Luchando por la perfección y el verdadero evangelio

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La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días enseña que sus miembros tienen que esforzarse para ser perfectos. Es de esperarse que esta perfección dé como resultado la exaltación al convertirse en un dios. Con mucha frecuencia los mormones citarán la Biblia para sostener su posición: «Por tanto, sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mateo 5:48). Note que dice, «sed… perfectos»; no dice, «vuélvanse perfectos». Basados en este versículo, los mormones enseñan que el ser perfectos significa convertirse en dios, lo cual para ellos, es un acontecimiento futuro aun cuando el versículo, insta a ser perfectos en el presente.

Adicionalmente, el Libro del Mormón dice:

  • «Porque nosotros trabajamos diligentemente para escribir, a fin de persuadir a nuestros hijos, así como a nuestros hermanos, a creer en Cristo y a reconciliarse con Dios; pues sabemos que es por la gracia por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos» (2 Nefi 25:23; énfasis añadido).

Note que la anterior cita dice que somos salvos por gracia pero, «después de hacer cuanto podamos«. Esto confirma la enseñanza mormona de trabajar fuertemente para ser bueno, hacer buenas obras y obtener así el más alto nivel de exaltación.

En el mormonismo, la inclinación a ser perfectos se enseña en forma repetitiva a sus miembros. Esta perfección no se trata simplemente de tratar; significa triunfar sobre el pecado:

Spencer W. Kimball[1] dice: «El ser perfecto significa triunfar sobre el pecado. Esto es un mandato del Señor. Él es justo y sabio y bondadoso. Él nunca exigirá algo de sus hijos que no sea para el beneficio de ellos y que no fuera alcanzable. La perfección, es por lo tanto un objetivo alcanzable» (Énfasis agregado).[2]

Como puede ver, al mormón se le enseña que debe triunfar sobre el pecado, que es salvo por gracia, pero después de hacer todo lo que esté a su alcance y que debe ser perfecto. De hecho, muchos mormones me han dicho que el evangelio de ellos consiste en la ley y las ordenanzas de la iglesia mormona y además, de que el perdón de pecados en la iglesia de ellos depende de la persistencia y el esfuerzo necesario que el mormón tenga para guardar las leyes de Dios.

Mi simpatía hacia los mormones

Sinceramente simpatizo con el mormón que está buscando complacer al Dios vivo y verdadero, honrarlo y traerle gloria al tratar de obedecer Sus mandamientos. Sin embargo, cuando todo esto es dicho y hecho en la abundancia del mismo corazón del mormón, pero le toque enfrentar la realidad del Dios vivo y verdadero y note el mormón su falta de santidad y perfección, ¿podrá entonces afirmar jactanciosamente que ha hecho todo lo que puede hacer, que ha triunfado sobre el pecado y ser perfecto delante del único y verdadero Dios santo? ¡Claro que no!

El mormonismo enseña que la salvación y exaltación están basadas en guardar la ley. ¿Pero no es esto una gran carga sobre la vida del mormón? ¿No es una gran presión pretender guardar toda la ley de Dios y buscar el ser perfecto para poder convertirse, supuestamente, en un dios? ¿Cómo pueden luchar los mormones contra sus pecados y fallas continuas que revelan que ellos no están siendo perfectos y que no están teniendo victoria sobre el pecado? Si no están teniendo esta victoria y tampoco están haciendo todo lo que pueden hacer, entonces, ¿no están corriendo el riesgo de ser lanzados afuera, a la oscuridad? (Mateo 7:21-23).

Entienda por favor que no me estoy burlando de la situación de los mormones o de la sinceridad de ellos para hacer lo que consideran es correcto. Pero debemos preguntarnos si alguien puede o no lograr la perfección a través de sus propios esfuerzos al guardar toda la ley o alguna parte de ésta.

  • «Porque cualquiera que guarda toda la ley, pero tropieza en un punto, se ha hecho culpable de todos» (Jacobo 2:10).
  • «Porque todos los que son de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo el que no permanece en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas» (Gálatas 3:10).

La Biblia nos enseña que si usted quiere ser perfecto delante de Dios basado en sus propios esfuerzos, entonces, es mejor que no cometa ni un solo error. O para ponerlo en el contexto bíblico: Ni un solo pecado. Porque si comete UN sólo pecado, ¡usted es culpable de toda la ley! Estas no son buenas noticias, más bien, éstas nos condenan. La Biblia afirma:

«porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él; pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado» (Romanos 3:20).

Cuando quebrantamos la ley y los mandamientos –y todos lo hacemos– se nos revela nuestro pecado mostrándonos cuán imperfectos somos. Y debido, a que todo aquel que pretende guarda la ley, debe guardarla en su totalidad y como no lo puede hacer, lo único que le queda al mormón es ser arrojado en la oscuridad exterior por no ser ¡perfecto!

¿Qué es el Evangelio?

¿Realmente enseña el evangelio de la Biblia cristiana que el perdón de pecados está basado, así sea en parte, en la obediencia a las leyes y ordenanzas de alguna iglesia particular y que nosotros tenemos que volvernos perfectos? Pues estoy contento de decirle que NO.

  • «Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley. 29 ¿O es Dios el Dios de los judíos solamente? ¿No es también el Dios de los gentiles? Sí, también de los gentiles, 30 porque en verdad Dios es uno, el cual justificará en virtud de la fe a los circuncisos y por medio de la fe a los incircuncisos» (Romanos 3:28-30)
  • «mas al que no trabaja, pero cree en aquel que justifica al impío, su fe se le cuenta por justicia» (Romanos 4:5).
  • «Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Romanos 5:1).
  • «sin embargo, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino mediante la fe en Cristo Jesús, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para que seamos justificados por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley; puesto que por las obras de la ley nadie será justificado» (Gálatas 2:16).

La justificación es la declaración legal hecha por Dios donde Él declara al pecador justo delante de Su presencia. Note que esta justificación es por fe, no por guardar la ley de alguna manera; esto es, no por hacer todo lo que usted puede; tampoco por triunfar sobre el pecado, y menos al tratar de volverse perfecto. La razón de esto es que nadie –excepto Jesús– puede guardar toda la ley, triunfar sobre el pecado y ser perfecto. Cualquier mormón o persona que quebrante la ley, así sea en un solo punto, está condenado. Por lo tanto, a menos que usted sea absolutamente perfecto en todas las cosas relacionadas con la ley, simple y llanamente será arrojado a la oscuridad. Pero alabado sea Dios en que,
«… siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Romanos 5:8). Verá, Jesús se convirtió en pecado por nosotros para que por fe, pudiéramos ser justos delante de Dios (2ª Corintios 5:21). Esto nos lleva precisamente, a lo que es el verdadero evangelio.

El evangelio verdadero es la muerte, sepultura y resurrección de Jesús, no las leyes y las ordenanzas de la iglesia mormona:

  • «Ahora os hago saber, hermanos, el evangelio que os prediqué, el cual también recibisteis, en el cual también estáis firmes, 2 por el cual también sois salvos, si retenéis la palabra que os prediqué, a no ser que hayáis creído en vano. 3 Porque yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4 que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras» (1ª Corintios 15:1-4).

Me gustaría agregar aquí que si alguien dice que el Evangelio es algo diferente a lo que declara el Espíritu Santo en 1ª Corintios 15:1-4, ese alguien está enceguecido por el mismo diablo:

«Y si todavía nuestro evangelio está velado, para los que se pierden está velado, 4 en los cuales el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios» (2ª Corintios 4:3-4).

Los verdaderos cristianos saben cuál es el verdadero Evangelio y saben que ellos no pueden guardar la ley, que no pueden hacer todo lo que quieran, que no puedan ser perfectos y que no pueden triunfar sobre el pecado. Ellos sólo pueden creer en la justicia de Jesús y recibirlo a Él por fe:

«Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre» (Juan 1:12).

Verdaderamente son buenas noticias saber que no tenemos que guardar la ley, que no tenemos que hacer todo lo que podamos, etc.; lo único que necesitamos es aceptar que sólo Jesús es nuestra única esperanza y que debemos, por fe, aceptar Su obra en la cruz para el completo perdón de nuestros pecados. Debemos recibir la justicia de Jesús y no buscar la forma de obtener nuestra propia justicia porque simplemente no podremos lograrlo:

«¿Qué diremos entonces? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, alcanzaron justicia, es decir, la justicia que es por fe» (Romanos 9:30).

Éste es el verdadero evangelio, que la justicia se recibe por fe en Cristo y que no estamos obligados a guardar la ley para poder ser salvos o llegar a ser exaltados si usted es un mormón.

Entonces, ¿qué?

Después que somos hechos justos delante de Dios, somos cambiados en nuestros corazones, para desear entonces hacer, desde nuestro interior, todo lo que es justo delante de Dios porque somos nuevas criaturas en Cristo:

  • «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas» (2ª Corintios 5:17).

Sólo entonces podemos servir libremente a Dios, amarlo y guardar Sus mandamientos porque apreciamos a Dios y tenemos gratitud hacia Él; nunca para complacer a Dios y pretender ser salvos por nuestros propios esfuerzos.

Después de la salvación y justificación, Dios trabaja en nosotros para hacernos más a la imagen de Su Hijo Jesús. A esto se le llama santificación y este proceso es muy difícil debido a que involucra nuestro verdadero arrepentimiento y sumisión de nuestra voluntad a la voluntad de Dios. Pero si lo hacemos bien o no en nuestro proceso de santificación, esto, no afecta nuestra justificación porque somos hechos justos a los ojos de Dios por la fe en Cristo (justificación) y después, nos hacemos más como Jesús en nuestras vidas (santificación).

Por lo tanto, las buenas nuevas es que no tenemos, de ninguna manera, que guardar la Ley para ser justos delante de Dios. Las buenas nuevas es que Jesús ha hecho todo lo que necesitamos que sea hecho y podemos, por fe, creer en Él y ser hechos justos delante de Su vista.

Si usted lo cree repita la siguiente oración:

  • «Señor Jesús, creo en ti y sólo en ti para perdón de mis pecados. Coloco toda mi fe y esperanza en lo que hiciste en la cruz y no creo en ninguno de mis esfuerzos para ser perfecto, triunfar sobre el pecado o guardar las leyes y ordenanzas de ninguna iglesia. Soy hecho justo por fe en ti y creo sólo en ti».
Notas a pie de página:

[1] Spencer W. Kimball (3/28/1895 – 11/5/1985) fue el presidente #12 de la Iglesia de los SUD. Se convirtió en presidente el 26 de diciembre de 1973 después de la muerte del presidente Lee.
[2] «Vida y Enseñanzas de Jesús y Sus Apóstoles» [«Life and Teachings of Jesús and His Apostles»], Salt Lake City: Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1979, pág. 386.

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