porque la ley produce ira…» (Romanos 4:15).
  8. La ley nos prepara para el evangelio
    1. La ley nos muestra que el don gratuito del evangelio es la única forma de alcanzar la justicia.
      1. «De manera que la ley ha venido a ser nuestro ayo para conducirnos a Cristo, a fin de que seamos justificados por la fe» (Gálatas 3:24).
        1. La salvación por gracia a través de la fe (Efesios 2:8) solamente se encuentra en el cristianismo. Solamente este tiene el mensaje de la gratuita e inmerecida gracia de Dios.
  9. La ley es para el impío
    1. «Pero nosotros sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente, 9 reconociendo esto: que la ley no ha sido instituida para el justo, sino para los transgresores y rebeldes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, 10 para los inmorales, homosexuales, secuestradores, mentirosos, los que juran en falso, y para cualquier otra cosa que es contraria a la sana doctrina, 11 según el glorioso evangelio del Dios bendito, que me ha sido encomendado» (1ª Timoteo 1:8-11).
  10. La ley difiere del evangelio en:
    1. La forma de revelación.
      1. La Ley se revela en el corazón del hombre
        1. «Porque cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por instinto los dictados de la ley, ellos, no teniendo la ley, son una ley para sí mismos, 15 ya que muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, su conciencia dando testimonio, y sus pensamientos acusándolos unas veces y otras defendiéndolos» (Romanos 2:14-15).
        2. Sería imposible convertir a nadie si la ley no hubiese sido escrita en su corazón, porque la ley, es la que revela el pecado (Romanos 3:20).
      2. El evangelio viene por revelación directa; no está escrito en el corazón.
        1. «Ahora os hago saber, hermanos, el evangelio que os prediqué, el cual también recibisteis, en el cual también estáis firmes» (1ª Corintios 15:1).
    2. El contenido.
      1. La ley dice lo que la gente tiene que hacer obras; tiene exigencias (Deuteronomio 27:26).
      2. El evangelio revela lo que Dios está haciendo (la obra de Dios). Por lo tanto, no exige nada de nosotros, excepto la fe (Romanos 6:23).
      3. La ley es la lista de «haz» y «no hagas» (Éxodo 20).
      4. El evangelio es la muerte, sepultura y resurrección de Cristo por los pecados (1ª Corintios 15:1-4).
        1. Contiene gracia y verdad (Juan 1:17) porque el evangelio es acerca de Jesús.
    3. Sus promesas:
      1. Tanto la ley como el evangelio prometen vida eterna:
        1. La ley por obediencia completa a todos sus mandamientos (Levítico 18:5; Lucas 10:26).
        2. El evangelio es por gracia; es incondicional (Romanos 3:22-24; Efesios 2:8-9). No exige nada ni profiere amenazas, sino que quita del pecador el deseo de pecar.
  11. Los efectos de predicar la ley
    1. La ley nos dice qué debemos hacer, pero no nos capacita para hacerlo. Esto puede ser frustrante, porque no podemos cumplirla.
    2. La ley le revela al hombre su pecado. No ofrece ayuda para que se libre de este; arroja al hombre a la desesperación.
      1. «¿Qué diremos entonces? ¿Es pecado la ley? ¡De ningún modo! Al contrario, yo no hubiera llegado a conocer el pecado si no hubiera sido por medio de la ley; porque yo no hubiera sabido lo que es la codicia, si la ley no hubiera dicho: No codiciarás» (Romanos 7:7).
    3. La Ley trae conciencia de maldición, condenación (lago de fuego) y desesperación.
      1. «Pero vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios,
        y vuestros pecados le han hecho esconder su rostro de vosotros para no escucharos»  (Isaías 59:2).
      2. «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros (porque escrito está: Maldito todo el que cuelga de un madero)»(Gálatas 3:13).
  12. Los efectos de predicar el evangelio
    1. El evangelio exige fe y nos la otorga.
      1. «Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo» (Romanos 10:17).
    2. El evangelio no condena al pecador.
      1. «Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús…»  (Romanos 8:1).
    3. El evangelio no exige que el hombre haga nada bueno, ni en su corazón, mente o cuerpo, porque es un don gratuito.
      1. «Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 6:23).
  13. A quiénes se les predican la ley y el evangelio
    1. La ley es predicada a los pecadores; aquellos obstinados en su pecado:
      1. «Pero nosotros sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente, 9 reconociendo esto: que la ley no ha sido instituida para el justo, sino para los transgresores y rebeldes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, 10 para los inmorales, homosexuales, secuestradores, mentirosos, los que juran en falso, y para cualquier otra cosa que es contraria a la sana doctrina» (1ª Timoteo 1:8-10).
    2. El evangelio es predicado a quienes están alarmados, atemorizados, heridos por la ley, a aquellos que tienen sed por el mensaje del evangelio:
      1. «… pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado» (Romanos 3:20).
      2. «De manera que la ley ha venido a ser nuestro ayo para conducirnos a Cristo, a fin de que seamos justificados por la fe» (Gálatas 3:24).

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