Los Ebionitas y la Confiabilidad de los Evangelios del Nuevo Pacto

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Por, Luke Wayne

Los ebionitas (es una transliteración de un vocablo arameo que significa «hombres pobres») fueron una antigua secta de judíos que creían que Jesús era el Mesías y Salvador, pero negaban que Él es Dios encarnado. Colocaron mucho énfasis en la ley judía pero afirmaron que Jesús había abolido los sacrificios e instituido un vegetarianismo estricto. Muchos críticos del cristianismo bíblico han afirmado que los ebionitas fueron en realidad los primeros cristianos judíos y que el Nuevo Pacto del cristianismo que conocemos es una aberración gentil posterior y una invención del apóstol Pablo. Irónicamente, las citas de escritos ebionitas que nos han llegado señalan lo opuesto. Ellos muestran que los escritos del Nuevo Pacto, particularmente los evangelios canónicos, son en realidad anteriores a los de los ebionitas y son más representativos del movimiento cristiano primitivo.

Armonización

Los ebionitas tuvieron un «registro del evangelio» propio, el cual, como los evangelios bíblicos, reclamaron contar la vida de Jesús. De hecho, el evangelio ebionita realmente utiliza los evangelios bíblicos como sus fuentes primarias.[1] Aun Bart Ehrman, un erudito anticristiano que no está inclinado a dar algún tratamiento preferencial a las fuentes bíblicas, sin embargo, admite que el evangelio ebionita…

  • «… Fue escrito en griego, y representó un tipo de armonía de los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas».[2]

En otras palabras, el autor del evangelio ebionita empezó con los evangelios bíblicos y los mezcló. Un ejemplo de esto es la narración del bautismo de Jesús. Mientras que los evangelios del Nuevo Pacto no se contradicen entre sí en esta narración, todos redactan cosas ligeramente diferentes y dan detalles ligeramente diferentes. Por ejemplo, cuando la voz del Padre se escucha desde el cielo, en los evangelios bíblicos Sus palabras son registradas de la siguiente manera:

  • «Y he aquí una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo, el amado, en quien me complací» (Mateo 3:17).
  • «Y de los Cielos vino una voz: Tú eres mi Hijo amado; en ti me complací» (Marcos 1:11).
  • «y al descender sobre Él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma, surgió una voz del cielo: Tú eres mi Hijo amado, en Ti me complací» (Lucas 3:22).

Por lo tanto, el evangelio ebionita entrelaza las historias para que la voz del cielo hable más de una vez, diciendo tanto, «Este es mi hijo amado…» como, «Tú eres mi hijo amado…» en diferentes momentos. Otros detalles son combinados de forma similar en un registro más extenso.[3]

Los escritores cristianos ortodoxos del inicio y mitad del siglo II como Justino Mártir también armonizaron con frecuencia citas e historias de registros bíblicos. Taciano, uno de los estudiantes de Justino, elaboró de su autoría, un evangelio armonizado llamado «Diatessaron o Concordancias» tomando también las historias de los cuatro evangelios bíblicos combinándolos en una sola narración. Tales armonías no sólo testifican que los evangelios del Nuevo Pacto son las fuentes más antiguas sobre las que, tanto ebionitas como cristianos ortodoxos confiaron para su información; sino que también muestra que estos evangelios ya poseían una autoridad única entre los lectores antiguos y tenían una confianza particular colocada en su contenido. Los ebionitas desarrollaron su narración de Jesús después de que los evangelios del Nuevo Pacto fueron escritos, y bajo el supuesto de que esos evangelios eran básicamente fuentes confiables de información sobre la vida y la enseñanza de Jesús.

Los eruditos también han argumentado que las llamadas «Homilías Clementinas», otro conjunto de antiguos documentos sectarios de origen desconocido, pueden en realidad conservar material ebionita.[4] El autor de este material usó los cuatro evangelios como fuentes, aunque Juan lo hizo menos que los sinópticos.[5] Si es verdaderamente ebionita, este material, el de las Homilías Clementinas nos ofrece otro ejemplo más de los ebionitas armonizando y adaptando los evangelios bíblicos para sus propios fines. Todo esto demuestra que los evangelios del Nuevo Pacto son las fuentes más antiguas y más confiables y que el registro ebionita es un fenómeno posterior.

Expansión midrásica

Había una práctica común en las antiguas comunidades judías para producir interpretaciones literarias de textos sagrados llamados Midrash que, entre otras cosas, explicaban con frecuencia, textos bíblicos a través de historias que expandían la narración y agregaban detalles, algunas veces incluyendo episodios legendarios totalmente nuevos. Con frecuencia, tales cuentos midrásicos, se abrían paso en las traducciones sueltas, parafrásticas e interpretativas conocidas como Tárgums. Estas eran copias de textos del Viejo Pacto, por lo general en arameo, que estaban destinados no solo a traducir sino a explicar y dar vida al texto para las personas comunes y menos instruidas. Por ejemplo, en Deuteronomio 6:4-5, el texto real dice:

  • «Oye, Israel: YHVH nuestro Dios, YHVH, uno es. 5 Amarás a YHVH tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu fuerza».

Y el tárgums Jerusalén lo expandía a esto:

  • «Cuando llegó el fin a nuestro padre Jacob, que debía ser apartado del mundo, llamó a las doce tribus, sus hijos, y los reunió alrededor de su lecho. Entonces Jacob nuestro padre se levantó y les dijo a ellos: ¿Adoráis algún ídolo que Taré, padre de Abraham, adoró? ¿Adoráis algún ídolo que Labán (el hermano de su madre) adoró? o ¿Adoráis al Dios de Jacob? Las doce tribus respondieron juntas, con plenitud de corazón y dijeron: Escucha ahora, Israel nuestro padre: El Señor nuestro Dios es un Señor. Jacob respondió y dijo: ¡Que Su Gran Nombre sea bendecido para siempre! Y amarás la instrucción de la ley del Señor con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu riqueza».[6]

El texto del evangelio usado por los ebionitas parece haber mostrado esta misma clase de expansión midrásica. Por ejemplo, Mateo 10 registra los nombres de los doce apóstoles cuando fueron llamados a predicar a las ciudades de Israel. El evangelio ebionita amplía el nombre de los doce en la siguiente narración:

  • «Cuando Él vino a Capernaúm, Él entró en la casa de Simón, también llamado Pedro, y Él abrió la boca para decir: ‘Cuando estaba pasando junto al lago de Tiberíades, elegí a Juan y a Jacobo, a los hijos de Zebedeo, y a Simón, Andrés, Tadeo, Simón el Zelote y Judas Iscariote; y te llamé, Mateo, mientras estabas sentado en la mesa del recaudador de impuestos, y me seguiste. Por lo tanto, quiero que sean los Doce Apóstoles como testigos de Israel'».[7]

De forma similar en Mateo 12:9-10 se nos menciona de un incidente que involucra a un hombre con una mano seca que fue sanado en un Sabbat:

  • «Saliendo de allí, Él fue a la sinagoga de ellos. Y un hombre estaba allí, cuya mano estaba seca. Y retaron a Jesús, preguntándole: ‘¿Es licito sanar en Sabbat?’ –para así poder acusarlo a Él».

Jerónimo conserva para nosotros la forma cómo se amplió este pasaje en lo que él llama «el evangelio que usan los nazarenos y los ebionitas»[8] explicando:

  • “… El hombre con la mano seca es descrito como un albañil, quien buscó ayuda en palabras como estas: ‘Yo era un albañil que me ganaba la vida con mis manos; Te ruego, Jesús, que restaures mi salud para no tener que suplicar vergonzosamente por comida'».[9]

Esto no solo proporciona más evidencia de que estos judíos ebionitas preservan una forma posterior ampliada de los evangelios del Nuevo Pacto, sino que muestran que los evangelios no solo existían sino que, de hecho, ya estaban considerados como Escrituras autorizadas al tiempo de los ebionitas creando sus propios evangelios. Las extensiones midrásicas no fueron realizadas por fuentes históricas aleatorias. La midrash fue una extensión explicativa en textos autorizados. Así que, de nuevo, incluso la secta ebionita en realidad nos proporciona evidencia de que los evangelios del Nuevo Pacto son, de hecho, las fuentes más antiguas y más autorizadas para el verdadero cristianismo.

Evidente alteración sectaria

Finalmente, los evangelios ebionitas muestran una obvia alteración de las historias para que encajen en sus propios desarrollos doctrinales. Por ejemplo, los ebionitas eran vegetarianos y cambiaron la narración para apoyar este punto de vista. Sobre la dieta alimentaria de Juan el Bautista, los evangelios del Nuevo Pacto nos dicen:

  • «Y este Juan tenía su vestido de pelos de camello y un cinto de cuero alrededor de su cintura, y su comida era langostas y miel silvestre» (Mateo 3:4).
  • «Y estaba vestido Juan de crines de camello y un cinto de cuero alrededor de su cintura, y comía langostas (saltamontes) y miel silvestre» (Marcos 1:6).

Los ebionitas alteraron el texto escribiendo:

  • «Y así Juan estaba bautizando y los fariseos venían a él y eran bautizados, así como lo era toda Jerusalén. Juan llevaba una vestidura de pelo de camello y un cuero alrededor de su cintura, y su comida era miel salvaje que sabía como a maná, como un pastel cocinado en aceite».[10]

Ellos quitaron la palabra «langostas» para hacer de Juan un vegetariano. Los cristianos bíblicos no tienen apego a comer langostas y no tenían ninguna razón especial para informar que Juan las comió solo por el hecho de que lo hizo. Sin embargo, los ebionitas tenían una razón importante para negar que Juan comiera langostas. Ellos alteraron el texto para apoyar su enseñanza. Lo hicieron más tarde en el evangelio, donde el Nuevo Pacto registra:

  • «El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, se acercaron los discípulos a Jesús, diciendo: ¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer la Pascua? 18 Y Él respondió: Id a la ciudad, a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; quiero celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos. 19 Entonces los discípulos hicieron como Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua» (Mateo 26:17-19).

El evangelio ebionita agrega una cláusula a la conversación para que coincida con sus puntos de vista. Cuando los discípulos le preguntan a Jesús donde quiere que le preparen la pascua, Jesús empieza clarificando rudamente:

  • «No tengo deseo de comer la carne de este cordero pascual con ustedes».[11]

Estos y otros ejemplos llevan a los eruditos a concluir que el escritor del evangelio ebionita «parece reinterpretar tanto las tradiciones judías como las de Jesús».[12] Los ebionitas no son los preservadores de una fe original judeo cristiana. Ellos son una secta que alteró la fe cristiana para que encajara con sus propias doctrinas novedosas.

Sin embargo, incluso al hacerlo, nos proporcionan una línea adicional de evidencia de que los evangelios canónicos del Nuevo Pacto son, de hecho, las fuentes más antiguas y más confiables sobre quién es realmente Jesús y, por lo tanto, sobre el verdadero cristianismo. Por mucho que ciertos críticos modernos deseen encontrar el cristianismo «real» en alguna secta antigua perdida, la verdad es que estos brotes posteriores muestran señales de su novedad y apuntan al hecho de que el cristianismo ortodoxo del Nuevo Pacto es el verdadero heredero de la enseñanza de Jesús. Los evangelios bíblicos son tempranos, autoritativos y confiables. No deberíamos aceptar sustitutos.

Notas a pie de página:

[1] Ron Cameron, The Other Gospels: Non-canonical Gospel Texts (Westminster John Knox Press, 1982) 103.
[2] Bart Ehrman, Lost Scriptures (Oxford University Press, 2003) 12.
[3] Ibíd. 13.
[4] Fred Lapham, An Introduction to the New Testament Apocrypha (T&T Clark International, 2003) 49.
[5] Phillip Schaff, History of the Christian Church, Volume 2 (Hendrickson Publishing, 1907) 437.
[6] Ver Deuteronomio 6:4-5 en el tárgum Neophiti y el tárgum Seudo-Jonathan para variaciones en esta tradición.
[7] Bart Ehrman, Lost Scriptures (Oxford University Press, 2003) 13-14.
[8] Jerome’s commentary on Matthew, as quoted in Bart Ehrman, Lost Scriptures (Oxford University Press, 2003) 10.
[9] Ibíd.[/fn]
[10] Bart Ehrman, Lost Scriptures (Oxford University Press, 2003) 13.
[11] Ibíd. 14.
[12] Ron Cameron, The Other Gospels: Non-canonical Gospel Texts (Westminster John Knox Press, 1982) 104.

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