Si Jesús ya era Dios, ¿Qué Significa que se le «dio» Autoridad y el Nombre Sobre Todo Nombre?

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Por, Luke Wayne
26 de enero de 2018

La Biblia identifica claramente a Jesús como Dios y específicamente como YHVH, el único Dios verdadero del Viejo Pacto. Jesús afirmó Su propia deidad y también lo hicieron los escritores del Nuevo Pacto[1] y los primeros escritores cristianos posteriores a ellos. Es muy claro que Jesús es y ha sido eternamente Dios. Sin embargo, existen frases sorprendentes que se usan ocasionalmente sobre Jesús que, a nuestros ojos modernos, pueden parecer fuera de lugar con esta realidad eterna. Estos pasajes hablan de que Dios le dio autoridad a Jesús y se le dio el Nombre sobre todo nombre en el momento de Su resurrección. Pero como Dios, ¿no tenía ya toda la autoridad? ¿No poseía ya el Nombre sobre todo nombre? ¿Qué podrían significar estas declaraciones? Resulta que estos pasajes están impregnados de tradición mesiánica y, cuando se consideran en contexto, no presentan contradicción con las afirmaciones más amplias de las Escrituras sobre la deidad de Jesús.

Los Pasajes y la Pregunta

Aquí examinaremos cuatro de los principales pasajes que nos presentan este enigma: Mateo 28:18; Filipenses 2:9-10; Hebreos 1:2-4; Romanos 1:3-4.

¿Toda Autoridad Me Ha Sido Dada?

Mateo 28:18-20 registra la gran comisión, uno de los pasajes más conocidos de las Escrituras entre los cristianos, donde Jesús ordenó a Sus discípulos que hicieran «discípulos de todas las naciones». Pero a veces se pasa por alto la siguiente frase:

  • «Y acercándose Jesús, les habló, diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra» (Mateo 28:18).

Jesús les dice esto cuando les aparece después de Su resurrección, y la implicación obvia es que ahora, en Su resurrección, se le ha sido dada esta autoridad. Sin embargo, no es como si Mateo hubiera presentado a Jesús como alguien sin autoridad divina hasta este momento. En el primer capítulo, Él viene como Emanuel, literalmente «Dios con nosotros» (Mateo 1:23). Él es el hijo de David nacido de una virgen, el Rey Mesías prometido. En el capítulo dos, los magos vienen a adorarlo y honrarlo como rey. Su reinado es anunciado por los profetas (Mateo 2:4-6) e incluso marcado por una estrella en los cielos (Mateo 2:2). La estrella es quizás una referencia a la promesa mesiánica en Números 24:17 de que «una estrella saldrá de Jacob, y un cetro se levantará de Israel». La estrella también puede haber evocado una tradición romana de que una señal celestial marcaba a un rey como divino. De cualquier manera, la estrella implicaba que Jesús ya era rey.

A medida que el evangelio continúa, se nos dice que Jesús habló como alguien con autoridad (Mateo 7:29), autoridad que tenía para perdonar pecados (Mateo 9:6). Un centurión romano demostró su gran fe al creer correctamente en la autoridad de Jesús para que ordenara, a gran distancia, que su siervo fuera sanado (Mateo 8:5-13). El viento y las olas obedecieron las órdenes de Jesús (Mateo 8:27), que eran en realidad una señal de Su deidad. Los demonios temían Su autoridad como Hijo de Dios (Mateo 8:29). ¡Jesús incluso afirmó en varios lugares que Él era el único ante quien todos responderían como juez en el último día! Se podrían multiplicar más ejemplos, pero está muy claro en el evangelio de Mateo que Jesús ya poseía la realeza y la autoridad divina. ¡Incluso el mismo pasaje de Mateo 28 contiene la gran fórmula trinitaria que identifica al Padre, al Hijo y al Espíritu como el único Dios en cuyo nombre bautizamos!

¿Entonces qué quiso decir Jesús al afirmar que se le había dado toda la autoridad en Su resurrección?

¿Le Confirió el Nombre?

Filipenses 2:3-11 llama a los cristianos a la humildad usando el modelo de Cristo el cual vino como hombre, se humilló a Sí mismo hasta la muerte por crucifixión y después fue glorificado. Concluye con las palabras:

  • «Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, 10 para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre» (Filipenses 2:9-11).

Nuevamente, este mismo pasaje reconoce que Jesús «existía en forma de Dios» (Filipenses 2:6), «se despojó a sí mismo … haciéndose semejante a los hombres» (Filipenses 2:7). De hecho, esto es lo que hace de la encarnación un acto de humildad. ¡Que Jesús es Dios es esencial para el significado de este pasaje! Pero entonces, como Dios, ¿no tenía ya el Hijo el Nombre que está sobre todo nombre? ¿En qué sentido se le dio ese Nombre después de sufrir hasta la muerte en la cruz y después de Su resurrección?

¿»… siendo mucho mejor que los ángeles, por cuanto ha heredado un nombre …»?

El capítulo que inicia Hebreos es un pasaje glorioso que presenta la supremacía de Cristo. Incluye las siguientes palabras:

  • » … Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, 4 siendo mucho mejor que los ángeles, por cuanto ha heredado un nombre más excelente que ellos» (Hebreos 1:3b-4).

También habla de «su Hijo, a quien nombró heredero de todas las cosas», y termina la frase, «por medio de quien hizo también el universo» (Hebreos 1:2). De hecho, llama a Jesús «el resplandor de su gloria» y la expresión exacta de su naturaleza», y dice que Él «sostiene todas las cosas por la palabra de su poder» (Hebreos 1:3). Y acerca de Él, cita de los Salmos:

  • «Y: Tú, Señor, en el principio pusiste los cimientos de la tierra, y los cielos son obra de tus manos; 11 Ellos perecerán, pero tú permaneces; y todos ellos como una vestidura se envejecerán, 12 y como un manto los enrollarás; como una vestidura serán mudados. Pero tú eres el mismo, y tus años no tendrán fin» (Hebreos 1:10-12, citando el Salmo 102:25-27).

Este es un Salmo de alabanza a YHVH, el único Dios verdadero de Israel. El autor de Hebreos dice que es Jesús. En otra parte del libro, escribe:

  • «Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos» (Hebreos 13:8).

Por lo tanto, Jesús es inmutable y eterno, el creador y el único Dios verdadero. ¿Entonces, no era Él, mejor que los ángeles? ¿No tenía ya el Nombre más excelente? ¿Qué significa que Él recibió estas cosas «habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados» (Hebreos 1:3), es decir, después de Su muerte y resurrección)?

¿Designado Hijo de Dios?

Finalmente, nuestro último (y más discutible) ejemplo está en Romanos 1:4, donde Pablo escribe:

  • «y que fue declarado Hijo de Dios con poder, conforme al Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos: nuestro Señor Jesucristo».

El problema aquí es la frase que en la mayoría de las traducciones se lee como la anterior versión de la NASB, «quien fue declarado el Hijo de Dios». Sin embargo, otras traducciones importantes, como la NVI y NET (New English Translation), lo traducen como «quien fue designado el Hijo de Dios». La cuestión es la traducción adecuada de la palabra griega «ὁρίζω» (horizó). Literalmente, la palabra significa delimitar por límites (alrededor de una cosa física o de una idea o concepto), pero llegó a usarse como un término para «determinar» o «designar» y ocasionalmente, por extensión, «declarar que alguien es algo».[2] Por lo tanto, existe un precedente para cualquiera de las traducciones y el contexto debe considerarse cuidadosamente, aunque todas las cosas sean iguales, «designado» es la lectura más natural y directa de la palabra en sí. Pablo usó la misma palabra cuando predicó en Atenas en Hechos 17 cuando dijo:

  • «porque Él ha establecido un día en el cual juzgará al mundo en justicia, por medio de un Hombre a quien ha designado, habiendo presentado pruebas a todos los hombres al resucitarle de entre los muertos».

La misma palabra se usa aquí para decir que Jesús es el juez designado de toda la creación, como lo demuestra la resurrección. Por lo tanto, es al menos una lectura meritoria que debe tomarse en serio que Romanos 1:4 afirma que Jesús fue en cierto sentido «designado» el hijo de Dios en la resurrección. Sin embargo, Romanos también declara explícitamente que Jesús es Dios. Las mismas traducciones en las que se lee «designado» como en Romanos 1:4 registran en Romanos 9:5: «el Cristo (es decir, el Mesías), el cual está sobre todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén». Una lectura cuidadosa de Romanos 8:9-11 también demuestra claramente la deidad de Cristo y la Trinidad, y el contraste en Romanos 5:6-9 solo tiene sentido si Jesús es, de hecho, Dios.

Pero si Jesús es el único Dios verdadero, si Su comunión con el Padre es eterna como personas en la Trinidad que comparten el mismo Ser inmutable, ¿Cómo podría Él ser «designado» el Hijo de Dios? Si bien esta traducción es más problemática que las otras, apunta a la misma pregunta básica.

La Respuesta Bíblica: El Hijo Designado y la Autoridad Dada

La respuesta a este problema aparente es encontrada en el lenguaje mesiánico de la profecía en el Viejo Pacto. Con relación a sus descendientes, Dios le promete a David en 2º Samuel 7:12-14:

  • «Cuando tus días se cumplan y reposes con tus padres, levantaré a tu descendiente después de ti, el cual saldrá de tus entrañas, y estableceré su reino. 13 El edificará casa a mi nombre, y yo estableceré el trono de su reino para siempre. 14 Yo seré padre para él y él será hijo para mí. Cuando cometa iniquidad, lo corregiré con vara de hombres y con azotes de hijos de hombres».

De forma similar en Salmo 89:26-29 leemos:

  • «Él clamará a mí: Mi Padre eres tú, mi Dios y la roca de mi salvación. 27 Yo también lo haré mi primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra. 28 Para siempre conservaré mi misericordia hacia él, y mi pacto le será confirmado. 29 Así estableceré su descendencia para siempre, y su trono como los días de los cielos».

Esta promesa es aplicada a toda la línea de David, a todos los que reinarían en su trono después de él y no exclusivamente al Mesías, pero ciertamente se cumple completa y finalmente en el reinado eterno del Mesías. Y aquí vemos que reinar en el trono de David es ser nombrado «hijo de Dios». Si miramos en el contexto de Romanos 1:1-4, leemos:

  • «Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, 2 que Él ya había prometido por medio de sus profetas en las santas Escrituras, 3 acerca de su Hijo, que nació de la descendencia de David según la carne, 4 y que fue declarado Hijo de Dios con poder, conforme al Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos: nuestro Señor Jesucristo».

Entonces, incluso si tomamos «designado» como la mejor traducción en lugar de «declarado», el contexto aquí es de Jesús, quien está en la línea de David y designado como «hijo de Dios». Este es el lenguaje del Viejo Pacto sobre la autoridad real de este. Es una forma poderosa de establecer la autoridad de Jesús como Mesías y Rey. ¡No solo Rey de Israel, sino Rey de las naciones! En el Salmo 2, un Salmo mesiánico citado varias veces en el Nuevo Pacto en referencia a Jesús (incluído en Hebreos 1, otro de nuestros pasajes en cuestión), Dios el Padre le dice al Mesías:

  • «Ciertamente anunciaré el decreto del Señor que me dijo: «Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy. 8 Pídeme, y te daré las naciones como herencia tuya, y como posesión tuya los confines de la tierra» (Salmo 2:7-8).

Esta relación filial del Mesías como rey davídico está directamente relacionada con la idea de herencia, autoridad y reinado de toda la tierra. Curiosamente, el punto que Pablo hace en el próximo versículo de Romanos 1:5-6 es:

  • «por medio de quien hemos recibido la gracia y el apostolado para promover la obediencia a la fe entre todos los gentiles, por amor a su nombre; 6 entre los cuales estáis también vosotros, llamados de Jesucristo».

Pablo es un apóstol (es decir, un «enviado», un «embajador») del Mesías, el Rey Jesús, hijo de David, hijo de Dios, y ha sido enviado para llevar «la obediencia de la fe» a los gentiles (o a los pueblos de las naciones) por causa del Nombre de Jesús. Este lenguaje es bastante consistente. ¡No es de ninguna manera una negación de todas las claras declaraciones bíblicas sobre la deidad de Jesús, sino más bien el cumplimiento del propósito de Su humanidad! Se relaciona con la identidad y misión de la encarnación de Jesús como Mesías. Vemos lo mismo en Mateo 28:16-20:

  • «Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había señalado. 17 Cuando le vieron, le adoraron; mas algunos dudaron. 18 Y acercándose Jesús, les habló, diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. 19 Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».

Las personas están literalmente, «adorando» a Jesús. Esto no es negar Su deidad. ¿Pero qué vemos? Designación divina para la autoridad sobre toda la tierra y el envío de embajadores a las naciones para predicar la fe expresada en el bautismo que conduce a la sumisión obediente a Jesús. Una vez más, todo esto se hace, en el Nombre de Jesús, o, de hecho, en el único Nombre divino del Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Curiosamente, uno de los Rollos del Mar Muerto (4Q175) señala a 2º Samuel 7:12-14, el pasaje citado anteriormente sobre la promesa de Dios a David de preservar su trono y llamar «hijos» a sus reyes descendientes, de hecho, no solo explica que esta promesa encontrará su cumplimiento final en el Mesías, sino que conecta ese cumplimiento con Amós 9:11-12:

  • «En aquel día levantaré el tabernáculo caído de David, repararé sus brechas, levantaré sus ruinas, y lo reedificaré como en tiempo pasado, 12 para que tomen posesión del remanente de Edom y de todas las naciones donde se invoca mi nombre —declara el Señor, que hace esto».

Este es el mismo pasaje que Jacobo cita en Hechos 15:16-18 para mostrar que los gentiles que escuchan el evangelio, se vuelven a Dios en Cristo y reciben el Espíritu sin circuncisión. Siempre ha sido el plan de Dios. Por lo tanto, la predicación del evangelio por aquellos que son enviados en el Nombre de Cristo es la forma en que se cumplirán las profecías acerca de que las naciones vendrán y se someterán a Dios y Su Mesías. Más adelante en el 4T175, también se cita el Salmo 2 con respecto a la era mesiánica. Por lo tanto, los Rollos del Mar Muerto proporcionan evidencia adicional de que estos vínculos bíblicos son precisamente lo que alguien en la era del Nuevo Pacto que conocía las Escrituras del Viejo podría haber visto y entendido en este tipo de lenguaje. Mientras que el término «Hijo de Dios» en el Nuevo Pacto a menudo se refiere a la relación eterna y única de Cristo con el Padre como Dios el Hijo, a veces, en contextos específicos, se basa en el lenguaje mesiánico de la autoridad real otorgada al Mesías como el hijo de David, rey de Israel, quien hereda de todas las naciones.

La Respuesta Bíblica: La Encarnación y los Ángeles

La lectura mesiánica de los Salmos también es relevante con respecto a Hebreos 1 y el estado de Jesús con relación a los ángeles. En la Septuaginta, la antigua traducción griega del Viejo Pacto citada a menudo por los escritores del Nuevo, el Salmo 8:4-6 dice:

  • «digo: ¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes, y el hijo del hombre para que lo cuides? 5 ¡Sin embargo, lo has hecho un poco menor que los ángeles, y lo coronas de gloria y majestad! 6 Tú le haces señorear sobre las obras de tus manos; todo lo has puesto bajo sus pies».

El autor de Hebreos ve un cumplimiento mesiánico especial de este pasaje en Cristo:

  • » Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando. 6 Pero uno ha testificado en cierto lugar diciendo: ¿QUÉ ES EL HOMBRE PARA QUE DE ÉL TE ACUERDES, O EL HIJO DEL HOMBRE PARA QUE TE INTERESES EN ÉL? 7 LE HAS HECHO UN POCO INFERIOR A LOS ÁNGELES; LE HAS CORONADO DE GLORIA Y HONOR, Y LE HAS PUESTO SOBRE LAS OBRAS DE TUS MANOS; 8 TODO LO HAS SUJETADO BAJO SUS PIES. Porque al sujetarlo todo a él, no dejó nada que no le sea sujeto. Pero ahora no vemos aún todas las cosas sujetas a él. 9 Pero vemos a aquel que fue hecho un poco inferior a los ángeles, es decir, a Jesús, coronado de gloria y honor a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios probara la muerte por todos. 10 Porque convenía que aquel para quien son todas las cosas y por quien son todas las cosas, llevando muchos hijos a la gloria, hiciera perfecto por medio de los padecimientos al autor de la salvación de ellos» (Hebreos 2:5-10).

Así, el punto no es que la naturaleza eterna y divina de Jesús fuera de alguna manera inferior a la de los ángeles. El punto es que Jesús vino en humildad y tomó carne humana. Al hacerlo, llegó a ser, como dice Hebreos, «hecho un poco inferior a los ángeles», en la encarnación por causa de la cruz. Luego, en Su humanidad, fue coronado con gloria en la vida de resurrección y se sentó a la diestra del Padre. El propósito no era que Él pudiera obtener algo que le hiciera falta. ¡El propósito era para nosotros! ¡Redimirnos de nuestros pecados para que pudiéramos tener la adopción como hijos de Dios y ser salvos a través de Sus sufrimientos! Cristo llegó a ser, por un período corto de tiempo «un poco inferior a los ángeles» (Hebreos 2:7) para que pudiera, en Su humanidad como el Mesías encarnado, «siendo mucho mejor que los ángeles» (Hebreos 1:4). ¿Por qué?

  • «Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, Él igualmente participó también de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, 15 y librar a los que, por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida. 16 Porque ciertamente no ayuda a los ángeles, sino que ayuda a la descendencia de Abraham. 17 Por tanto, tenía que ser hecho semejante a sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote en las cosas que a Dios atañen, para hacer propiciación por los pecados del pueblo. 18 Pues por cuanto Él mismo fue tentado en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a los que son tentados» (Hebreos 2:14-18).

Por lo tanto, Jesús no fue un hombre por naturaleza elevado a algo más grande. Él era Dios por naturaleza que asumió la humildad en carne humana, el sufrimiento y la muerte para nuestra redención, de modo que nosotros, como seres humanos (si estamos en Él por fe), podamos participar en la subsiguiente glorificación de Su propia humanidad. Esto en realidad es sorprendentemente similar a lo que encontramos en Filipenses 2:5-11:

  • «Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. 8 Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, 10 para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre».

Todo esto tiene sentido siempre y cuando entendamos que Dios es un Ser que existe eternamente en tres personas distintas; Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios el Padre envía a Dios el Hijo que, sin dejar de ser completamente divino, también adquiere una naturaleza humana completa como Jesucristo, el Mesías. Viene humildemente como siervo y enfrenta la humillación de la cruz. Jesús, en Su humanidad como el Mesías, el siervo sufriente, recibe la gloria celestial que nosotros, los que estamos en Él, podremos compartir un día después de nuestros propios días de sufrimiento humilde.

Jesús mismo le oró al Padre:

  • «Yo te glorifiqué en la tierra, habiendo terminado la obra que me diste que hiciera» (Juan 17:4).

Y nos promete:

  • «Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros» (Juan 14:3).

Conclusión

Jesús, como la segunda persona de la Trinidad, fue siempre eterno, divino y, por lo tanto, tenía toda la autoridad, sobre todo. Sin embargo, por amor a nosotros y en sumisión al Padre, se humilló a Sí mismo haciéndose hombre. Como hombre, fue el hijo de David, el legítimo rey de Israel. Sin embargo, al igual que David, quien fue ungido rey y pasó muchos años de sufrimiento y exilio antes de que tomara formalmente su trono, Jesús pasó muchos años como siervo «sin lugar donde recostar Su cabeza», siendo buscado por las autoridades las cuales, finalmente, le quitaron Su vida. Solo después de Su muerte y resurrección Jesús, en Su humanidad, reclamó la autoridad real sobre las naciones que ya estaban en Su derecho y ascendió en la carne para sentarse a la diestra del Padre no solo como Dios sino también como hombre. Por lo tanto y después de Su resurrección, envió a Sus seguidores a todas las naciones para proclamar Su Nombre a todos los pueblos. Solo entonces en ese instante elevó incluso Su naturaleza humana a un lugar por encima de los ángeles. Sellando así nuestra salvación, y estos pasajes, por lo demás problemáticos, señalan a esta verdad.

Notas a pie de página:

[1] Vea, por ejemplo, nuestros artículos acerca de la deidad de Cristo en los escritos de Pablo, Juan, Marcos, Jacobo y Judas.
[2] A Greek-English Lexicon of the New Testament and other Early Christian Literature (BDAG): Third Edition (University of Chicago Press, 2000) 723

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