El Bautismo y 1ª Pedro 3:21

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30 de abril de 2008

«Y correspondiendo a esto, el bautismo ahora os salva (no quitando la suciedad de la carne, sino como una petición a Dios de una buena conciencia) mediante la resurrección de Jesucristo» (1ª Pedro 3:21).

Este es el único versículo que dice, que «el bautismo ahora os salva». Pero, ¿está enseñando el anterior versículo que debemos ser bautizados en agua para ser salvos? No. Pero para poder entenderlo correctamente, necesitamos verlo en su contexto.

  • «Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, muerto en la carne pero vivificado en el espíritu; 19 en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, 20 quienes en otro tiempo fueron desobedientes cuando la paciencia de Dios esperaba en los días de Noé, durante la construcción del arca, en la cual unos pocos, es decir, ocho personas, fueron salvadas por medio del agua. 21 Y correspondiendo a esto, el bautismo ahora os salva (no quitando la suciedad de la carne, sino como una petición a Dios de una buena conciencia) mediante la resurrección de Jesucristo, 22 quien está a la diestra de Dios, habiendo subido al cielo después de que le habían sido sometidos ángeles, autoridades y potestades» (1ª Pedro 3:18-22. Énfasis añadido).

La traducción anterior del versículo 21 de la Traducción Biblia de las Américas es una buena traducción: «Y correspondiendo a esto, el bautismo ahora os salva». La palabra clave se encuentra en esta sección y es la del griego, «ἀντίτυπον», «antítupos», la cual significa, «figura», «corresponde», «correspondiente a». El bautismo es entonces, «correspondiente a» algo más. La pregunta es, «¿De qué es figura el bautismo?», o «¿a qué es correspondiente?».

Si miramos el contexto, se levanta una interesante posibilidad. ¿A qué es correspondiente el bautismo? ¿Al diluvio? ¿Al arca? ¿Qué fue lo que salvó a Noé y a su familia? ¿El agua del diluvio o el arca misma? Obviamente fue el arca. Noé construyó y entró al arca por fe y fue salvo: «Por la fe Noé, siendo advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó un arca para la salvación de su casa, por la cual condenó al mundo, y llegó a ser heredero de la justicia que es según la fe» (Hebreos 11:7). Por el arca, Dios salvó la casa de Noé, pero por esta misma, destruyó «el mundo de los impíos» por el diluvio (o inundación con agua):

  • » si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, un predicador de justicia, con otros siete, cuando trajo el diluvio sobre el mundo de los impíos»(2ª Pedro 2:5).
  • «por lo cual el mundo de entonces fue destruido, siendo inundado con agua» (2ª Pedro 3:6).

Pero estas aguas, no destruyeron la salvación de Noé y su familia ni tampoco fueron la causa de su salvación. Más bien, Noé y su familia, al entrar por fe en el arca, esta, se convirtió en el medio por el que fueron salvos. Es muy posible que el bautismo se refiera al arca, no a las aguas, por lo que el resto del versículo dice: «(no quitando la suciedad de la carne, sino como una petición a Dios de una buena conciencia)», lo cual es consistente con lo que escribió Pablo en Colosenses 2:11-12 donde compara el bautismo con ser circuncidado de corazón:

  • «en Él también fuisteis circuncidados con una circuncisión no hecha por manos, al quitar el cuerpo de la carne mediante la circuncisión de Cristo; 12 habiendo sido sepultados con Él en el bautismo, en el cual también habéis resucitado con Él por la fe en la acción del poder de Dios, que le resucitó de entre los muertos».

En otras palabras, Pedro clarifica que no es el agua del bautismo la que salva, en contraste con el agua que condenó a los impíos, sino «una petición a Dios de una buena conciencia».

Para ser justo, parecería que el griego da a entender que el bautismo se está refiriendo a  las aguas, no al arca. Aun así, necesitamos considerar esto y hacer algunas observaciones. Si miráramos las aguas del diluvio como lo que quita la maldad del corazón de los malvados, podríamos decir que «correspondiente a», las aguas del bautismo quita el pecado de nuestros corazones. Pero aunque este significado parecería ser un poco más natural, el mismo también presenta problemas. Si fuera el agua la que «salvara», ¿por qué el mundo fue destruido por las aguas? ¡Se supone que los malvados hubieran sido salvos!

Por lo tanto, el agua del bautismo no es lo que nos salva; es el sacrificio expiatorio de Cristo el cual recibimos por fe. En la Escritura leemos numerosos versículos acerca de la justificación por fe (Romanos 5:1), de la salvación por fe (Efesios 2:8), etc., no de la justificación «por fe y el bautismo», no de la salvación «por fe y el bautismo».[1] El hecho es que la salvación se recibe por fe. Pedro, no queriendo declarar que el bautismo en sí es lo que nos salva, inmediatamente agrega: «(no quitando la suciedad de la carne, sino como una petición a Dios de una buena conciencia)». Entonces, el agua del bautismo, debe estar acompañada de la obra del Espíritu Santo en la persona; «como una petición a Dios de una buena conciencia». Y esta «petición a Dios», es por fe, de la misma manera como la fe de Noé en Dios lo llevó a construir el arca, entrar y permanecer en ésta. Fue el arca la que salvó a Noé, no las aguas del diluvio ya que las mismas lo hubieran destruido a él y a su familia, de la manera como destruyó a los impíos. El diluvio fue para Noé un tipo de bautismo así como el paso a través del Mar Rojo fue un tipo de bautismo para los israelitas.

  • «Porque no quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube y todos pasaron por el mar; 2 y en Moisés todos fueron bautizados en la nube y en el mar; 3 y todos comieron el mismo alimento espiritual; 4 y todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de una roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo» (1ª Corintios 10:1-4).

Los «bautismos», tanto el de Noé como el de los israelitas sirvieron como tipos de una transición; esto es, estos movieron a las personas de una creación vieja a una nueva creación. No es el agua lo que salva; es lo espiritual lo que salva, no es el acto externo, el cual, debe ir, obviamente, acompañado de fe. Tanto para Noé como para Moisés fue la fe en Dios lo que los salvó.

Pero algunos podrían decir que la obra del Espíritu Santo y el acto del bautismo son simultáneos y que el Espíritu Santo obra en y a través del bautismo para traer regeneración. Pero esto, no es el caso, ya que la Biblia nos enseña que la salvación es por fe (Romano 5:1; Efesios 2:8). Además, tenemos un claro ejemplo en la Escritura donde las personas fueron salvas antes de su bautismo en agua.

Hechos 10:44-48

  • «Mientras Pedro aún hablaba estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que escuchaban el mensaje. 45 Y todos los creyentes que eran de la circuncisión, que habían venido con Pedro, se quedaron asombrados, porque el don del Espíritu Santo había sido derramado también sobre los gentiles, 46 pues les oían hablar en lenguas y exaltar a Dios. Entonces Pedro dijo: 47 ¿Puede acaso alguien negar el agua para que sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo lo mismo que nosotros? 48 Y mandó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. Entonces le pidieron que se quedara con ellos unos días».

En estos versículos vemos que Pedro había estado predicando el evangelio y que el Espíritu Santo cayó sobre quienes estaban escuchando. En el versículo 45 leemos, que también sobre los gentiles se derramó «el don del Espíritu Santo», una de cuyas manifestaciones, es el hablar en lenguas. Esto es significativo, ya que las lenguas son una señal del don dado solamente a los creyentes (Leer, 1ª Corintios 14:1-5). El versículo 46 dice que ellos, exaltaban a Dios. Los no creyentes no magnifican ni glorifican a Dios, ya que glorificar al verdadero Dios es una cuestión espiritual profunda que es extraña a los que no son salvos. (1ª Corintios 2:14). Por lo tanto, aquellos que en Hechos 10 estaban hablando en lenguas y magnificando a Dios eran definitivamente salvos ya que se movían en el poder del Espíritu Santo, hablando en lenguas y glorificando a Dios. El Espíritu Santo es el que da los dones espirituales carismáticos a la iglesia (1ª Corintios 12:27-28). Y no se los da a los que no son creyentes. Note ahora por favor, que fue después de este mover del Espíritu Santo que los creyentes son bautizados. Si el bautismo es necesario para la salvación, entonces, ¿cómo es posible que estas personas estuvieran hablando en lenguas y magnificando a Dios antes que fueran bautizados?

Si usted fuera a decir que el Espíritu Santo estaba simplemente trabajando en y través de aquellos que todavía no eran salvos, recuerde entonces que las lenguas y el magnificar a Dios son para la iglesia, no para los no creyentes. La iglesia consiste de personas que son salvas, no de aquellos que no son salvos. Si ellos no fueran salvos sino sólo hasta el momento en que fueran bautizados, entonces, no pertenecerían al cuerpo de Cristo ni tampoco se moverían en los dones carismáticos. Por lo tanto, ellos debían de ser regenerados antes de que fueran bautizados. Esto no es simplemente una excepción; es una realidad.

Conclusión

1ª Pedro 3:21 no nos está enseñando que el bautismo es lo que nos salva. Más bien, nos está mostrando que el agua simboliza una limpieza espiritual a través del poder del Espíritu Santo lograda a través de la victoria de Cristo sobre la muerte. Es el despertar del corazón (o conciencia) de la persona hacia Dios la que salva el alma, no el lavamiento del agua sobre el cuerpo.

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