¿Deberíamos realmente temer a Dios o simplemente reverenciarlo?

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Cristianismo
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Por, Luke Wayne
12 de mayo de 2017

Sí, verdaderamente debemos tener temor de Dios. De hecho, tal vez uno de los pecados principales de nuestra época que da a luz a tantos otros pecados es que nosotros, a menudo incluso en la iglesia, tenemos una visión tan baja de Dios que Su poder y grandeza no infunden miedo en nuestros corazones. La gente toma sus otros pecados a la ligera porque no le temen a Dios.

Este tema del temor a Dios se sostiene de forma coherente a través de toda la Biblia. Se dice que Abraham “temió a Dios” cuando le ofreció a Isaac (Génesis 22:17). Las parteras hebreas «temían a Dios» cuando protegían a los niños recién nacidos contra Faraón (Éxodo 1:17, 21). «Temer a Dios» era uno de los atributos exigidos a los líderes de Israel (Éxodo 18:21). De igual manera se describe a Job como «temeroso de Dios» (Job 1:1, 8; 2:3; 4:6) como lo son descritos muchos otros héroes bíblicos. Cuando se ordenaba el perdón de las deudas en el año del jubileo, Dios dice:

«Así que no os hagáis mal uno a otro, sino temed a vuestro Dios; porque yo soy el Señor vuestro Dios. 18 Cumpliréis, pues, mis estatutos y guardaréis mis leyes, para ejecutarlos, para que habitéis seguros en la tierra. 19 Entonces la tierra dará su fruto, comeréis hasta que os saciéis y habitaréis en ella con seguridad» (Levítico 25:17-19).

De forma continua, Proverbios recuerda el estribillo de que el temor del Señor es el fundamento de toda sabiduría, y el sabio rey Salomón también escribió al final, concluyendo sobre el propósito de la vida:

  • «La conclusión, cuando todo se ha oído, es esta: teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto concierne a toda persona. 14 Porque Dios traerá toda obra a juicio, junto con todo lo oculto, sea bueno o sea malo» (Eclesiastés 12:13-14).

Esto nos lleva al quid de la cuestión. Mientras que los cristianos bien intencionados a menudo dicen que esto no significa realmente «temor» sino más bien, solo reverencia o profundo respeto, simplemente, tal afirmación no encaja en el contexto de muchos de estos pasajes. No me limito simplemente con saludar a Dios cuando escucho que «juzgará cada acto», le temo justamente por esa razón. Aún como cristiano que sabe que finalmente mi eternidad está segura, todavía temo a la vara correctora de mi Padre celestial y de mi Rey así como temía la disciplina apropiada de mi padre terrenal cuando era niño. Tuve un maravilloso y amante padre, pero cuando me estaba portando mal, y mi madre pronunciaba las palabras, «Solo espera hasta que tu padre llegue a casa», temblaba hasta el corazón y corría a arrepentirme. Temer en forma correcta a Dios no entra en conflicto con una relación amorosa con Él. De hecho, no podemos amar a Dios por lo que Él es si no le tememos.

Temor justo y comunión con Dios

Dios tenía mucho que decir a través de Moisés sobre el temor justo del Señor. Él afirmó:

  • «Recuerda el día que estuviste delante del Señor tu Dios en Horeb, cuando el Señor me dijo: Reúneme el pueblo para que yo les haga oír mis palabras, a fin de que aprendan a temerme todos los días que vivan sobre la tierra y las enseñen a sus hijos» (Deuteronomio 4:10).

Deuteronomio 6, bien conocido por el mandamiento crucial de amar a Dios con todo nuestro corazón, alma y fuerza, también dice:

  • «1 Estos, pues, son los mandamientos, los estatutos y los decretos que el Señor vuestro Dios me ha mandado que os enseñe, para que los cumpláis en la tierra que vais a poseer, 2 para que temas al Señor tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te ordeno, tú y tus hijos y tus nietos, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados. 13 Temerás solo al Señor tu Dios; y a Él adorarás, y jurarás por su nombre. 14 No seguiréis a otros dioses, a ninguno de los dioses de los pueblos que os rodean, 15 porque el Señor tu Dios, que está en medio de ti, es Dios celoso, no sea que se encienda la ira del Señor tu Dios contra ti, y Él te borre de la faz de la tierra» (Deuteronomio 6:1-2, 13-15).

Recordándoles que transmitan Sus severos y poderosos juicios sobre Egipto, Moisés enfatiza una vez más la necesidad de que cada generación continúe caminando con temor a Dios:

  • «Cuando en el futuro tu hijo te pregunte, diciendo: ¿Qué significan los testimonios y los estatutos y los decretos que el Señor nuestro Dios os ha mandado?, 21 entonces dirás a tu hijo: Éramos esclavos de Faraón en Egipto, y el Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte. 22 Además, el Señor hizo grandes y temibles señales y maravillas delante de nuestros ojos contra Egipto, contra Faraón y contra toda su casa; 23 y nos sacó de allí para traernos y darnos la tierra que Él había jurado dar a nuestros padres». 24 Y el Señor nos mandó que observáramos todos estos estatutos, y que temiéramos siempre al Señor nuestro Dios para nuestro bien y para preservarnos la vida, como hasta hoy» (Deuteronomio 6:20-24).

Josué continúa este tema cuando Dios, de forma milagrosa hace que Su pueblo cruce el Jordán, afirmando:

  • «entonces lo explicaréis a vuestros hijos, diciendo: Israel cruzó este Jordán en tierra seca. 23 Porque el Señor vuestro Dios secó las aguas del Jordán delante de vosotros hasta que pasasteis, tal como el Señor vuestro Dios había hecho al mar Rojo, el cual Él secó delante de nosotros hasta que pasamos, 24 para que todos los pueblos de la tierra conozcan que la mano del Señor es poderosa, a fin de que temáis al Señor vuestro Dios para siempre» (Josué 4:22-24).

Pero tal vez el ejemplo definitivo viene del Monte Sinaí cuando Dios le habló a Israel desde la presencia en la montaña antes de que Moisés ascendiera para recibir la ley. El pueblo estaba aterrorizado y respondió:

  • «y dijisteis: He aquí, el Señor nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz de en medio del fuego; hoy hemos visto que Dios habla con el hombre, y este aún vive. 25 Ahora pues, ¿por qué hemos de morir? Porque este gran fuego nos consumirá; si seguimos oyendo la voz del Señor nuestro Dios, entonces moriremos. 26 Porque, ¿qué hombre hay que haya oído la voz del Dios vivo hablando de en medio del fuego, como nosotros, y haya sobrevivido? 27 Acércate tú, y oye lo que el Señor nuestro Dios dice; entonces dinos todo lo que el Señor nuestro Dios te diga, y lo escucharemos y lo haremos» (Deuteronomio 5:24-27).

Usted podría pensar que esta fue una reacción inapropiada. Sin embargo, la valoración de Dios fue clara:

  • «Y el Señor oyó la voz de vuestras palabras cuando me hablasteis y el Señor me dijo: He oído la voz de las palabras de este pueblo, que ellos te han hablado. Han hecho bien en todo lo que han dicho. 29 ¡Oh si ellos tuvieran tal corazón que me temieran, y guardaran siempre todos mis mandamientos, para que les fuera bien a ellos y a sus hijos para siempre!» (Deuteronomio 5:28-29).

El pueblo de Israel tenía razón, y Dios dijo que si ellos pudieran aferrarse a ese justo temor de Él, continuarían caminando en Sus caminos y permanecerían en comunión con Él. Y esto no era simplemente reverencia, honor o veneración. La gente tenía miedo de Dios simplemente porque Él es Dios. La presencia del omnipotente e inconmensurable SEÑOR es una cosa inherentemente aterradora. Si no nos damos cuenta de ese hecho, es porque hemos disminuido a Dios a algo mucho menos de lo que realmente es. Dios es alguien a quien podemos amar, en quien podemos confiar, adorar y deleitarnos, pero Él no es nuestro camarada con quien podemos estar cómodos. Él es Dios, y no debemos olvidar lo que eso significa. Él es fuego consumidor. La vida y la muerte de todas las cosas fluyen del aliento de Su boca. El temor a Dios como una base necesaria para amar y regocijarse en Él, es un tema que se repite a menudo. El profeta Samuel dijo:

  • «Si teméis al Señor y le servís, escucháis su voz y no os rebeláis contra el mandamiento del Señor, entonces vosotros, como el rey que reine sobre vosotros, estaréis siguiendo al Señor vuestro Dios. 15 Pero si no escucháis la voz del Señor, sino que os rebeláis contra el mandamiento del Señor, entonces la mano del Señor estará contra vosotros, como estuvo contra vuestros padres» (1º Samuel 12:14-15).

Y el salmista Asaf cantó:

  • «Contad su gloria entre las naciones, sus maravillas entre todos los pueblos. 25 Porque grande es el Señor, y muy digno de ser alabado; temible es Él también sobre todos los dioses» (1º Crónicas 16:24-25).

Él declaró que toda la tierra debería «temblar ante Él» (1º Crónicas 16:30). ¡Que esta misma canción también demanda en que deberíamos alegrarnos de la bondad de Dios, solo magnifica la maravilla de este terrible, pero maravilloso, todopoderoso Dios, Juez y Rey de toda existencia!

El temor de Dios en el Nuevo Pacto

Esta no es simplemente una realidad del Viejo Pacto eliminada en la Palabra de Cristo. Los evangelios afirman la bondad del temor a Dios. Por ejemplo, después que Jesús sanó al paralítico, Lucas escribe:

  • «Y el asombro se apoderó de todos y glorificaban a Dios; y se llenaron de temor, diciendo: Hoy hemos visto cosas extraordinarias» (Lucas 5:26).

Y después que Jesús resucitó al hijo de una viuda:

  • «El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta ha surgido entre nosotros, y: Dios ha visitado a su pueblo» (Lucas 7:16).

Cuando uno de los ladrones crucificados al lado de Jesús se burlaba de Él, el otro, reprendiéndole decía:

  • «Pero el otro le contestó, y reprendiéndole, dijo: ¿Ni siquiera temes tú a Dios a pesar de que estás bajo la misma condena? 41 Y nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos; pero este nada malo ha hecho» (Lucas 23:40-41).

Y el hombre ciego de nacimiento, quien fuera sanado por Jesús, dijo a sus acusadores:

  • «Sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguien teme a Dios y hace su voluntad, a este oye» (Juan 9:31).

De igual manera, la iglesia es descrita:

  • «Entretanto la iglesia gozaba de paz por toda Judea, Galilea y Samaria, y era edificada; y andando en el temor del Señor y en la fortaleza del Espíritu Santo, seguía creciendo» (Hechos 9:31).

Pedro escribe:

  • «Andad como libres, pero no uséis la libertad como pretexto para la maldad, sino empleadla como siervos de Dios. 17 Honrad a todos, amad a los hermanos, temed a Dios, honrad al rey» (1ª Pedro 2:16-17).

Pablo instruye:

  • «Por tanto, amados, teniendo estas promesas, limpiémonos de toda inmundicia de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios» (2ª Corintios 7:1).

Pablo también señala la idea de que esto se trata de temor real no simplemente de un gran respeto cuando escribe:

  • «Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo. 11 Por tanto, conociendo el temor del Señor, persuadimos a los hombres, pero a Dios somos manifiestos, y espero que también seamos manifiestos en vuestras conciencias» (2ª Corintios 5:10-11).

El temor del Señor está conectado no solo con el gran poder de Dios y Su naturaleza santa, sino también con Su juicio futuro. Solo entendemos verdaderamente la gracia de Dios cuando nos damos cuenta de esta realidad. El último libro de la Biblia también presenta estas ideas, como cuando el ángel proclama al mundo:

  • «Y vi volar en medio del cielo a otro ángel que tenía un evangelio eterno para anunciarlo a los que moran en la tierra, y a toda nación, tribu, lengua y pueblo, 7 diciendo a gran voz: Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; adorad al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas» (Apocalipsis 14:6-7).

Y en el cielo los santos cantan:

  • «¡Oh Señor! ¿Quién no temerá y glorificará tu nombre? Pues solo tú eres santo;
    porque todas las naciones vendrán y adorarán en tu presencia, pues tus justos juicios han sido revelados» (Apocalipsis 15:4).

Y exactamente en la misma venida de Cristo, leemos:

  • «Y del trono salió una voz que decía: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, los que le teméis, los pequeños y los grandes» (Apocalipsis 19:5).

El Nuevo Pacto defiende inequívocamente la virtud de un temor apropiado de la fuerza, poder y juicio del Dios que amamos y que nos lleva a la obediencia, al respeto y a la adoración. Este no es un miedo pecaminoso que nos hace huir de Dios o nos hace dudar de Sus promesas, sino un santo temblor a nuestro mismo corazón en el entendimiento correcto de quién es Dios y que nos guía a la obediencia justa.

Conclusión

Esto es solo una pequeña muestra de todo lo que la Escritura tiene que decir sobre el temor a Dios, pero es suficiente para que veamos que cierto tipo de miedo genuino es una respuesta adecuada para saber quién es Dios, qué ha hecho y qué es lo que hará.

En la Biblia

  • Jesús afirma:
    • «No temáis a los que matan el cuerpo pero el alma no pueden matar, temed más bien al que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno» (Mateo 10:28).
  • Pablo escribe:
    • «como está escrito: No hay justo, ni aun uno, 11 No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios, 12 Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, ni siquiera uno; 13 Sepulcro abierto es su garganta, Con sus lenguas engañaron, Veneno de áspides hay bajo sus labios, 14 Su boca está llena de maldición y de amargura; 15 Veloces son sus pies para derramar sangre; 16 Destrucción y miseria hay en sus caminos, 17 No conocieron camino de paz. 18 No hay temor de Dios delante de sus ojos» (Romanos 3:10-18).
  • La ley dice:
    • «Temerás a YHVH tu Dios, a Él servirás, a Él te aferrarás, y solamente por su Nombre jurarás» (Deuteronomio 10:20).
  • Los profetas dicen:
    • «Mas para vosotros, los que teméis mi Nombre, nacerá el Sol de Justicia, trayendo salvación en sus alas, y saldréis y saltaréis como becerros salidos del establo» (Malaquías 4:2).
  • Se registra en los salmos:
    • «¡Tema a YHVH toda la tierra! ¡Tiemblen delante de Él todos los habitantes del mundo!» (Salmo 33:8).

En MIAPIC

  • Como cristianos, ¿debemos temer a Dios?
    • Sí, debemos temer a Dios porque Él es el creador todopoderoso que puede disciplinarnos si somos rebeldes contra Él. Él es también santo y tan maravilloso que estar en Su presencia trae un miedo inspirador.
  • ¿Está el cristianismo basado en el temor?
    • El cristianismo no está basado en el temor, pero temer a Dios es algo lógico y sabio de hacer, porque Dios es el juez que tiene el derecho a ejecutar Su juicio legal y moral sobre los pecadores.

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