Los Primeros Cristianos y la Deidad de Cristo

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Una Ilustración de lo que Realmente es Apologética
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Por, Luke Wayne

La deidad de Cristo es una de las afirmaciones fundamentales del cristianismo. Creemos en Su deidad porque está firmemente establecida en las Escrituras. Los profetas profetizaron que el Mesías sería Dios: «Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz» (Isaías 9:6). Jesús afirmó ser divino. Los autores del Nuevo Pacto llamaron directamente Dios a Jesús, y lo identificaron como «YHVH» del Viejo Pacto. Por lo tanto, aceptamos el testimonio bíblico unificado sobre este asunto. Sin embargo, también puede ser útil señalar que los primeros cristianos fuera del Nuevo Pacto también entendieron y creyeron esto. Cuando ellos leían las Escrituras y consideraban las palabras de Jesús registradas por los autores inspirados, llegaban a la misma conclusión que llegamos nosotros y estos autores. La generación de autores cristianos inmediatamente después de los apóstoles, conocidos como los «padres apostólicos», afirmaron unánimemente que Jesús es el único Dios verdadero.

Ignacio de Antioquía

Ignacio, el obispo de Antioquía, que murió como mártir alrededor de los años 107-108 d. C., escribió numerosas cartas a varias iglesias antes de su muerte. En esas cartas, Ignacio, repetidamente se refiere a Jesús con frases como estas:

  • «Jesús Cristo nuestro Dios» (Carta a los Efesios, capítulo 1; Carta a los Romanos, capítulo 1).
  • «Cristo nuestro Dios» (Carta a los de Esmirna, capítulo 10).
  • «Nuestro Dios, Jesús Cristo» (Carta a los Efesios, capítulo 18, Carta a Policarpo, capítulo 8).
  • «Dios, incluso Jesús Cristo» (Carta a los de Esmirna, capítulo 10).
  • «Dios mismo siendo manifestado en forma humana» (Carta a los Efesios, capítulo 19).
  • «Dios existiendo en Carne» (Carta a los Efesios, capítulo 7).

Él testificó de Jesús en palabras poderosas como:

  • «Debemos soportar todas las cosas por el bien de Dios, para que Él también pueda llevarlas con nosotros. Volverse cada vez más celoso que lo que tú eres. Pesar con cuidado los tiempos. Buscarlo a Él que está por encima de todo tiempo, eterno e invisible, incluso se hizo visible por nosotros, impalpable e impasible, pero que se hizo pasible por nuestra cuenta; y quien en cada forma sufrió por nosotros» (Carta a Policarpo, capítulo 3).

Como cualquier cristiano haría, generalmente distinguimos entre el Padre y el Hijo, sin embargo Él fue suficientemente claro que tanto el Padre como el Hijo es el único Dios verdadero.

Policarpo

Nació alrededor del año 69 d. C. y murió como mártir a mediados del siglo 2º. De acuerdo a fuentes tempranas, fue discípulo del apóstol Juan y sirvió como obispo de Esmirna. En una carta de Policarpo que sobrevivió, escribe:

  • «Pueda el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, y el eterno Sumo Sacerdote mismo, Hijo de Dios Jesús Cristo, edificarlos en fe y verdad, en toda mansedumbre y en toda abstinencia de ira y en paciencia y largo sufrimiento y en paciente perseverancia y en pureza; y que Él pueda concederles mucho y una parte entre Sus santos, y a nosotros con vosotros, y a todos los que están debajo del cielo, que creerán en nuestro Señor y Dios Jesús Cristo y en Su Padre que lo resucitó de los muertos» (Policarpo, Carta a los Filipenses, capítulo 12).

Ahora, debo anotar que la traducción de Roberts-Donaldson en la colección conocida de los «Padres antes de Nicea» traduce la frase relevante simplemente como «nuestro Señor Jesús Cristo» basada en una minoría de manuscritos en latín. En la mayoría de los manuscritos, así como también los manuscritos más tempranos y mejores para este capítulo, Policarpo se refiere a Jesús tanto como Señor como Dios. En la clásica traducción de Lightfood y Lake, ambos afirman la lectura «nuestro Señor y Dios, Jesús Cristo», como hacen las traducciones críticas más recientes de Ehrman (2003), Holmes (2006), y Brannan (2010). El consenso de eruditos es que la lectura correcta de la carta de Policarpo es, «nuestro Señor y Dios, Jesús Cristo».

Según los primeros informes del martirio de Policarpo, también oró lo siguiente en el día de su muerte:

  • «Por tanto también te alabo a Ti por todas las cosas, Te bendigo, Te glorifico, junto con el eterno y celestial Jesús Cristo, Tu Hijo amado, con quien a Ti y el Espíritu Santo, sea la gloria ahora y para todas las edades. Amén» (La Encíclica Epístola de la Iglesia de Esmirna sobre el martirio del Santo Policarpo, capítulo 14).

De forma interesante, también existen otras líneas de evidencia más allá de las propias palabras de Policarpo. También vemos en la carta de Ignacio de Antioquía a Policarpo (citada anteriormente) múltiples referencias a su creencia común en Jesús como Dios. Un líder posterior de la iglesia del siglo 2º, Ireneo de Lyon, afirmó haber estudiado bajo Policarpo. De igual manera, Ireneo también afirmó la deidad de Cristo.[1] Así, además de sus propias palabras, tenemos evidencia circunstancial en las palabras de los asociados de Policarpo de que la deidad de Cristo no era sólo de su propia creencia, sino la creencia común de quienes lo rodeaban.

Arístides

Este cristiano ateniense, escribe alrededor del año 125 d. C. describiendo la fe cristiana de la siguiente forma:

  • «Los cristianos, entonces, trazan el comienzo de su religión desde Jesús el Mesías; y Él es llamado el Hijo del Dios Altísimo. Y se dice que Dios descendió del cielo, y de una virgen hebrea asumió y se vistió de carne; y el Hijo de Dios vivió en una hija de hombre. Esto se enseña en el evangelio, como se le llama, el cual se predicó en un breve tiempo entre ellos; y si usted también leyera, podría percibir el poder que le pertenece. Este Jesús, entonces, nació de la raza de los hebreos; y tenía doce discípulos para que el propósito de Su encarnación pudiera ser cumplido en el tiempo. Pero Él mismo fue traspasado por los judíos, y murió y fue sepultado; y ellos dicen que después de tres días resucitó y ascendió al cielo. Entonces estos doce discípulos salieron por todas las partes conocidas del mundo, y siguieron mostraron Su grandeza con toda modestia y rectitud. Y por lo tanto también los de hoy que creen en esa predicación son llamados cristianos» (Apología de Arístides, capítulo 2).

No sólo Arístides afirma que Dios bajó en la forma de un hombre, sino que claramente nos dice que este entendimiento vino de leer el evangelio y era la fe común de la comunidad cristiana.

La epístola a Diogneto

Un escrito cristiano anónimo de inicios o mediados del siglo 2º, de igual manera explica claramente que la deidad de Jesús, distinguiéndola sin embargo de la del Padre:

  • «Dios mismo, quien es todopoderoso, el creador de todas las cosas, e invisible, envió desde los cielos y colocó entre los hombres, la verdad, y la santa e incomprensible Palabra, y lo ha establecido firmemente a Él en sus corazones. Como uno podría haber imaginado, Él no envió a los hombres algún sirviente o ángel, o gobernante, ni a ninguno de los que tienen influencia sobre las cosas terrenales, o uno de aquellos a los que se les ha confiado el gobierno de cosas en los cielos, sino al mismo Creador y Manejador de todas las cosas –por quien Él hizo los cielos– por quien encerró el mar dentro de sus propios límites –cuyas ordenanzas todas las estrellas observan fielmente– de quien el sol ha recibido la medida de su curso diario para ser observado –a quien obedece la luna, a quien se le ordena que brille en la noche, y a quien las estrellas también obedecen, siguiendo la luna su curso; por quien todas las cosas han sido ordenadas y colocadas dentro de sus límites, y a quien todos están sujetos– los cielos y las cosas que están en estos, la tierra y todas las cosas que están en ella, el mar y todas las cosas que están en este– el fuego, el aire y el abismo– las cosas que están en las alturas, las cosas que están en las profundidades y las cosas que descansan entre ambas. A esto, Él fue enviado a estas. ¿Fue esto entonces, como se podría concebir, para el propósito de ejercer tiranía, o de inspirar temor y terror? De ninguna manera, sino bajo la influencia de la clemencia y la mansedumbre. Como un rey envía a su hijo, el cual es también un rey, así lo envió a Él; como Dios le envió; como a los hombres le envió; como un Salvador lo envió, y como buscando persuadir, no para obligarnos; porque la violencia no tiene lugar en el carácter de Dios» (Epístola a Diogneto, capítulo 7).

El falso Bernabé

Uno de los escritos más tempranos que tenemos, es un documento que llegó a ser conocido como la «Epístola de Bernabé». El mismo documento nunca afirma haber sido escrito por Bernabé y ningún erudito cree que el Bernabé bíblico fue el autor, pero el documento fue muy popular en la iglesia temprana y reflejaba claramente las creencias de muchos cristianos tempranos. Es difícil fecharlo con precisión, pero basados en el contenido, los eruditos están de acuerdo en que fue escrito en algún momento después de la destrucción del templo en el año 70 d. C., y antes de los edictos imperiales del año 135 d. C., por lo que es definitivamente a finales del siglo 1º o principios del 2º. La obra proporciona numerosas referencias a la deidad de Jesús. Por ejemplo:

  • «El Señor soportó sufrir por nuestra alma, siendo Señor de todo el mundo, a quien Dios le dijo en la fundación del mundo: ‘Hagamos al hombre según nuestra imagen y según nuestra semejanza'» (Epístola de Bernabé, Capítulo 5).

Al menos, tal afirmación, hace de Jesús un ser preexistente que estuvo junto a Dios Padre en la creación. El escritor continúa explicando:

  • «Los profetas, habiendo obtenido gracia de Él, profetizaron concerniente a Él. Y Él (puesto que era necesario aparecer en carne), para abolir la muerte y revelar la resurrección de entre los muertos, soportó (lo que hizo y como lo hizo), a fin de que Él pudiera cumplir la promesa hecha a los padres y al preparar a un nuevo pueblo para Sí, podría mostrar, mientras habitaba en la tierra, que Él, cuando hubiera levantado a la humanidad, también los juzgará. Además, enseñando a Israel, y haciendo tan grandes milagros y señales, Él predicó (la verdad) y lo amó grandemente. Pero cuando escogió a Sus propios apóstoles que debían predicar Su evangelio, (lo hizo de entre aquellos) que eran pecadores por encima de todo pecado, para que Él pudiera mostrar que Él vino, ‘no para llamar a los justos, sino a los pecadores al arrepentimiento’. Entonces, se manifestó a Sí mismo como el Hijo de Dios. Porque si no hubiera venido en carne, ¿cómo podrían salvarse los hombres al contemplarlo? Debido a que mirar el sol el cual deja de existir, y es la obra de Sus manos, los ojos de ellos no pueden soportar sus rayos. Por lo tanto, el Hijo de Dios, vino en la carne con este punto de vista, de que pudiera traer a una cabeza la suma de sus pecados y que habían perseguido a sus profetas» (Epístola de Bernabé, capítulo 5).

Así, se dice que los profetas han obtenido la gracia de Jesús e incluso son llamados «Sus profetas». El sol es obra de Sus manos, y ÉL está preparando un pueblo para Sí mismo. Existen numerosas referencias similares, tales como:

  • «Por tanto, habiéndonos renovado por la remisión de nuestros pecados, ÉL nos ha hecho según otro modelo (este es Su propósito), para que tengamos que poseer el alma de los hijos, por cuanto nos ha creado de nuevo por Su Espíritu. Porque las Escrituras nos dicen con respecto a nosotros, mientras Él habla al Hijo: ‘Hagamos al hombre según nuestra imagen y según nuestra semejanza, y tengan ellos dominio sobre las bestias de la tierra, las aves del cielo y los peces del mar’. Y el Señor dijo, al contemplar al hombre justa criatura: ‘Aumenten y multipliquen, y rellenen la tierra’. Estas cosas (fueron habladas) al Hijo» (Epístola de Bernabé, capítulo 6).

El autor también identifica directamente a Jesús como YHVH del Viejo Pacto, en pasajes tales como:

  • «He aquí, pues, hemos sido remodelados, como otra vez Él dice en otro profeta: ‘He aquí, dice el Señor, Yo quitaré de ellos, es decir, de los que el Espíritu del Señor previó, sus corazones de piedra y pondré corazones de carne dentro de ellos, ‘porque Él iba a ser manifestado en carne, y a vivir entre nosotros. Porque mis hermanos, la morada de nuestro corazón es un templo santo para el Señor'» (Epístola de Bernabé, Capítulo 6).

Bernabé también interpreta ciertas leyes y tradiciones del sistema de sacrificio del Viejo Pacto como si Dios estuviera diciendo a los sacerdotes:

  • «Puesto que ustedes me van a dar, cuando estoy a punto de ofrecer mi carne por los pecados de mi nuevo pueblo, hiel con vinagre para beber, solo Tú comerás, mientras el pueblo ayuna y lamenta en cilicio y ceniza» (Epístola De Bernabé, capítulo 7).

Así el Señor (YHVH/Yahweh/Jehová) que dio las leyes al pueblo, fue el mismo Señor que debía ofrecer Su carne por los pecados del pueblo. Bernabé ve así al Hijo de Dios, aunque distinto del Padre, siendo aún Jehová Dios junto con el Padre. De hecho, el autor continúa señalando las palabras que el SEÑOR habló a través de Isaías:

«Extendí mis manos todo el día hacia un pueblo rebelde, que anda por el camino que no es bueno, en pos de sus pensamientos» (Isaías 65:2).

Él afirma que el SEÑOR habló de extender Sus manos en referencia a la cruz de Cristo (Epístola de Bernabé, capítulo 12). Cuando estaba crucificado a la cruz, Dios mismo estaba extendiendo Sus manos a un pueblo rebelde. Así, el autor de la Epístola de Bernabé y los muchos cristianos cuyos puntos de vista él representa, todos están de acuerdo de que Jesús es el único Dios verdadero.

Hermas

Otra obra popular temprana fue un libro llamado «El Pastor», escrito por un hombre llamado Hermas. El libro es principalmente, un tratado sobre el arrepentimiento y no se enfoca mayormente en la persona de Jesús, pero si hace claridad en que existe un Dios quien es el único creador:

  • «Primero que todo, creed que hay un solo Dios que creó y acabó todas las cosas e hizo todas las cosas de la nada. Él sólo es capaz de contener el todo, pero Él mismo no puede ser contenido» (26:1, o Mandamiento 1).

Y sin embargo, el Padre y el Hijo eran socios en la creación:

  • «El Hijo de Dios es más viejo que toda Su creación, de modo que fue consejero con el Padre en Su obra de creación» (89:2, o Parábola 9, Sección 12).

Así, Hermas afirma con los demás que Jesús es el único Dios verdadero, aunque también es distinto del Padre.

Conclusión

La deidad de Cristo no es un desarrollo posterior en la historia de la iglesia. Es el testimonio unánime de los primeros escritores cristianos. La razón de esta creencia es tan extendida entre los primeros escritores cristianos, claro está, es que es tan extendida a través de las ¡mismas Escrituras! La Biblia es suficientemente clara de que Jesús es Dios, y los cristianos de todas las épocas han observado la Palabra de Dios y visto la verdad gloriosa. Así ha sido desde el principio.

Notas a pie de página:

[1] Para más información sobre esto, copie y pegue el enlace (https://carm.org/irenaeus-and-the-watchtower).

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