Juan 12:37-41 y la Deidad de Cristo

0
498

Visite también nuestra sección, Doctrina cristiana y teología
Visite también nuestra sección, Cristianismo

Por, Luke Wayne
5 de diciembre de 2016

Juan 12 presenta un claro y convincente testimonio de que Jesús es YHVH (Yahvé, Jehová), el Dios verdadero de Israel. Después de describir la triunfante entrada de Jesús en Jerusalén y de que el mismo Jesús profetizara Su propia muerte, Juan continúa explicando:

  • «Pero aunque había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en Él, 38 para que se cumpliera la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor? 39 Por eso no podían creer, porque Isaías dijo también: 40 Él ha cegado sus ojos y endurecido su corazón, para que no vean con los ojos y entiendan con el corazón, y se conviertan y yo los sane. 41 Esto dijo Isaías porque vio su gloria, y habló de Él» (Juan 12:37-41).

Juan explica la incredulidad de los fariseos como el cumplimiento de las profecías de Isaías. Claramente, el pasaje está hablando acerca de Jesús: «Porque a pesar de haber hecho tan grandes señales delante de ellos, no creían en Él». En el evangelio de Juan, era Jesús quien realizaba esas señales; y eran los fariseos quienes no creían en Jesús. Leer los versículos anteriores o desde el mismo inicio del capítulo nos llevará a comprender lo que sucedía. Aquí, definitivamente, el tema es Jesús. Posteriormente Juan registra, «Esto dijo Isaías porque vio su gloria, y habló acerca de Él». El contexto es todavía acerca de Jesús. Isaías vio la gloria de Jesús y habló de Él. Las palabras de Isaías se cumplieron en los fariseos al rechazar a Jesús porque estas palabras eran sobre Él. No puede haber algo más simple que esto. Pero cuando consideramos las palabras de Isaías en el contexto, las implicaciones son poderosas y el punto de Juan es certero.

Aquí, Juan cita de dos pasajes. El primero es el de Isaías 53:1 («¿Quién ha creído nuestro anuncio? ¿Sobre quién se ha manifestado el brazo de YHVH?»). Isaías es una de las profecías mesiánicas más poderosas de todo el Viejo Pacto, y describe cómo Jesús sería rechazado, y aunque sin pecado, sería condenado a muerte por nuestros pecados. Esto incluso, señala Su posterior resurrección. Sin embargo, este pasaje no está describiendo una visión en la cual Isaías ve al Mesías. Él habla acerca de Jesús, pero Él no ve la gloria de Jesús en este capítulo. Esto nos lleva a la segunda referencia. Juan también cita, Isaías 6:10 («Embota el corazón de este pueblo Y que sus oídos se endurezcan y sus ojos se cieguen; No sea que viendo con sus ojos Y oyendo con sus oídos Y entendiendo con su corazón, Se convierta, y sea sanado»). Más bien, en este pasaje Isaías está describiendo una extraordinaria experiencia visionaria al inicio de Su ministerio profético. El capítulo 6 empieza:

La Biblia de las Américas - LBLABiblia Textual IV Edición
"En el año de la muerte del rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y la orla de su manto llenaba el templo. 2 Por encima de Él había serafines; cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban. 3 Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, Santo, Santo, es el Señor de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria. 4 Y se estremecieron los cimientos de los umbrales a la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo" (Isaías 6:1-4 - Énfasis añadido)."Y aconteció en el año de la muerte del rey Uzías, que vi a YHVH sentado sobre un trono alto y sublime, y la Casa llena de su gloria. 2 A causa del acto traidor se había hecho estar de pie a los serafines. Cada uno tenía seis alas: dos para cubrir sus rostros, dos para cubrir sus pies y dos alas para volar. 3 Y alternándose clamaban: ¡Santo, Santo, YHVH Sebaot! ¡La tierra está llena de su gloria! 4 Y los umbrales de las puertas temblaban al clamor de su voz, y la Casa estaba llena de humo" (Isaías 6:4 - Énfasis añadido).

El resto del capítulo describe la experiencia de Isaías en la presencia del SEÑOR. En este contexto la palabra «SEÑOR» representa el nombre divino YHVH (Yahvé, Jehová). Esta es la gloria que Isaías contempló y que le obligó a escribir estas palabras. ¡Él había visto la gloria del SEÑOR, Dios de Israel! De hecho, en la Septuaginta (la antigua traducción griega del hebreo del Viejo Pacto que fue usada por la mayoría de los escritores del Nuevo Pacto) se lee en la línea inicial del capítulo lo siguiente:

  • «Y aconteció el año que murió Ozías, el rey, vi al Señor, sentado sobre solio excelso y sublime, y llena la casa de su gloria».

Note que mientras el texto hebreo registra que «sus faldones llenaban la Casa», en la Septuaginta se interpreta como siendo Él el que «llena la casa de su gloria». Cuando Juan afirma que Isaías escribió Isaías 6:10 porque había visto «Su gloria», esto se toma directamente del mismo pasaje. Isaías había visto la gloria del SEÑOR y escribió lo que se le dijo. Sin embargo, Juan dice claramente que Isaías escribió esas palabras porque había visto la gloria de Jesús. Por lo tanto, y sin ambigüedades, Juan está diciendo que Jesús es el que Isaías vio en gloria en su visión del templo. De esta forma, Juan está afirmando que Jesús es el SEÑOR. Él está diciendo que cuando Dios se les apareció a los profetas, no fue al Padre a quienes vieron; más bien, vieron a Jesús. Tal como Juan lo dice al inicio de su evangelio:

  • «Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer» (Juan 1:18).

Incluso al elegir el título «el Verbo» o «la Palabra» para Jesús en Juan 1:1-14, Juan estaba usando un idioma enriquecido por la tradición judía que definía a Jesús como la presencia personal, reveladora de Dios. Juan también describe a Jesús siendo tanto Dios como Dios mismo (Juan 1:1), como el creador no creado de todas las cosas (Juan 1:3), y como descendiendo del cielo a los judíos como pueblo de Él: «A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron» (Juan 1:11). Todo esto deja claro que Juan sí entendió que Jesús es el SEÑOR, YHVH, Jehová Dios. También muestra la cuidadosa distinción que Juan hace. Mientras que Jesús y el Padre son ambos el único verdadero Dios de Israel, Jesús no es el Padre, ni el Padre es Jesús. Jesús y el Padre son personas distintas, y sin embargo, ambos son el Dios único y eterno. Así, el evangelio de Juan tiene sólo sentido a la luz de la doctrina bíblica de la Trinidad.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí