¿Creían Todos los Autores del Nuevo Pacto en la Deidad de Jesús?

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Por, Luke Wayne
29 de agosto de 2018

No es necesario que algo sea declarado una y otra vez en las Escrituras para que sea verdad. Dios no tiene que repetirse a Sí mismo. Si la Biblia revela algo así sea una vez, se debe creer y confiar en eso. Esta verdad se aplica al tema de la deidad de Cristo tanto como a cualquier otra cosa. Aun incluso sin un versículo en toda la Biblia enseña que Jesús es Yahweh, el único Dios verdadero, el gran «YO SOY», entonces ciertamente ese es Cristo. Sin embargo, es urgente notar que esta verdad no fue simplemente enseñada en un solo lugar o que un solo autor bíblico hizo referencia a esta. De hecho, todos los autores del Nuevo Pacto dejan en claro que ellos y su público compartían este principio fundamental que caracteriza el principio de la fe cristiana. Jesús es Dios.

Los Evangelios Sinópticos

Mateo, Marcos y Lucas repiten gran parte del mismo material, y parte de ese material compartido apunta a la deidad de Cristo. En cada una de sus narraciones, Jesús se identifica a sí mismo como el «Hijo del Hombre», un título de Daniel 7 que describe a un rey que gobierna el mundo para siempre y es adorado correctamente por todas las naciones. Existe una razón por la que los fariseos consideraron la afirmación de Jesús de ser el Hijo del Hombre como una blasfemia (Mateo 26:64-65, Marcos 14:62-64, Lucas 22:69-71). De la forma en que Jesús la estaba usando, este era un título divino que ningún hombre tenía derecho a reclamar para sí mismo. Jesús también revela una serie de detalles sorprendentes que revelan además exactamente, quién es el Hijo del Hombre, tales como:

¿Quién es el Señor del Sabbath? Este es un día que pertenece especialmente a Dios, el SEÑOR, y debía ser guardado en santa devoción a Él. Por lo tanto, no hay Señor del Sabbath sino Yahweh, el único Dios verdadero. Asimismo, los profetas tienen claro que el Nuevo Pacto es entre Dios y Su pueblo, y los profetas del Viejo emplean con frecuencia la analogía del matrimonio: «Porque como el joven se desposa con la doncella, se desposarán contigo tus hijos; y como se regocija el esposo por la esposa, tu Dios se regocijará por ti» (Isaías 62:5). Además, el Hijo del Hombre perdona los pecados. Pero ¿quién puede perdonar excepto la parte ofendida? Si peca contra otra persona, ¿qué significa para mí perdonarle por ello? Más concretamente, los pasajes mismos dicen que las afirmaciones de Jesús de perdonar los pecados se consideraron una blasfemia precisamente porque nadie puede perdonar los pecados ¡excepto Dios!

Note que tanto Marcos como Lucas colocan los tres episodios uno tras otro para presentar un tema lógico (Mateo lo hace con dos de los tres y luego registra de Jesús resucitando a los muertos). Por lo tanto, están señalando con la mayor claridad posible quién es este «Hijo del Hombre». Señor del Sabbath. El novio de la Alianza. Perdonador de pecados. El Hijo del Hombre es Dios, y sería una blasfemia que un simple mortal reclamara Su identidad.

Este es solo uno de los muchos ejemplos de cómo los evangelios sinópticos muestran que Jesús es Dios.

Juan

Juan inicia su evangelio con estas líneas notables:

  • «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Él estaba en el principio con Dios. 3 Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho» (Juan 1:1-3).

De este Verbo, leemos posteriormente:

  • «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Juan 1:14).

Y, en caso de que no estuviera lo suficientemente claro quién es este Verbo / Palabra que es Dios y creó todas las cosas, los versículos que siguen (15-17) declaran explícitamente que es Jesús. Entendido en su contexto cultural, el mismo título «el Verbo / la Palabra» (Enlace con: ¿Por qué Jesús es llamado el Verbo / la Palabra?) se convierte en un testimonio más de que Jesús es Dios, al igual que un conocimiento más profundo del griego que se usa aquí (Enlace con: La Palabra y la Watch Tower: Una Exégesis de Juan 1:1).

Sin embargo, incluso sin ese nivel de antecedentes investigativos, el simple contexto lo deja claro. Jesús, el Verbo / la Palabra, ya estaba allí en el principio y se afirma claramente que es Dios (Juan 1:1). Se dice que es el creador de todas las cosas; que literalmente nada se hizo sin que Él lo hiciera (Juan 1:3). No solo el Verbo / la Palabra es el Dios creador, además se afirma que:

  • «A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron» (Juan 1:11).

Jesús vino a «los suyos» y no lo recibieron. ¿A quiénes vino Jesús? ¿Quiénes entonces lo rechazaron? Vino a los judíos porque ellos eran «los suyos». ¿Quién es entonces el Dios creador cuyo pueblo son los judíos? Yahweh. El Señor. El único Dios verdadero. El Gran YO SOY. Eso es lo que Juan decía acerca de quién era Jesús, ¡y no fue imperceptible al respecto! ¡Y este es solo un ejemplo del primer capítulo! Para obtener más información sobre la visión de Jesús de Juan, siga el enlace (¿Quién es Jesús, de acuerdo con el apóstol Juan?).

Pablo

Los escritos del apóstol Pablo están llenos de referencias a la deidad de Jesús. Pablo, por ejemplo, llama directamente a Jesús, Dios, cuando le escribe a Tito:

  • «aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús» (Tito 2:13).

Es especialmente claro, que Pablo está diciendo que Cristo es el Dios eternamente bendecido quien está por encima de todo. De igual manera, Pablo también afirma que Jesús es el creador de todas las cosas en el cielo y en la tierra, y el que hace que todas las cosas permanezcan:

  • «Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él. 17 Y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen” (Filipenses 1:16-17).

Y nuevamente, después de afirmar que Jesús «existió en la forma de Dios» (Filipenses 2: 6) antes de Su encarnación en la tierra, Pablo prosigue proclamando con valentía que:

  • «para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre» (Filipenses 2:10-11).

Aquí, Pablo, de Isaías, le aplica a Jesús un pasaje más bien poderoso donde YHVH afirma este derecho exclusivamente para Él mismo como el único Dios verdadero que no tiene rival:

  • «Volveos a mí y sed salvos, todos los términos de la tierra; porque yo soy Dios, y no hay ningún otro. 23 Por mí mismo he jurado, ha salido de mi boca en justicia una palabra que no será revocada: Que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua jurará lealtad» (Isaías 45:22-23).

Por tanto, Pablo identifica a Jesús específicamente como YHVH, el único Dios verdadero de Israel. Para más información sobre el testimonio de Pablo sobre la deidad de Cristo, siga el enlace, ¿Pensó Pablo que Jesús era Dios?

El Autor de Hebreos

El autor de Hebreos, inicia su carta con un poderoso testimonio a la deidad de Cristo. Recién iniciando, el autor declara de Jesús, que:

  • «Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, 2 en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo. 3 Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de su poder. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas» (Hebreos 1:1-3).

Jesús es descrito como el resplandor mismo de la gloria de Dios y el medio por el cual Dios creó el mundo. Esto nos recuerda la discusión de Juan sobre Jesús como «el Verbo / la Palabra». También dice que es Jesús quien sostiene todas las cosas «por la palabra de su poder». ¡Este es más bien un lenguaje bastante elevado, especialmente en el contexto del estricto monoteísmo judío! Luego aplica una serie de Escrituras a Jesús, tales como:

  • «Pero del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, es por los siglos de los siglos, y cetro de equidad es el cetro de tu reino» (Hebreos 1:8).

Aquí, el autor llama directamente a Jesús, «oh Dios»; sin embargo la siguiente referencia es aún más relevante:

  • «Y: Tú, Señor, en el principio pusiste los cimientos de la tierra, y los cielos son obra de tus manos; 11 Ellos perecerán, pero tú permaneces; y todos ellos como una vestidura se envejecerán, 12 y como un manto los enrollarás; como una vestidura serán mudados. Pero tú eres el mismo, y tus años no tendrán fin» (Hebreos 1:10-12).

Aquí, el autor cita el Salmo 102, un salmo de alabanza a Yahweh como Señor y Creador, y dice que este está hablando de Jesús. El «Señor» en el Salmo 102 es en realidad el nombre personal Yahweh (YHVH). Por lo tanto, el autor no solo identifica a Jesús como el Dios creador adorado por el salmista, de hecho, ¡lo identifica como YHVH por Su Nombre! Para obtener más detalles sobre las opiniones trinitarias en Hebreos, siga el enlace, La Trinidad en la Epístola a los Hebreos.

Jacobo

En el capítulo 5 de su carta, Jacobo escribe:

  • «Por tanto, hermanos, sed pacientes hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el fruto precioso de la tierra, siendo paciente en ello hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía. 8 Sed también vosotros pacientes; fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca. 9 Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis juzgados; mirad, el Juez está a las puertas» (Jacobo 5:7-9).

Aquí, Jacobo está hablando claramente de la esperanza cristiana de la venida del Señor Jesucristo. Él abre su carta llamándose a sí mismo esclavo del «Señor Jesucristo» (Jacobo 1:1 – NTV) y en otros lugares llama a Jesús «nuestro glorioso Señor Jesucristo» (Jacobo 2:1) o «Jesucristo, el Señor de la gloria» (Jacobo 2:1 – KJV). Es el Señor Jesús cuya venida todo cristiano esperaba ansiosamente. Él es el juez que está a la puerta. Sin embargo, en el siguiente versículo, después de hablar repetidamente de la «venida del Señor» con referencia a Jesucristo, Jacobo registra:

  • «Hermanos, tomad como ejemplo de paciencia y aflicción a los profetas que hablaron en el nombre del Señor. 11 Mirad que tenemos por bienaventurados a los que sufrieron. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el resultado del proceder del Señor, que el Señor es muy compasivo, y misericordioso» (Jacobo 5:10-11).

En el contexto no existe rompimiento de ninguna clase. El pensamiento fluye continuamente. Tenga paciencia hasta la venida del Señor, Su venida está muy cerca. Tomemos como ejemplo a los profetas que hablaron en el nombre del Señor. El Señor bendijo a Job después de su perseverancia. «El Señor» no cambia las identidades en la mitad de este pasaje. Así, el mismo Señor que bendijo a Job y en cuyo Nombre hablaron los profetas, es también el Señor cuya venida está cerca y por quien debemos esperar pacientemente. El Señor Jesús es el SEÑOR Dios del Viejo Pacto. Simplemente no hay otra forma de leer este pasaje. Por lo tanto, Jacobo creía que Jesús es Dios y asumió que todos sus lectores también lo hacían, y, por consiguiente, escribió estas palabras. Para obtener más detalles sobre la deidad de Cristo en Jacobo, siga este enlace, La Epístola de Jacobo y la Deidad de Cristo.

Pedro

Pedro abre su segunda epístola llamando directamente a Jesús Cristo nuestro “Dios y Salvador afirmando:

  • «Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que han recibido una fe como la nuestra, mediante la justicia de nuestro Dios y Salvador, Jesucristo» (2ª Pedro 1:1).

Algunos han tratado de desafiar esta clara declaración al traducir la frase «nuestro Dios y el Salvador Jesucristo», haciendo que «Dios» y «Salvador» parezcan ser dos individuos separados, siendo Jesús sólo el último. Sin embargo, esto no tiene en cuenta la forma en que se usa esta misma gramática en otras partes del libro. En otras tres ocasiones, Pedro habla de «nuestro Señor y Salvador Jesucristo» (2ª Pedro 1:11; 2:20; 3:18). Ningún traductor piensa que «Señor» y «Salvador» se refieren a dos personas diferentes. Todos están de acuerdo en que Pedro llama a Jesús tanto «Señor» como «Salvador». Sin embargo, la gramática en cada uno de estos casos es idéntica a la de 2ª Pedro 1:1. Uno ni siquiera necesita conocimientos de griego para ver esto. Nota:

  • «… τοῦ Θεοῦ ἡμῶν καὶ Σωτῆρος Ἰησοῦ Χριστοῦ …» (tou Theou hēmōn kai Sōtēros Iēsou Christou) (2ª Pedro 1:1).
    • » … de el (del) Dios (de) nosotros y (καὶ) Salvador Jesús Cristo …». (2ª Pedro 1:11).
  • » … τοῦ Κυρίου ἡμῶν καὶ Σωτῆρος Ἰησοῦ Χριστοῦ …» (tou Kyriou hēmōn kai Sōtēros Iēsou Christou) (2ª Pedro 1:11).
    • » … de el (del) Señor (de) nosotros y (καὶ) Salvador Jesús Cristo …» (2ª Pedro 1:11).

Literalmente, la única diferencia entre estas dos frases –solo diez versículos más adelante, es el primer nombre o sustantivo Dios (Θεοῦ – Theou) contra Señor (Κυρίου – Kyriou). Más allá de eso, la redacción es idéntica. Por lo tanto, si 2ª Pedro 1:11 llama a Jesús nuestro Señor y Salvador (y lo hace), entonces, 2ª Pedro 1:1 llama a Jesús nuestro Dios y Salvador. Pedro creía que Jesús es Dios, y también aquellos a quienes les escribió esta carta. Para obtener más información sobre este y otros pasajes en los que Jesús es llamado directamente «Dios», siga este enlace, ¿Se Refiere la Biblia Alguna vez a Jesús Como Dios?‎

Judas

Aun en la corta epístola de Judas, la deidad de Cristo se evidencia. Judas escribe:

  • «Pues algunos hombres se han infiltrado encubiertamente, los cuales desde mucho antes estaban marcados para esta condenación, impíos que convierten la gracia de nuestro Dios en libertinaje, y niegan a nuestro único Soberano y Señor, Jesucristo» (Judas 1:4).

Se dice que Jesucristo, es «nuestro único Soberano y Señor». El v. 5 registra:

  • «Ahora quiero recordaros, aunque ya definitivamente lo sepáis todo, que el Señor, habiendo salvado al pueblo de la tierra de Egipto, destruyó después a los que no creyeron» (Judas 1:5).

Aquí no hay cambio alguno en el contexto. Jesús es nuestro único Soberano y Señor. Quiero recordarles, al final del versículo, que el Señor, después de salvar al pueblo de Egipto, destruyó «a los que no creyeron». Judas tiene muy claro que sus lectores ya lo sabían bien. Jesús es el Señor que salvó a Israel de Egipto y los juzgó en el desierto. Jesús es el SEÑOR Dios del Viejo Pacto, el Dios que envió las plagas sobre Egipto, dividió el mar y habló con Moisés en el monte Sinaí. Eso es lo que significa para Judas llamar a Jesús «Señor». De hecho, algunos manuscritos antiguos ni siquiera usan el título «Señor» en el versículo 5, sino que en realidad usan el nombre personal «Jesús», como se refleja en la traducción de la English SV Standard Version, aquí:

  • «Ahora quiero recordarles, aunque ya saben esto, que Jesús, quien salvó un pueblo de la tierra de Egipto, destruyó después a los que no creyeron».

Esta también fue la lectura encontrada en la tradición latina, como se refleja en la traducción al inglés del siglo XIV de John Wycliffe:

  • «Pero les advertiré una vez, que saben todas las cosas, que Jesús salvó a su pueblo de la tierra de Egipto, y la segunda vez destruyó a los que no creyeron».

Aún incluso aquí, si uno acepta la lectura «Señor» en lugar de «Jesús», el significado es el mismo. Simplemente se dice, que Jesús es «nuestro único Soberano y Señor». Él es, sin lugar a duda, el «Señor» mencionado en la siguiente oración. Por lo tanto, Judas y sus lectores creían que Jesús era el único Dios verdadero de Israel. Para más detalles sobre esto, siga este enlace, La Epístola de Judas y la Deidad de Cristo.

Conclusión

Todos los autores del Nuevo Pacto, desde Pablo hasta Pedro, Jacobo y Judas hasta el resto de los escritores de los Evangelios, identificaron a Jesús como Dios. Esta fue la creencia universal de todas las iglesias del Nuevo Pacto y una verdad revelada que era fundamental para cualquier otra cosa que cualquier escritor apostólico tuviera que decir. Por lo tanto, todo autor del Nuevo Pacto, independientemente de lo que el Espíritu revelara, no podía evitar aludir a la divinidad del Señor Jesús. Esta creencia debería ser tan fundamental hoy como lo fue entonces, al menos para cualquiera que busque llamarse a sí mismo un creyente del Nuevo Pacto.

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