Filipenses 2 y la Deidad de Cristo

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Por, Luke Wayne
29 de noviembre de 2016

«Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. 8 Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Filipenses 2:5-8).

Este es un pasaje extremadamente importante con relación a la deidad de Cristo y la doctrina de la Trinidad. Explica que, antes de encarnarse como el hombre, Jesús, el Hijo, ya existía «en forma de Dios». Antes de que Él tomara una naturaleza humana, Jesús ya existía con una naturaleza divina. Él nunca fue y no ha sido simplemente un ángel o un ser celestial; Él era «en forma de Dios». Su misma naturaleza es de Dios. Después tomaría «forma de siervo» y «haciéndose semejante a los hombres». De la misma manera, que literalmente se convirtió en hombre, Él era literalmente Dios. Y sin embargo, el pasaje también habla de «ser igual a Dios» y los versículos que siguen, hablan de Su sumisión a Dios y de traerle gloria a Dios el Padre. Así, Jesús es Dios en Su misma naturaleza, y aunque personalmente distinto del Padre. Por lo tanto, este pasaje no sólo está afirmando la deidad de Cristo, sino también la Trinidad. El Padre y el Hijo, ambos Dios en esencia o ser, pero distintos uno del otro como personas separadas con personalidades distintivas. El Espíritu no está aquí a la vista debido al tema del sujeto, pero la premisa es clara: el único Dios vivo y verdadero existe como personas múltiples, simultáneas e interactivas. Tanto el Padre como el Hijo es Dios, pero las Escrituras sólo mencionan al único Dios vivo y verdadero. De esta forma, este pasaje nos ayuda a establecer algunos de los elementos fundamentales de la doctrina de la Trinidad.

Claro está que siempre se presentarán objeciones. Algunos contenderán que este pasaje está afirmando que Jesús no tiene igualdad con Dios y que nunca afirmó o pensó en tal igualdad. Ellos señalan, por supuesto, la afirmación de Jesús el cual, «no consideraba que la igualdad con Dios era algo que debía ser tomada». Ellos asumen que esto significa que Él no era igual a Dios y nunca consideró arrebatar o tomar esta igualdad. En sí, la frase puede ser entendida de esa forma, pero este no es el único sentido en la que se podría entender. Esta frase también significa que Él no consideró Su igualdad con Dios como algo a lo que aferrarse o mantenerse firmemente. Por ejemplo, la Nueva Versión Internacional y la Holman Christian Standard Bible, dicen que, «Él no consideró la igualdad con Dios como algo para ser usado para su propia ventaja». La New Revised Standard Version, lo traduce, «como algo para ser explotado», y la New Living Translation, lo traduce, «como algo a que aferrarse». La New American Standard Bible incluye un pie de página explicando el sentido como algo a ser «utilizado o aseverado», y la English Standard Version, tiene una nota similar al pie de página explicándolo como, «una cosa para ser tenida para ventaja». En otras palabras, los traductores de casi todas las traducciones respetables modernas entienden que el versículo significa que Jesús tiene igualdad con Dios, pero que en lugar de aferrarse a Su privilegio, tomó en cambio la forma de siervo al convertirse en un hombre y enfrentar la cruz. Este entendimiento encaja mejor en el contexto. Note cuidadosamente el punto que Pablo está haciendo. En los versículos que llevan a este pasaje, él enseña a los filipenses:

  • «Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, 4 no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. 5 Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús» (Filipenses 2:3-5).

La descripción de Jesús dada en los vv. 5-8 es entonces, un ejemplo de esa actitud que todos debemos emular. Ahora, si Jesús no era Dios, Él no es particularmente humilde al no afirmar el ser igual a Dios. Aun los hombres más altivos y arrogantes que haya conocido jamás afirmaron ser iguales a Dios. Eran muy orgullosos, pero nunca afirmaron compartir el trono del Creador. No hay nada particularmente humilde acerca de no tratar de ser Dios cuando no se es. Aún más, si Jesús es un ser celestial al servicio de Dios, y no es Dios mismo, tampoco hay nada especialmente humilde acerca de Él sometiéndose a la autoridad de Dios. Cuando un empleado hace lo que sus jefes quieren que haga, el empleado es responsable, incluso honorable, pero no necesariamente humilde. No hay nada particularmente humilde o modesto en someterse a aquellos que tienen, obviamente un mayor rango que usted. Note que Pablo no le dice a los filipenses que imiten la humildad de Cristo al considerar a Dios, el cual es, obviamente superior y mayor a ellos mismos. Más bien, les dice a ellos que imiten la humildad de Cristo al considerarse los unos a los otros, esencialmente iguales entre ellos pero siendo superiores a ellos mismos. Esto es lo que significa ser humilde. Jesús era igual a Dios el Padre, pero se humilló a Sí mismo sometiéndose al Padre aunque esto, significara morir en la cruz. Jesús sí tuvo igualdad con Dios el Padre, y la puso en sumisión para la gloria del Padre. Eso es lo que significa ser humilde, y esta, es la actitud de Cristo que Pablo quería que los cristianos imitaran entre sí. El pasaje sólo tiene sentido cuando entendemos que la igualdad con Dios el Padre es algo que Jesús ya poseía pero que prefirió no aprovecharla aferrándose a esta.

Finalmente, vemos que el pasaje cierra diciendo:

  • «Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, 10 para que al nombre de Jesús SE DOBLE TODA RODILLA de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre» (Filipenses 2:9-11).

Es importante notar que a Jesús se le está aplicando un pasaje del Viejo Pacto:

  • «Volveos a mí y sed salvos, todos los términos de la tierra; porque yo soy Dios, y no hay ningún otro. 23 Por mí mismo he jurado, ha salido de mi boca en justicia una palabra que no será revocada: Que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua jurará lealtad» (Isaías 45:22-23).

Ambos versículos, tanto anteriores como posteriores, ponen de manifiesto que el que está hablando es YHVH (Yahvé, Jehová). Él es el único y verdadero Dios de Israel que ante Él se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará que no existe otro Dios. Dios ha jurado esto y lo ha proclamado en Su infalible e inmutable Palabra. Jesús, quien existió como Dios, es ante quien se doblará toda rodilla, y toda lengua prestará juramento porque Él es el único y verdadero Dios junto al Padre. Aunque dos personas distintas, son el único Ser Divino; el único Dios eterno.

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