Los amish y la salvación

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Por, Luke Wayne
28 de septiembre de 2018

Muchos amish creen que la salvación se obtiene, no sólo a través de la fe en Jesús, sino también por medio de un proceso de obediencia de por vida, a los padres, a la autoridad de la iglesia, a las normas de la comunidad y al «bautismo del pacto».[1] Como lo establece un líder amish: «La salvación es un proyecto gradual».[2] Debe notarse que también hay amish que creen en la salvación por gracia a través de la fe y quienes ven una vida humilde y obediente como el fruto de justicia de la regeneración. Sin embargo, para la gran mayoría, tal clase de vida es una parte necesaria para obtener la salvación.

Los amish utilizan la Confesión de Fe de Dordrecht, una composición menonita alemana de 1632. En el artículo 6, estable que:

  • «Creemos y confesamos que debido a que la intención del corazón del hombre es mala desde su juventud y, por consecuencia, inclinada a toda injusticia, pecado y maldad, la primera lección del precioso Nuevo Pacto del Hijo de Dios es el arrepentimiento y rectificación de vida, y que por lo tanto, aquellos que tienen oídos para oír y corazones para entender, deben producir fruto digno del arrepentimiento, rectificar sus vidas, creer el evangelio, apartarse del mal y hacer el bien, desistir de la injusticia, dejar de pecar, despojarse del viejo hombre con sus obras y revestirse del nuevo, el cual es creado conforme a Dios en justicia y verdadera santidad: porque ni el bautismo, ni la cena, ni la iglesia ni ninguna ceremonia externa, puede, sin fe, regeneración, cambio o renovación de vida, aprovechar cualquier cosa para agradar a Dios o para obtener de Él algún consuelo o promesa de salvación; pero debemos ir a Dios con un corazón recto y en perfecta fe, y creer en Jesús Cristo, como dice la Escritura, y testificar de Él; a través de cuya fe obtenemos el perdón de pecados, somos santificados, justificados y hechos hijos de Dios, sí, participamos de Su mente, naturaleza e imagen, como nacidos de nuevo de Dios desde arriba, a través de una semilla incorruptible».

No es difícil ver aquí, que hay espacio para dos interpretaciones. Esto se puede leer de una manera que enfatiza la fe y la regeneración y considera que el arrepentimiento y la reforma total de la vida como el resultado necesario que siempre se obtendrá de esto. En otras palabras, todos los que verdaderamente creen en Cristo y son hechos nuevos serán salvos. Sin embargo, este párrafo también podría leerse como si dijera, que además de la fe y la regeneración, uno debe también arrepentirse y reformar su propia vida como un requisito separado y adicional para alcanzar la vida eterna. Si se lee de esta manera, uno coloca esta «rectificación de vida», como algo que uno debe hacer más allá de la gracia de Dios y, por lo tanto, agregar obras a la salvación.

Leído de la manera anterior, esta afirmación es cierta. Cada persona salvada se arrepentirá de sus pecados y su vida será transformada. Leído de esta última manera, esto agrega una necesidad de obras para ganar nuestra salvación y crea un evangelio diferente que contradice las Escrituras:

«Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe. 10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas» (Efesios 2:8-10).

Note que la salvación es por gracia a través de la fe, «no por obras»; más bien, andaremos en buenas obras, preparadas por Dios «de antemano». Nuestra vida es, de hecho, transformada, pero esto se debe a la regeneración; pero esta transformación no es una forma de obtener la salvación. Cuando a Jesús le preguntaron, «Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?» (Juan 6:28), respondió:

  • «Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios: que creáis en el que Él ha enviado» (Juan 6:29).

Jesús también dijo:

  • «Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá, 26 y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?» (Juan 11:25-26).

En el mismo evangelio, también se explica:

  • «Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que sea levantado el Hijo del Hombre, 15 para que todo aquel que cree, tenga en Él vida eterna. 16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él. 18 El que cree en Él no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios» (Juan 3:14-18).

La comparación hecha aquí, es el registro de Números 21:1-9, donde Dios juzgó a Israel por el pecado de ellos, a través de una plaga de serpientes ardientes que mordían al pueblo. Posteriormente, Dios le ordenó a Moisés que hiciera una serpiente de bronce, diciéndole que cualquiera que mirara a la serpiente, viviría. De la misma forma, Juan registró esto: Cuando el Hijo del Hombre sea «levantado» en la cruz, cualquiera que crea en Él será salvo del pecado y la muerte.

Sin embargo, Juan también registra:

• «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos» (Juan 14:15).

Y:

  • «El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre; y yo lo amaré y me manifestaré a él» (Juan 14:21).

Posteriormente, Juan hace eco de esto en sus cartas:

  • «Porque este es el amor de Dios: que guardemos sus mandamientos, y sus mandamientos no son gravosos» (1ª Juan 5:3).
  • «Y este es el amor: que andemos conforme a sus mandamientos. Este es el mandamiento tal como lo habéis oído desde el principio, para que andéis en él» (2ª Juan 1:6).

Así que somos salvos por la fe en Cristo, pero esa fe producirá en nosotros una obediencia nacida del amor. La gracia de Dios a través de la fe es la base de nuestra salvación. Las buenas obras son el fruto de esa gracia. Si nos equivocamos y afirmamos que las obras son requeridas para obtener la gracia de Dios o además de la gracia de Dios para que seamos salvos, estamos negando, de hecho, la gracia.

  • «Pero si es por gracia, ya no es a base de obras, de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra» (Romanos 11:6).

Finalmente, debemos notar que incluso cuando hablamos de buenas obras, estamos hablando de los mandamientos de Dios, los estatutos establecidos en las Escrituras. No estamos hablando de tradiciones humanas que han sido agregadas a esto. Todo el mundo tiene tradiciones, y en sí mismas, las tradiciones no son malas, pero en el momento en que elevamos nuestras tradiciones al mismo nivel de los mandamientos de Dios, mucho menos decir que nuestras tradiciones deben conservarse para poder ser salvos, hemos convertido nuestras tradiciones en un falso evangelio y una falsa religión. Para los amish y prójimo que son parte de congregaciones que creen de esta manera, ellos están en una religión falsa y en una desesperada necesidad del evangelio, y debemos preocuparnos lo suficiente por ellos para traerlos al verdadero evangelio.

Notas a pie de página:

[1] Joe Keim, «Amish: Our Friends, But Are They Believers?» (Mission to Amish People, 2016) 56-69.
[2] Donald B. Kraybill, Karen M. Johnson-Weiner, Steven M. Nolt, «The Amish» (John Hopkins University Press, 2013) 70.

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