Los tres oficios de Jesús: profeta, sacerdote y rey

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Jesús es tanto divino como humano al mismo tiempo. Por lo tanto, en la sola persona de Jesús hay dos naturalezas distintas. Esto es llamado la unión hipostática, pero esto no es todo lo que conocemos acerca de la persona y obra de Cristo. Jesús también ocupa tres oficios principales: profeta, sacerdote y rey. En otras palabras, las funciones de Jesús han servido en estos tres oficios. Echemos un vistazo.

Cristo como profeta

Un profeta de Dios es alguien que revela a Dios, habla por Dios y comunica a las personas las verdades que Dios quiere que ellos conozcan. Sin duda, Jesús lo hizo cuando vino a hacer la voluntad del Padre (Lucas 22:42), a revelar al Padre (Mateo 11:27) y a hablar las cosas del Padre (Juan 8:28; 12:49).

En el Viejo Pacto, Moisés registró en Deuteronomio 18:15: «Un profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará el Señor tu Dios; a él oiréis». Esta profecía es mencionada por Pedro en Hechos 3:22-23 en referencia a Jesús: «Moisés dijo: El Señor Dios os levantará un profeta como yo de entre vuestros hermanos; a Él prestareis atención en todo cuanto os diga. 23 Y sucederá que todo el que no preste atención a aquel profeta, será totalmente destruido de entre el pueblo». El contexto de Hechos 3:22 es claro en cuanto a que está hablando de Jesús. En Hechos 3:15, se menciona a Jesús siendo resucitado de entre los muertos. En Hechos 3:16, Jesús le da perfecta sanidad al cojo de nacimiento. Cristo es mencionado en el v. 18 afirmando que, «su Cristo debía padecer». En el v. 20 Jesús es «el Cristo designado de antemano…» El v. 21 menciona cómo Dios habló estas cosas «desde tiempos antiguos». El v. 22, el que cita a Deuteronomio 18:15. El contexto, claramente, es sobre Cristo.

Aún más, Jesús se refiere a Sí mismo como profeta.

  • «En ese momento llegaron unos fariseos diciéndole: Sal y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar. 32 Y Él les dijo: Id y decidle a ese zorro: Yo expulso demonios, y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día cumplo mi propósito. 33 Sin embargo, debo seguir mi camino, hoy, mañana y pasado mañana; porque no puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén» (Lucas 13:31-33).
  • «Y se escandalizaban a causa de Él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa. 58 Y no hizo muchos milagros allí a causa de la incredulidad de ellos» (Mateo 13:57-58).

En Lucas 13:33 Jesús se refiere a Sí mismo como a un profeta porque Él sabe que está para morir, pero no lo puede hacer fuera de Jerusalén. También, en Mateo 13:57, Jesús habla acerca de un profeta solo tiene honra «en su propia tierra y en su casa», razón por la que no hizo milagros en Nazaret. Claramente, Jesús se refiere a Él como profeta.

Cristo como sacerdote

En el Viejo Pacto, los sacerdotes eran quienes ofrecían sacrificios a Dios para limpiar los pecados del pueblo. En última instancia, todos estos sacerdotes eran representaciones de Jesús, que es el Verdadero Sacerdote que se ofreció a Sí mismo como un sacrificio (Efesios 5:2; Hebreos 9:26-27; 10:12) y el que nos limpió de nuestros pecados (1ª Juan 1:7). Pero Jesús es llamado sacerdote según el orden de Melquisedec: «donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho, según el orden de Melquisedec, Sumo Sacerdote para siempre» (Hebreos 6:20).

  • «Pero cuando Cristo apareció como Sumo Sacerdote de los bienes futuros, a través de un mayor y más perfecto tabernáculo, no hecho con manos, es decir, no de esta creación» (Hebreos 9:11).

Como sacerdote, Jesús es nuestro mediador entre Dios y nosotros:

  • «Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre» (1ª Timoteo 2:5).

Podría decirse que tanto el profeta como el sacerdote están entre Dios y los hombres. En el caso del profeta, Él entrega la Palabra de Dios desde arriba hasta abajo. En el caso del sacerdote, Él presenta los sacrificios del pueblo a Dios desde abajo hasta arriba. Entonces, Jesús es un profeta que nos entrega la Palabra de Dios, y también es el sacerdote que entrega Su sacrificio, en nuestro nombre, a Dios el Padre.

Cristo como rey

Un rey es alguien que tiene autoridad para gobernar y reinar sobre un grupo de personas. Jesús es tal rey. Él es llamado el Rey de los judíos por los astrónomos (Mateo 2:2), y Jesús acepta este título: «Y Jesús compareció delante del gobernador, y este le interrogó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices» (Mateo 27:11). En Mateo 21:5 habla de Jesús y dice: «Decid a la hija de Sión: Mira, tu Rey viene a ti, humilde y montado en un asna, y en un pollino, hijo de bestia de carga». Recuerde: Jesús es Rey y él gobierna y juzga:

  • «Y vi el cielo abierto, y he aquí, un caballo blanco; el que lo montaba se llama Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y hace la guerra» (Apocalipsis 19:11).
  • «Y los ejércitos que están en los cielos, vestidos de lino fino, blanco y limpio, le seguían sobre caballos blancos» (Apocalipsis 19:14).

La frase, «reino de Dios» ocurre más de 60 veces en el Nuevo Pacto, la mayoría, en los evangelios sinópticos: «y diciendo: El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio» (Marcos 1:15). Jesús nos enseñó a orar: «Venga tu reino» (Mateo 6:10). ¿Existe algún reino de Dios sin rey? No. Jesús es este rey: «¿Eres tú el Rey de los judíos? Jesús dijo: Tú lo dices».

¿Reducen Sus tres oficios la divinidad de Cristo?

No. Jesús es todavía, completamente divino y humano, aun ahora (Colosenses 2:9), y actualmente sostiene los tres oficios mencionados anteriormente. Es una simple manifestación de la obra de la persona de Cristo quien es profeta, sacerdote y rey. Por cierto, Dios es llamado rey en Salmo 95:3: «Porque Dios grande es el Señor, y Rey grande sobre todos los dioses». Entonces, si no reduce la deidad de Dios al ser llamado rey, entonces tampoco reduce o niega la deidad de Cristo llamándolo rey, o, en realidad, profeta y sacerdote.

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