Si Jesús se Sienta a la Diestra de Dios, ¿no lo Hace Esto Inferior a Dios?

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Por, Luke Wayne
2 de febrero de 2018

No, la posición de Jesús a la diestra del Padre no hace que Jesús sea un ser inferior a Dios el Padre ni contradice la deidad de Jesús. Existen varias posibilidades para este argumento, pero ninguna establece nada que pruebe que Jesús no es divino o que entre en conflicto con una comprensión adecuada de la doctrina de la Trinidad.

El argumento se centra al inicio del Salmo 110:1, el cual se cita con bastante frecuencia en el Nuevo Pacto con referencia a Cristo:

  • «Dice el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies».

Como la mayoría de los argumentos en contra de la Trinidad, los argumentos basados en este versículo generalmente deben hacer una de estas tres cosas:

  1. Malinterpretar en lo que realmente creen los trinitarios.
  2. Asumir falsamente que una diferencia de papel o actividad dentro de la Trinidad debe significar inferioridad en la naturaleza.
  3. Ignora el significado de la encarnación.

Observemos entonces las tres cosas de este argumento que las convierten en errores.

Malinterpretar la Trinidad

La forma más simplista de este argumento, una que he escuchado de muchos testigos de Jehová a lo largo de los años es, la de presentar dos premisas y una conclusión equivocada. Leamos:

  1. El Padre le habla a Jesús, el cual se sienta a la diestra del Padre
  2. Esto significa que Jesús es diferente al Padre
  3. Por lo tanto, Jesús no es Dios

El problema aquí es que la doctrina de la Trinidad declara específicamente que Jesús no es el Padre. Todo el punto de este argumento es mostrar que Jesús y el Padre son personas distintas, ¡pero eso ya es exactamente lo que enseña la doctrina de la Trinidad! La creencia de esta doctrina es que 1) hay un solo Ser que es Dios y 2) que el único Dios ha existido eternamente en tres personas distintas. Así que hechos como en los que el Padre envía al Hijo, el Hijo ora al Padre y el Hijo se sienta a la diestra del Padre son exactamente lo que un trinitario esperaría ver. De hecho, vemos claramente al inicio del evangelio de Juan que Jesús, el Verbo eterno que se hizo carne, es declarado explícitamente tanto el estar con Dios como el de ser Dios, que es exactamente lo que enseña la doctrina de la Trinidad:[1]

  • «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Él estaba en el principio con Dios» (Juan 1:1-2).

Así, el simple hecho de que el Padre y el Hijo se presenten en el Salmo 110:1 como dos personas distintas no es un desafío a la doctrina de la Trinidad.

Suposiciones Falsas Acerca de «Función» Contra «Naturaleza»

Una segunda versión, un poco más reflexiva del argumento, no se basa en la simple distinción entre las personas, sino más bien en su aparente desigualdad de posición. Ellos afirmarán: «Si Jesús está a la diestra del Padre, ¿no indica eso que Jesús es menor que el Padre?». Continúan afirmando que una posición a la diestra de un rey era una posición menor que la del mismo rey. Era un puesto de honor, pero el honor derivaba del hecho de que el rey, siendo el más alto, le permitía a un funcionario menor, un lugar privilegiado al lado de él. Aunque estar sentado a la diestra de Dios era ciertamente un alto cargo, dirán, era una posición menor que la del mismo Dios. Sin embargo, tal conclusión es un gran error.

En primer lugar, debe tenerse en cuenta que, si por naturaleza, uno es superior a la persona que está a su diestra, ¡el Salmo 110 también afirma que el Hijo es superior a Dios! Mientras que el versículo 1 habla del Hijo sentado a la diestra del SEÑOR, más adelante, el Salmo registra:

  • «El Señor está a tu diestra; quebrantará reyes en el día de su ira» (Salmo 110:5).

Se dice también en el versículo que el SEÑOR está a la diestra del Mesías. Por lo tanto, no podemos interpretar la inferioridad en las imágenes de la «mano derecha».

Sin embargo, lo más importante, es abordar la suposición desde la raíz. El hecho de que dos personas tengan papeles o funciones diferentes no significa que una sea inferior a la otra en esencia o ser. Yo estoy sujeto a mi padre terrenal. Existe una sumisión voluntaria y autoridad amorosa en la relación entre nosotros. Sin embargo, ambos somos hombres. Tenemos la misma naturaleza. Somos iguales en esencia, pero nuestras funciones son diferentes. Lo mismo ocurre con mi esposa y yo. Nuestros papeles o funciones en el hogar son muy diferentes, pero somos iguales en valor y en la naturaleza de nuestro ser. ¿Cuánto más sería este el caso en las personas de la Trinidad, tres personas que son literalmente el mismo Ser vivo? Cuando Dios elige actuar en la creación y la redención, las personas de la Trinidad asumen papeles y funciones distintos en la obra divina, pero esta diferencia en el accionar y el papel no significa que el Padre es un ser y el Hijo es una especie de ser diferente y menor. Como explica un erudito trinitario:

  • «Aquí hay una verdad básica y simple que se pierde en la gran mayoría de discusiones (o argumentos) sobre este tema: La diferencia en la función no indica inferioridad de la naturaleza. ¿No es exactamente un concepto trascendental? No lo es, pero la gran mayoría del material producido por aquellos que se oponen a la deidad de Cristo ignora esta verdad básica. ¿Qué quiero decir? Realmente es bastante simple. Tomemos un argumento común contra la deidad de Cristo: ‘El Padre es el Creador de todas las cosas. Él crea a través de Jesús Cristo. Por lo tanto, Jesús Cristo no puede ser completamente Dios’. O aquí hay otro argumento contra la deidad del Espíritu: ‘El Espíritu es enviado para testificar de Jesús Cristo y convencer al mundo de pecado. Debido a que el Espíritu es enviado por el Padre, el Espíritu no puede ser completamente Dios’. Ambos argumentos comparten el mismo error: ignoran la verdad anteriormente citada, en que la diferencia en funciones no indica inferioridad de naturaleza».[2]

Entonces, el lugar del Hijo a la diestra del Padre no hace al Hijo un ser inferior. Simplemente nos dice algo acerca de los papeles y la relación entre las personas de la Trinidad. Las imágenes del Salmo 110 son perfectamente consistentes con la doctrina de la Trinidad y de ninguna manera socavan la deidad de Cristo.

El Significado de la Encarnación

La versión final y más sofisticada del argumento señala al hecho de que el Padre le dice a Jesús que «se siente a mi diestra». Esto involucra, argumentan, que Jesús no estaba previamente a la diestra de Dios, sino que solo ahora estaba siendo elevado a esa posición. Además, señalan el comentario de Pedro sobre el pasaje de Hechos 2:

  • «Así que, exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. 34 Porque David no ascendió a los cielos, pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: «Siéntate a mi diestra, 35 hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies». 36 Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo» (Hechos 2:33-36).

«Exaltado», «habiendo recibido del Padre», «Dios le ha hecho Señor y Cristo». ¿No muestran estas frases que Jesús fue inferior que Dios y que Dios lo exaltó a Su alta posición? Aquí, es importante repetir lo señalado en respuesta a la objeción anterior, que una distinción de papel o función no implica desigualdad en la naturaleza, pero que hay necesidad también, de decir más.

El Salmo 110 es mesiánico. Encuentra su cumplimiento final en el heredero prometido de David, quien reinará para siempre como rey de Israel y Señor de las naciones. Esta profecía no se trata simplemente del Hijo de Dios como una persona eterna en la Deidad Trina, sino más específicamente del Hijo encarnado quien tomó carne y se hizo hombre, «de la descendencia de David según la carne» (Romanos 1:3), a fin de cumplir la promesa de un rey perfecto y justo en la línea de David que expiaría los pecados y reinaría para siempre.

Como lo expresa más tarde el Salmo 110, Él debía ser «sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec» (Salmo 110:4) y también dominar «en medio de tus enemigos» (Salmo 110:2). ¡La promesa es de un sacerdote-rey inmortal! Uno que sirve como sumo sacerdote para hacer expiación y también uno que gobierna y juzga como señor y amo. Es la razón por la que Jesús se hizo hombre. El eterno Hijo de Dios no dejó de ser Dios, pero tomó naturaleza humana y se vistió de carne mortal. Como señalamos anteriormente, el evangelio de Juan comienza con la enseñanza:

  • «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Él estaba en el principio con Dios. 3 Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho» (Juan 1:1-3).

El Verbo es Creador. Él está con Dios y es Dios. Se nos ha dicho:

  • «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Juan 1:14).

Jesús descendió en el estado humilde de humanidad, pero constantemente se nos recuerda:

  • «El que procede de arriba está por encima de todos; el que es de la tierra, procede de la tierra y habla de la tierra. El que procede del cielo está sobre todos» (Juan 3:31).
  • «Y Jesús les decía: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. 24 Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados» (Juan 8:23-24).
  • «Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, es decir, el Hijo del Hombre que está en el cielo» (Juan 3:13).
  • «Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió» (Juan 6:38)
  • «Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo también daré por la vida del mundo es mi carne» (Juan 6:51).

Y de varias otras formas, se nos recuerda que Jesús es el Verbo divino eterno que descendió del cielo y tomó carne humana. Mientras se acercaba a Su muerte en la cruz, oró:

  • «Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera» (Juan 17:5).

Así, el lugar glorioso a la diestra del Padre donde Jesús se resucitó para sentarse fue un regreso. Ascendió para regresar a la gloria celestial de la que se había desprendido por nuestro bien. Como Pablo, cuando escribe a los Filipenses, también nos recuerda:

  • «Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres» (Filipenses 2:5-7).

Jesús existía en forma de Dios, pero tomó la forma de hombre en humildad. Fue Jesús en la carne quien murió por nuestros pecados y como hombre nacido en la línea de David según la carne era que podría ser nombrado Mesías, el rey prometido. Para cumplir la promesa sagrada, Dios el Hijo se hizo hombre. Sufrió la muerte humana, recuperó Su vida humana en la resurrección y ascendió como Dios y Hombre a la diestra del Padre. Él reinará para siempre en el trono de David como nuestro Mesías y Señor. En esto se cumple la promesa del Salmo 110, y nada de esto contradice la doctrina de la Trinidad.

Un Punto de Vista del Salmo 110 en el Nuevo Pacto

Habiendo respondido a la objeción, vale la pena señalar también el caso positivo que el Salmo 110 presenta a la deidad de Jesús a los ojos de los escritores del Nuevo Pacto. En tres de los evangelios, Jesús argumenta el Salmo a Sus críticos:

  • «Estando reunidos los fariseos, Jesús les hizo una pregunta, 42 diciendo: ¿Cuál es vuestra opinión sobre el Cristo? ¿De quién es hijo? Ellos le dijeron*: De David. 43 Él les dijo: Entonces, ¿Cómo es que David en el Espíritu le llama «Señor», diciendo: 44 «Dijo el Señor a mi Señor: “siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies”»? 45 Pues si David le llama «Señor», ¿Cómo es Él su hijo? 46 Y nadie pudo contestarle ni una palabra, ni ninguno desde ese día se atrevió a hacerle más preguntas» (Mateo 22:41-46. Leer también, Marcos 12:35-37 y Lucas 20:41-44).

Entonces, mientras que el Mesías (o el Cristo) es de hecho un hijo de David según la carne, Jesús argumenta que el Salmo 110 prueba que el Mesías también debe ser algo más. David llama al Mesías «Señor» o «Amo». En el mundo antiguo, un padre (y especialmente un rey) no llamaría «amo» a su propio hijo. Para que el Mesías sea el soberano del rey David, debe ser alguien más grande que un simple heredero real del trono de David. Entonces, ¿de quién es Hijo? El punto de Jesús en los evangelios es obviamente que Él es el Hijo de Dios, ¡y en un sentido único y poderoso del término! Cuando llegamos al juicio de Jesús, leemos:

  • «Mas Él callaba y nada respondía. Le volvió a preguntar el sumo sacerdote, diciéndole: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? 62 Jesús dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo con las nubes del cielo. 63 Entonces el sumo sacerdote, rasgando sus ropas, dijo: ¿Qué necesidad tenemos de más testigos? 64 Habéis oído la blasfemia; ¿qué os parece? Y todos le condenaron, diciendo que era reo de muerte» (Marcos 14:61-64. Leer también, Mateo 26:63-66).

Jesús combina la profecía de Daniel 7 del Hijo del Hombre con el Mesías del Salmo 110 que «está sentado a la diestra». ¡Las autoridades ven esto como una blasfemia y exigen la ejecución de Jesús! Comprendieron que se estaba colocando a Sí mismo igual a Dios, no inferior a Dios. Asimismo, durante el juicio de Esteban en el Libro de los Hechos, leemos:

  • «Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios; 56 y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios. 57 Entonces ellos gritaron a gran voz, y tapándose los oídos arremetieron a una contra él. 58 Y echándolo fuera de la ciudad, comenzaron a apedrearle; y los testigos pusieron sus mantos a los pies de un joven llamado Saulo» (Hechos 7:55-58).

Esteban es apedreado por afirmar que Jesús está a la diestra de Dios, como dice el Salmo 110:1. Claramente, no vieron esto como una afirmación de inferioridad a Dios. Hebreos cita varios Salmos con referencia a Jesús:

  • «Pero del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, es por los siglos de los siglos, y cetro de equidad es el cetro de tu reino. 9 Has amado la justicia y aborrecido la iniquidad; por lo cual Dios, tu Dios, te ha ungido con óleo de alegría más que a tus compañeros. 10 Y: Tú, Señor, en el principio pusiste los cimientos de la tierra, y los cielos son obra de tus manos; 11 Ellos perecerán, pero tú permaneces; y todos ellos como una vestidura se envejecerán, 12 y como un manto los enrollarás; como una vestidura serán mudados. Pero tú eres el mismo, y tus años no tendrán fin. 13 Pero ¿a cuál de los ángeles ha dicho jamás: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?» (Hebreos 1:8-13).

El Hijo es directamente llamado Dios, identificado como YHVH y como el creador eterno, y junto a estas citas, el Hijo también es identificado como el que está a la diestra del Padre. Por tanto, la diestra del Padre es una posición de igualdad con el Padre, no de inferioridad. Jesús es Dios, el Verbo eterno, el Hijo divino, la Segunda Persona de la Trinidad. Está sentado a la diestra del Padre en gloria como Señor de todo.

Notas a pie de página:

[1] Para razones más detalladas del por qué fallan las objeciones y traducciones erróneas de los testigos de Jehová en Juan 1:1, vea nuestros artículos: La Palabra y la Watch Tower: una exegesis de Juan 1:1; Juan 1:1: «La palabra era un dios»; ¿Por qué Jesús es llamado la Palabra?
[2] Dr. James White, The Forgotten Trinity (Bethany House Publishers, 1998) 66.

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