¿Importa que Buda Estuviera Mucho Antes que Jesús?

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Por, Luke Wayne
3 de abril de 2016

Mientras que en el occidente moderno, lo que las personas generalmente valoran más, es lo que es nuevo, novedoso, y descubierto recientemente a través de estudios y metodologías, en el budista oriental, no es con frecuencia, el caso. Es común entre los budistas asiáticos considerar el hecho de que Siddhartha Gautama (el hombre conocido como Buda), vivió y enseñó casi 500 años antes que Jesús caminara en la tierra, un argumento a favor de la verdad y valor del budismo sobre el cristianismo. Generalmente, estas culturas ven la sabiduría más antigua y probada por el tiempo, como más venerable y más cercana a la verdad. Si bien, hay que señalar que ni la novedad ni algo de origen antiguo son, de hecho, buenos argumentos en sí mismos para la verdad de una idea o enseñanza, también vale la pena señalar que el evangelio cristiano es, de hecho, una sabiduría más antigua que el budismo.

Los profetas y el evangelio antiguo

Si bien es un hecho normal en la historia que el fundador del budismo, efectivamente enseñó siglos antes que el ministerio terrenal de Jesús, este no es el cuadro completo. El evangelio fue predicado por los profetas de Dios aún más temprano que el budismo. Mucho antes que Siddhartha Gautama naciera en la India, el profeta Isaías proclamó que el Mesías sería Dios encarnado: «Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz» (Isaías 9:6), nacería de una virgen y sería llamado Emmanuel, «Dios con nosotros» (Isaías 7:14); sería sin pecado, pero moriría por los pecados de otros y resucitaría de entre los muertos en gloria, poder y victoria (Isaías 53); que la salvación estaría en volverse a Él y en confiar en Él (Isaías 30:15); y que los arrepentidos serían redimidos y aquellos que permanezcan en sus pecados serán juzgados (Isaías 1:27-28). Este es el evangelio cristiano, predicado no sólo antes de la venida de Jesucristo, sino también, antes de Buda. Jesús no vino a introducir esta realidad: Él vino a cumplirla.

Esta es la razón por la que el apóstol Pablo escribe:

  • «Ahora os hago saber, hermanos, el evangelio que os prediqué, el cual también recibisteis, en el cual también estáis firmes, 2 por el cual también sois salvos, si retenéis la palabra que os prediqué, a no ser que hayáis creído en vano. 3 Porque yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4 que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras» (1ª Corintios 15:1-4).

Note que Pablo no reportó simplemente que esas cosas ocurrieron, sino que estas ocurrieron, «conforme a las Escrituras». El evangelio es que fue escrito mucho antes, y cumplido totalmente en la persona de Jesús. Él mismo nos enseñó esto:

  • «Y les dijo: Esto es lo que yo os decía cuando todavía estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo que sobre mí está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. 45 Entonces les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras, 46 y les dijo: Así está escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día; 47 y que en su nombre se predicara el arrepentimiento para el perdón[c] de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. 48 Vosotros sois testigos de estas cosas» (Lucas 24:44-48).

Si nos fijamos en la profecía de Balaam en el tiempo de Moisés acerca de la estrella victoriosa que saldría de Jacob (Números 24:15-19), o mirando un poco más hacia atrás, a la profecía de Jacob de uno que vendría de la tribu de Judá como legislador (Génesis 49:10), o aún más hacia atrás, hacia el tiempo de Abraham e Isaac, a quienes se le dijo, que así como Dios había provisto un carnero como sustituto para Isaac, Dios un día proveería de un substituto para Su pueblo en el monte santo (Génesis 22:13-14). De hecho, podemos mirar al principio de la creación; al primer pecado del hombre y ver la semilla prometida de la mujer que algún día aplastaría a la serpiente (Génesis 3:15). En todas las edades se habló de la promesa que habría de venir. El evangelio es tan viejo como el pecado y el mismo sufrimiento. No hay sabiduría y esperanza más antiguas que esta.

Los diez mandamientos

En los evangelios existe una historia muy conocida, en la que un hombre rico se aproxima a Jesús deseando heredar la vida eterna. Jesús le pregunta al hombre si ha guardado los mandamientos, a lo que el hombre responde cuestionando a Jesús acerca de cuál mandamiento se estaba refiriendo.

  • «Él le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús respondió: No matarás; no cometerás adulterio; no hurtarás; no darás falso testimonio; 19 honra a tu padre y a tu madre; y amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mateo 19:18-19).

Si usted le habla a un monje budista acerca de esta historia, probablemente sonreirá de acuerdo. Mientras que la terminología de «vida eterna» es bastante opuesta a la esperanza budista, generalmente encontrará los mandamientos muy familiares y agradables. Cinco siglos antes, Jesús habló esas palabras al joven rico; Buda estableció el sendero óctuple y nirvana. Él enseñó que la «acción justa» era necesaria, la cual incluía específicamente, abstenerse de matar, de robar y de adulterar. Él enseñó que el hablar correctamente era necesario, lo cual incluía específicamente engañar y dar falso testimonio. El budista vería a Jesús como afirmando simplemente lo que ya se había establecido hacía mucho tiempo antes que Él. Pero el budista estaría muy equivocado.

Mientras que existen, ciertamente, algunas enseñanzas éticas básicas en el budismo que se encuentran también en el cristianismo, el cristianismo las apoya sobre la base de fuentes que son, de hecho, más antiguas que el mismo Siddhartha Gautama. Seiscientos años antes de que Buda siquiera hablara una palabra, Dios había revelado todos estos mandamientos a Moisés. Estos fueron escritos en la Torah y comentados por los profetas en otros escritos bíblicos mucho antes que Buda hubiera nacido.

Si los orígenes antiguos dan fe mayor que la afirmación a estos mandamientos que al otro, entonces los cristianos ciertamente sostendrían la afirmación más fuerte.

Los manuscritos

También es interesante notar que los fragmentos más tempranos de manuscritos reportando las palabras de Buda, y que todavía tenemos hoy, datan de alrededor del siglo primero o segundo d. C.[1] Esto es aproximadamente el mismo período de tiempo a partir del cual vienen nuestros primeros fragmentos de los evangelios. Nuestro manuscrito más temprano completo de una colección completa de las enseñanzas de Buda es de la edad media, unos 2.000 años después de Buda en realidad viviera.[2] Si bien, esta es ciertamente una copia tardía de un texto mucho más antiguo, cuando uno la compara al primer manuscrito conservado de casi todo el texto de los cuatro evangelios –una copia antigua alrededor del año 220 d. C.–[3] la realidad es, que hoy poseemos un testimonio mucho más antiguo de las palabras de Jesús que las de Buda, tornándose sorprendentemente claro. Buda pudo haber vivido en una fecha anterior a la vida terrenal de Jesús, pero nosotros no tenemos un testigo presencial de sus palabras que sea más antiguo que a la época de Jesús, o aun al tiempo de los manuscritos cristianos más antiguos.

Conclusión

La simple antigüedad de una idea no la hace a esta, verdadera o falsa. Mientras que las culturas budistas tienden a colocar mucho peso a lo que es viejo y probado por el tiempo, sobre lo que es nuevo, y llegar a pensar que esto le da al budismo mayor autoridad que al cristianismo, es una suposición errónea. Primero que todo, es erróneo –sobre la base de lo que es obvio– que las ideas más antiguas no son siempre las mejores que las nuevas. Buda mismo vino ofreciendo nuevas ideas a su cultura que nunca antes habían escuchado; ideas que corrigieron abiertamente las antiguas tradiciones que entonces predominaban alrededor de él. Si la idea más antigua es siempre la mejor, el budismo no podrá ser, en primer lugar, tomado seriamente. En segundo lugar, es erróneo porque asume, equivocadamente, que el evangelio cristiano es menos antiguo que el budismo, simplemente porque Jesús caminó físicamente en la tierra en una época posterior a la que Buda vivió. Como hemos visto, los testigos de los manuscritos sobre las enseñanzas de Jesús son más antiguos que los de Buda. Las enseñanzas de Jesús están arraigadas en los mandamientos y sabiduría reveladas antes de que Buda viviera, y el evangelio cristiano cumplido en Jesús fue prometido por Dios desde que el primer hombre vivió en la tierra y fue escrito por Sus profetas siglos antes que Buda naciera. Si le hemos de dar peso especial a lo que es antiguo y a lo aprobado por el tiempo sobre lo que es más reciente, el evangelio cristiano deberá ser, ciertamente, más reverenciado.

Notas a pie de página:

[1] Richard Salomon, «Ancient Buddhist Scrolls from Gandhara» (University of Washington Press, 1999) 152-254.
[2] Oskar Von Hinuber, «A Handbook on Pali Literature» (Walter de Gruyter, 2000) 4.
[3] Craig Evans, «Jesus and His World: The Archeological Evidence» (Westminster John Knox Press, 2012) 76.

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