Los amish y la separación del mundo

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Por, Luke Wayne
26 de septiembre de 2016

Un concepto central detrás de gran parte del estilo de vida y práctica amish es la idea de la separación del mundo. Por supuesto, los amish estarían de acuerdo en que esto significa estar separado de las prácticas mundanas abiertamente impías como el asesinato, el adulterio, la fornicación, el engaño, el fraude, la idolatría y muchas otras cosas que, evidentemente, son condenadas como pecaminosas en las Escrituras. Sin embargo, para la mayoría de los amish, la idea de la separación del mundo se extiende más allá de esto. Para los amish, el conformarse con las normas culturales aparentemente benignas de la moda, el peinado y ciertas comodidades de la vida secular moderna reflejan un deseo de ajustarse al mundo que lo rodea y abrirse a la influencia mundana. Las tecnologías de la comunicación y el transporte animan a las personas a vivir cada vez más separadas unas de otras, destruyen la comunidad y promueven un énfasis en la individualidad que fluye del egoísmo y el orgullo. Un hogar eléctrico y todas las comodidades que lo acompañan, le dan a uno, una sensación de autosuficiencia que destruye la confianza de la familia, los vecinos y la iglesia local. Esto también promueve el orgullo y el interés propio. En resumen, los amish creen que la separación del mundo no solo significa la separación de los aspectos explícitamente inmorales del mundo incrédulo, sino también el separarse uno mismo, tanto como sea posible, de toda la forma de vida del mundo y de vivir totalmente diferente al mismo mundo. Hay una cierta lógica en esto, pero, de hecho, se cae en una trampa contra la cual las Escrituras nos advierten. Irónicamente, el apóstol Pablo señala que tal enseñanza es en sí misma mundana.

«Si habéis muerto con Cristo a los principios elementales del mundo, ¿por qué, como si aún vivierais en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: 21 no manipules, no gustes, no toques 22 (todos los cuales se refieren a cosas destinadas a perecer con el uso), según los preceptos y enseñanzas de los hombres? 23 Tales cosas tienen a la verdad, la apariencia de sabiduría en una religión humana, en la humillación de sí mismo y en el trato severo del cuerpo, pero carecen de valor alguno contra los apetitos de la carne» (Colosenses 2:20-23).

Curiosamente, la lógica bíblica es en realidad que, si usted ha muerto al mundo, el resultado debería ser que NO establezca mandamientos extra-bíblicos con respecto a cosas frívolas y materiales. Los caminos del mundo no consisten en lo que se come, lo que se viste o los dispositivos que se usan. Sin embargo, los caminos del mundo incluyen, el impulso religioso de envolver nuestra justicia en tales cosas. Mientras que el creyente puede pecar en el área de la comida a través de la gula, el Nuevo Pacto no especifica los tipos de comida que deben ser rechazados. De forma similar, aunque el cristiano puede pecar en el área de la vestimenta a través de la falta de vergüenza e indecencia, no se exige ningún estilo particular de vestimenta. Un cristiano puede ciertamente usar la tecnología para separarse del pueblo de Dios, para distraerse de la Palabra de Dios o para acceder a la inmoralidad como la pornografía; pero el pecado no está en la tecnología, sino en el uso particular que se da a la misma.

Esto no quiere decir que no debemos tomar en serio los textos bíblicos sobre la separación del mundo. ¡Claro que sí debemos! Pero para hacerlo, debemos entender lo que la Biblia considera mundano. De eso es de lo que tenemos que separarnos. Como hemos visto, inventar nuevos mandamientos para prohibir los aspectos mundanos de la cultura material es mundano. En sí mismos, los aspectos mundanos de la cultura material no son, por naturaleza, mundanos.

Los amish se basan principalmente en cuatro textos bíblicos para apoyar su idea de la separación del mundo. Consideremos brevemente cada uno:

No os adaptéis/No os conforméis

  • «Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto» (Romanos 12:2).

Este versículo sigue los pasos de la advertencia de Pablo de que nosotros, como iglesia, nos presentamos como un sacrificio vivo. Se trata principalmente de no ajustarse a los caminos divisorios del mundo, el cual, se divide en sí mismo entre judíos y gentiles, griegos y bárbaros, sabios y tontos, etc.

  • «Porque no hay distinción entre judío y griego, pues el mismo Señor es Señor de todos, abundando en riquezas para todos los que le invocan» (Romanos 10:12).

El contexto de Romanos 12 es un llamado a unirnos como un solo pueblo de Jesús Cristo y a estar unidos en servicio y amor. A medida que uno lee cuidadosamente el capítulo, este, se vuelve más claro. Si el pasaje está interesado por la ropa, es solo para asegurarse de que su hermano cristiano tenga algo que ponerse (12:13). Los amish tienen razón en preocuparse por los peligros del individualismo y la violencia que esto causa a la comunidad cristiana piadosa, ¡y Romanos 12 es quizás el primer lugar al que yo acudiría para aclarar ese punto! Sin embargo, su solución no solo es totalmente diferente de la solución que ofrece Pablo, sino que, irónicamente, impulsa una separación entre ellos y los cristianos de todas las clases del mundo. Crea una forma de la misma división y elitismo que intentaron evitar. Este pasaje es vital en que cada cristiano debería aprender y esforzarse, pero simplemente no enseña la separación de los estilos de vestir o las tecnologías. Es nuestra mente la que necesita renovarse, no nuestros armarios.

No améis al mundo

  • «No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él» (1ª Juan 2:15).

Primeramente, debemos notar que lo más importante aquí es a quién o qué amamos. Juan acaba de escribir un poco antes en el mismo capítulo:

  • «El que ama a su hermano, permanece en la luz y no hay causa de tropiezo en él. 11 Pero el que aborrece a su hermano, está en tinieblas y anda en tinieblas, y no sabe adónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos» (1ª Juan 2:10-11).

Y posteriormente, escribirá:

  • «Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto» (1ª Juan 4:20).

Si usted ama a Dios, amará a su hermano. El amor piadoso del evangelio produce necesariamente amor para el hermano de uno. Existe una relación directa y positiva entre el amor de Dios y el amor de hermano. Contrariamente, existe una relación negativa directa entre el amor de Dios y el amor del mundo. Como leemos en 2:15: «Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él». Si tiene una verdadera fe salvadora, esta le llevará a amar a su hermano, y también lo llevará a no amar al mundo. Pero ¿qué significa amar al mundo? Los versículos 16 y 17 siguen inmediatamente con la explicación adicional:

  • «Porque todo lo que hay en el mundo, la pasión de la carne, la pasión de los ojos y la arrogancia de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 17 Y el mundo pasa, y también sus pasiones, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre» (1ª Juan 2:16-17).

En este contexto, el amor al mundo es desear cosas fugaces y temporales de esta vida. Aquí, la principal preocupación es el amor hacia estas cosas. Son nuestros deseos los que son mundanos y problemáticos. Todo esto encaja perfectamente. Note lo que Juan escribe en el siguiente capítulo:

  • «Pero el que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano en necesidad y cierra su corazón contra él, ¿cómo puede morar el amor de Dios en él?» (1ª Juan 3:17).

Note que Juan asume que los creyentes tienen «bienes de este mundo». No hay nada problemático en poseer estos bienes, aunque sean definitivamente «en este mundo… y de este mundo». El problema no es tenerlos; el problema es amarlos. Si ama a su hermano, de forma libre, renunciará a los bienes en este mundo para él cuando lo necesite. Usted no se preocupa por los bienes que posee; se preocupa por su hermano. Sin embargo, si ama al mundo, cerraría entonces su corazón a su hermano y así, conservaría sus bienes. Usted no puede amar los bienes que tiene en este mundo y amar a su hermano al mismo tiempo. Con el tiempo, la vida expondrá a quién ama usted verdaderamente, al renunciar a alguno por el bien del otro. Esta es la razón por la que, quien ama a Dios necesariamente amará a su hermano y también, necesariamente no amará al mundo. Son dos caras de la misma moneda.

Pablo señala un punto similar sobre el dinero cuando registra:

  • «Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, por el cual, codiciándolo algunos, se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores» (1ª Timoteo 6:10).

Y continúa:

  • «A los ricos en este mundo, enséñales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, el cual nos da abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos. 18 Enséñales que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, generosos y prontos a compartir» (1ª Timoteo 6:17-18).

Pablo no está diciendo que los cristianos deben evitar todo uso del dinero, más bien, que no deben amar el dinero y, en cambio, deben ser generosos y estar dispuesto a compartir libremente por el bien de los necesitados. Como dijo Jesús:

  • «Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas» (Mateo 6:24).

Salid de en medio de ellos

  • «No estéis unidos en yugo desigual con los incrédulos, pues ¿qué asociación tienen la justicia y la iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblas? 15 ¿O qué armonía tiene Cristo con Belial? ¿O qué tiene en común un creyente con un incrédulo? 16 ¿O qué acuerdo tiene el templo de Dios con los ídolos? Porque nosotros somos el templo del Dios vivo, como Dios dijo: Habitaré en ellos, y andaré entre ellos; y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. 17 Por tanto, salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor; y no toquéis lo inmundo, y yo os recibiré. 18 Y yo seré para vosotros padre, y vosotros seréis para mí hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso» (2ª Corintios 6:14-18).

Este es, sin lugar a duda, un llamado para que los cristianos sean personas diferentes y separadas del mundo, y este es un pasaje que las iglesias e individuos cristianos necesitan tomar muy en serio. Sin embargo, el llamado no es vestirse de manera diferente a los no creyentes o cocinar sobre una fuente de calor diferente o manejar un tipo diferente de vehículo. El llamado es a ser santo. Pablo lo explica en el siguiente versículo:

  • «Por tanto, amados, teniendo estas promesas, limpiémonos de toda inmundicia de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios» (2ª Corintios 7:1).

En uno de los primeros escritos cristianos fuera del Nuevo Pacto, un apologista cristiano sin nombre escribió explicando el cristianismo a un incrédulo. Su descripción de la comunidad cristiana es un ejemplo increíble de lo que Pablo está hablando aquí y un poderoso contraste con la interpretación amish:

  • «Porque los cristianos no se distinguen de otros hombres ni por país, ni por idioma, ni por las costumbres que observan. Porque no habitan en sus propias ciudades, ni emplean una forma peculiar de hablar, ni llevan una vida que está marcada por alguna singularidad. El curso de conducta que siguen no ha sido ideado por algún tipo de especulación o deliberación de hombres curiosos; ni ellos, como algunos, se proclaman defensores de alguna doctrina simplemente humana. Pero, viviendo tanto en ciudades griegas como en bárbaras, según lo que ha determinado cada una de estas, y siguiendo las costumbres de los nativos con respecto a la vestimenta, la comida y el resto de su conducta ordinaria, nos muestran su belleza confesando su llamativo método de vida. Viven en sus propios países, pero simplemente como peregrinos. Como ciudadanos, comparten todas las cosas con los demás y, sin embargo, soportan todas las cosas como si fueran extranjeros. Cada tierra extranjera es para ellos como su país natal, y cada tierra donde nacieron, es como una tierra de extraños. Se casan, como hacen todos [los demás]; engendran hijos; pero no destruyen a su descendencia. Tienen una mesa común, pero no una cama común. Están en la carne, pero no viven según la carne. Pasan sus días en la tierra, pero son ciudadanos del cielo. Ellos obedecen las leyes prescritas, y al mismo tiempo superan las leyes por sus vidas. Aman a todos los hombres, y son perseguidos por todos. Son desconocidos y condenados; los matan, y los restauran a vida. Son pobres, pero hacen muchos ricos; carecen de todas las cosas y, sin embargo, abundan en todas; son deshonrados, y sin embargo en su deshonra son glorificados. Se habla mal de ellos, y sin embargo están justificados; son vilipendiados y bendecidos; son insultados, y pagan el insulto con honor; hacen el bien, sin embargo, son castigados como malhechores. Cuando son castigados, se regocijan como si fueran vivificados; son asaltados por los judíos como extranjeros, y son perseguidos por los griegos; sin embargo, aquellos que los odian son incapaces de señalar alguna razón para su odio» (Epístola a Diogneto, Capítulo V).

Los primeros cristianos se vestían la misma ropa, comían los mismos alimentos, hablaban el mismo idioma y utilizaban las mismas herramientas que el mundo que los rodeaba. No eran personas separadas en un sentido mundano. Lo que eran es algo mucho más extraordinario. Eran un pueblo diferente del mundo a través de su piedad y su devoción mostrada entre sí y con la verdad.

Enemistad con Dios

  • «¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad hacia Dios? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios» (Jacobo 4:4).

A estas alturas no debería ser difícil adivinar que la «amistad del mundo» no se trata de estufas eléctricas o de hebillas de cinturón. Pero echemos un vistazo a lo que Jacobo tiene en mente aquí. El pasaje comienza:

  • «¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre vosotros? ¿No vienen de vuestras pasiones que combaten en vuestros miembros? 2 Codiciáis y no tenéis, por eso cometéis homicidio. Sois envidiosos y no podéis obtener, por eso combatís y hacéis guerra. No tenéis, porque no pedís. 3 Pedís y no recibís, porque pedís con malos propósitos, para gastarlo en vuestros placeres» (Jacobo 4:1-3).

Como en 1ª Juan el enfoque está en el deseo de cosas terrenales en vez del amor por el hermano humilde. Jacobo advierte anteriormente:

  • «Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión. 15 Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte» (Jacobo 1:14-15).

Y:

  • «La religión pura y sin mácula delante de nuestro Dios y Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y guardarse sin mancha del mundo» (Jacobo 1:27).

Jacobo 2 empieza con una advertencia contra el pecado cometido por algunos cristianos quienes tratan bien a los ricos y descuidadamente a los pobres. Jacobo refuerza esto, escribiendo:

  • «Si un hermano o una hermana no tienen ropa y carecen del sustento diario, 16 y uno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve?» (Jacobo 2:15-16).

El capítulo 3 también nos advierte:

  • «¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Que muestre por su buena conducta sus obras en mansedumbre de sabiduría. 14 Pero si tenéis celos amargos y ambición personal en vuestro corazón, no seáis arrogantes y así mintáis contra la verdad. 15 Esta sabiduría no es la que viene de lo alto, sino que es terrenal, natural, diabólica. 16 Porque donde hay celos y ambición personal, allí hay confusión y toda cosa mala» (Jacobo 3:13-16).

Entonces, la amistad con el mundo no es por usar las mismas herramientas diarias y vestir la misma ropa que los incrédulos, más bien, es moverse con los mismos valores y perseguir los mismos objetivos egoístas. Si empujamos a nuestro hermano debajo de un autobús para obtener el favor de un incrédulo, demostramos ser amigos del mundo y, por lo tanto, enemigos de Dios. Si vivimos cómodamente mientras nuestro hermano está en necesidad, de igual manera, estamos entablando una amistad pecaminosa con el mundo y cometiendo adulterio contra nuestro creador. Nada de esto condena la computadora o el teléfono inteligente que está utilizando para leer este artículo en este momento.

Conclusión

Los amish han malinterpretado estos pasajes y han construido una infraestructura completa de tradiciones no bíblicas alrededor de esta mala interpretación. Para muchos amish, esto ha llevado a un falso evangelio donde su estilo de vida cultural se ha convertido en un elemento necesario de su supuesto camino al cielo. Porque tales hombres y mujeres podrían necesitar arrepentirse de estas tradiciones como parte de dejar una religión falsa y venir a la verdadera fe en Cristo. Sin embargo, debemos ser cuidadosos de no caer en el mismo error al decirles a todos los amish que tienen que dejar de vestirse y vivir como ellos y, en cambio, vivir y vestirse como el resto de nosotros si quieren ser verdaderos cristianos. Puede que no haya ningún mandato bíblico contra los autos y la electricidad, pero tampoco hay un mandato bíblico para estos. Amish es tanto una cultura como una religión, y existen comunidades amish verdaderamente cristianas y centradas en el evangelio. Hay espacio en la obra del reino de Dios para los cristianos que hablan holandés de Pensilvania y arados con caballos. Mientras no insistan en que tales excentricidades sean elementos obligatorios del evangelio o sean mandamientos que deben obedecerse para ser salvos, no debemos agregar piedra de tropiezo por nuestras propias tradiciones culturales cuando sean llamados a la fe. Si es meramente una cultura voluntaria, está dentro de la libertad cristiana y no hay necesidad de corregirla. Podemos ser diferentes y seguir siendo hermanos. Eso es lo que nos hace separarnos del mundo.

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