Una teología de Acción de Gracias

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Por, Luke Wayne
21 de noviembre de 2016

«Y aquel día dirás:
Dad gracias al Señor, invocad su nombre, haced conocer entre los pueblos sus obras,
haced recordar que su nombre es enaltecido» (Isaías 12:4).

Sorprendentemente la Biblia tiene una gran cantidad de cosas por la cual dar gracias. Humilde gratitud hacia Dios por todo lo que Él es y por todo lo que Él ha hecho es un rotundo redoble de tambor de todo el pueblo de Dios a través de las Escrituras. Exaltar las misericordias de Dios y las obras de Sus manos es un aspecto esencial de la adoración bíblica. Declarar la bondad de Dios a los demás para que ellos también honren a Dios en acción de gracias es fundamental para la proclamación bíblica. Las maravillas y gracia de Dios son abundantes, y Él desea correctamente que las naciones sean agradecidas en sus corazones y lo alaban a Él con sus bocas. Tenemos mucho de qué estar agradecidos, y Dios es digno de nuestra máxima gratitud en todas las cosas. El cristiano debe ser una persona agradecida.

Ingratitud y pecado

La Biblia hace una conexión directa entre la ingratitud y la pecaminosidad humana. Por ejemplo, Pablo escribió:

  • «Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido» (Romanos 1:21).

Posteriormente Pablo traza a partir de esto, todo tipo de pecados a los que se entregan hombres y mujeres en su ceguera por la ingratitud de sus corazones (Romanos 1:22-32). No es de extrañar que veamos a Pablo intentando acción de gracias hacia el único Dios verdadero como parte de su anuncio sobre el evangelio. Por ejemplo, cuando los hombres paganos de Listra confundieron a Pablo y Bernabé con dioses, Pablo gritó:

  • «y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis estas cosas? Nosotros también somos hombres de igual naturaleza que vosotros, y os anunciamos el evangelio para que os volváis de estas cosas vanas a un Dios vivo, que hizo el cielo, la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay; 16 el cual en las generaciones pasadas permitió que todas las naciones siguieran sus propios caminos; 17 y sin embargo, no dejó de dar testimonio de sí mismo, haciendo bien y dándoos lluvias del cielo y estaciones fructíferas, llenando vuestros corazones de sustento y de alegría» (Hechos 14:15-17).

Pablo apela a la bondad manifiesta de Dios para persuadirlos de que se vuelvan de su idolatría y que presten atención al evangelio que él y Bernabé están predicando. Pablo también les explica a los de Corintio que uno de sus motivos en la predicación del evangelio es glorificar a Dios al difundir acción de gracias:

  • «Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: Creí, por tanto hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos; 14 sabiendo que aquel que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros. 15 Porque todo esto es por amor a vosotros, para que la gracia que se está extendiendo por medio de muchos, haga que las acciones de gracias abunden para la gloria de Dios» (2ª Corintios 4:13-15).

Sólo en la gracia de Jesús Cristo podemos regresar a un adecuado lugar de humilde gratitud delante del Dios vivo. Claro está, que la ingratitud está cercanamente asociada con el orgullo. Un espíritu altivo es un espíritu ingrato, y esta tendencia arrogante e ingrata es una causa central de todas las formas de pecado y rebelión. ¿No lo vemos hoy? ¿Los que rechazan a Dios no don también los que lo injurian por todos los sufrimientos en el mundo mientras que no le agradecen lo más mínimo a Dios por todo lo bueno? Esto no es nada nuevo. El Libro de Job se lamenta:

  • «A causa de la multitud de opresiones claman los hombres; gritan a causa del brazo de los poderosos. 10 Pero ninguno dice: ¿Dónde está Dios mi Hacedor, que inspira cánticos en la noche, 11 que nos enseña más que a las bestias de la tierra, y nos hace más sabios que las aves de los cielos?. 12 Allí claman, pero Él no responde a causa del orgullo de los malos. 13 Ciertamente el clamor vano no escuchará Dios, el Todopoderoso no lo tomará en cuenta» (Job 35:9-13).

Incluso nuestra capacidad racional de lidiar con el significado de sufrimiento, nuestro conocimiento que nos separa de los simples animales, es una bendición de Dios que tales hombres dan por sentado usándolo solo para despreciar y blasfemar al Dios que se lo dio. Esto no debería sorprendernos. ¿No fue el mismo primer pecado contemplar un hermoso y perfecto jardín de provisión de vida pero en lugar de estar agradecidos por todo lo que Dios había dado, persistieron en alcanzar la única cosa que Dios no les había dado? El pecado fluye del orgullo desagradecido.

Gratitud y el cristiano

Dios, en Cristo Jesús hace nuevos nuestros corazones y nos llama por fe a un mejor camino. Pablo escribe a los filipenses:

  • «Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez lo diré: ¡Regocijaos! 5 Vuestra bondad sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. 6 Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios» (Filipenses 4:4-6).

Y de igual manera a los tesalonicenses:

  • «Estad siempre gozosos; 17 orad sin cesar; 18 dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús» (1ª Tesalonicenses 5:16-18).

En Su misericordia, Dios ha redimido a un pueblo pecaminoso e ingrato y nos ha hecho suyos, y nos llama a estar humildemente agradecidos con Él. Pablo instruyó a los efesios:

  • «ni obscenidades, ni necedades, ni groserías, que no son apropiadas, sino más bien acciones de gracias» (Efesios 5:4).

Y pasó a decirles que deberían ser:

  • «dando siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre» (Efesios 5:20).

De igual manera, el autor de Hebreos declara:

  • «Por tanto, ofrezcamos continuamente mediante Él, sacrificio de alabanza a Dios, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre» (Hebreos 13:15).
  • «Por lo cual, puesto que recibimos un reino que es inconmovible, demostremos gratitud, mediante la cual ofrezcamos a Dios un servicio aceptable con temor y reverenciar» (Hebreos 12:28).

Entonces, ser cristiano, significa ser una persona agradecida y humilde que se gloríe en la bondad de Dios aun en medio de nuestros problemas. Aún más, nuestra proclamación del evangelio debe estar llena con nuestro agradecimiento a Dios y dirigir esta proclamación a cultivar una gratitud piadosa en aquellos que vendrán a Dios a través de la obra consumada de Cristo. ¡Nuestro Dios misericordioso es la fuente y objeto de nuestra gratitud, y debemos darlo a conocer en todos los rincones del mundo! Como es lógico, los Salmos están llenos de agradecida alabanza a Dios. La gratitud es central en la adoración. ¡Lo que podría sorprenderle son las frecuentes promesas de predicar acción de gracias al mundo! Tenga en cuenta solo algunos ejemplos:

  • «Alabaré al Señor con todo mi corazón. Todas tus maravillas contaré» (Salmo 9:1).
  • «Por tanto, te alabaré, oh Señor, entre las naciones, y cantaré alabanzas a tu nombre» (Salmo 18:49).
  • «proclamando con voz de acción de gracias y contando todas tus maravillas» (Salmo 26:7).
  • «Te alabaré entre los pueblos, Señor; te cantaré alabanzas entre las naciones» (Salmo 57:9).
  • «Y nosotros, pueblo tuyo y ovejas de tu prado, te daremos gracias para siempre; a todas las generaciones hablaremos de tu alabanza» (Salmo 79:13).

La acción de gracias no es algo que solo sentimos o algo que le decimos a Dios en nuestra oraciones privadas o en nuestra adoración con otros creyentes. La acción de gracias a Dios es algo que predicamos a las naciones y llamamos a las personas para que participen en esta. La gracia de Dios debe ser predicada a todos los pueblos, para que se arrepientan de sus pecados y se acerquen a Dios en gratitud por Su misericordia en Cristo Jesús. Al llevar esta verdad al mundo, oremos junto con las huestes del cielo:

«diciendo: ¡Amén! La bendición, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén» (Apocalipsis 7:12).

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