¿Qué pasaría si los misioneros mormones dijeran la verdad acerca de su religión?

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Si los misioneros mormones llegaran a su puerta y le dijeran la verdad acerca de la religión de ellos, ¿cuántas personas creerían realmente? ¿Qué pasaría si los misioneros mormones tuvieran un diálogo que fuera similar al siguiente…

Alguien toca a la puerta.

La puerta la abre un hombre y comienza el siguiente diálogo.

«Hola, somos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Y queremos hablarle a usted acerca del evangelio restaurado. Verá, después de la muerte de los apóstoles, la iglesia cayó en apostasía, pero Dios en Su amorosa misericordia, le restauró el verdadero evangelio a José Smith a principios de 1800. Le damos a usted nuestro testimonio de que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la iglesia verdadera y restaurada. Todas las demás iglesias son falsas. Aún más, le testificamos que, a través de la iglesia restaurada por el Padre celestial, usted tiene la capacidad, con el sacerdocio restaurado, al guardar los mandamientos y cumplir con el diezmo, alcanzar la divinidad. Queremos que sepa que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días enseña que Dios fue una vez hombre en otro planeta y que, por guardar las leyes y las ordenanzas del dios de su planeta, fue capaz de alcanzar, él mismo el nivel de dios. Él y su esposa viven ahora en el reino espiritual y que todos nosotros somos, literalmente, sus descendientes y que habíamos nacido previamente de forma espiritual antes de venir a este mundo y habitar en seres humanos. Nuestra meta es honrar a nuestro dios guardando sus mandamientos, yendo al tempo y recibir los tokens, bautizarse por los muertos para que en el día del juicio podamos volvernos dioses».

El hombre se echa para atrás algo sorprendido ante el comentario de uno de los mormones y pregunta: «¿Volvernos dioses?».

«Sí, usted puede volverse un dios si se une a nuestra iglesia, paga sin falta el diezmo de sus ingresos a la iglesia, y guarda las leyes celestiales. También puede llamar a su esposa para que le asista como diosa y puedan poblar el nuevo planeta que se les asignará».

Y aunque pareciera intentarlo, las cejas de él no pueden levantarse más: «¿Diosa esposa?».

«Si señor. Cuando se vuelva un dios ella será su esposa y usted su familia podrán estar por siempre en los cielos».

El hombre mira a los jóvenes por un momento sin estar seguro de cómo responder a todo eso.

«¿Le gustaría que le diéramos el Libro de Mormón?».

«¿Qué es el Libro de Mormón?».

«El Libro de Mormón es otro testamento de Jesucristo. Este fue revelado a José Smith quien restauró la verdadera iglesia cuando el ángel Moroni le dio las planchas de oro. José tradujo estas planchas de oro por la autoridad de Dios cuando al colocar una piedra vidente dentro de su sombrero miraba dentro de éste, y Dios le reveló las palabras de los jeroglíficos reformados que estaban inscritos en esas planchas de otro».

Después de unos segundos más, el hombre baja las cejas y pregunta: «¿Jeroglíficos? ¿Se refiere a los jeroglíficos egipcios?».

«Si señor. José Smith recibió las plantas de oro en Nueva York, y esas planchas tenían jeroglíficos reformados. Él las tradujo por el poder de Dios».

El hombre en la puerta cambiando de posición dice: «Entonces, ¿había placas de oro con jeroglíficos escritos en ellas, y estaban en Nueva York?».

«Si señor».

«¿Cómo llegaron esas planchas a Nueva York?».

«Fueron escritas por los primeros habitantes de este continente quienes llegaron aquí desde Israel hace unos miles de años. Los indios americanos y sus descendientes».

El hombre se apoya contra la puerta rascándose la cabeza: «¿Son realmente los indios americanos descendientes de judíos del antiguo Israel?».

«Si señor».

El hombre toma aliento mientras contempla a este hombre joven y lo que está diciendo. Después de breves momentos, pregunta: «¿Por qué entonces los indios americanos no parecen judíos?».

El líder mormón deja de sonreír y mira al hombre por un momento. Luego mira a su compañero misionero, nuevamente al hombre. «No lo sé. Nunca lo había pensado antes. Pero sé que la iglesia es verdadera, así como sé que el verdadero evangelio fue restaurado aquí en el continente americano donde todo comenzó».

El hombre echa la cabeza hacia atrás un poco: «¿Qué quiere decir con ‘dónde comenzó todo’?».

«Bien, señor, el huerto del Edén está en Missouri y ahí fue donde empezó la raza humana. Me consuela saber que el evangelio verdadero y restaurado regresó a la tierra donde todo comenzó».

Por un momento, el hombre mira al joven misionero. Luego, miró hacia atrás, en su casa. Su esposa estaba en alguna parte, pero ella no estaba cerca: «Estaba buscando a mi esposa. Quiero que escuche esto».

«Siempre podríamos regresar en otro momento si usted está interesado».

«Ya veo» respondió cautamente. Después de volver a mirar hacia el interior de su casa, miró nuevamente a los misioneros: «¿Y cómo sabe usted que esto es cierto?».

«Porque he orado sinceramente al Padre celestial acerca del Libro de Mormón y le reveló a mi corazón que este era verdadero».

El hombre asiente lentamente: «Ya veo. Así que usted oró y recibió un mensaje en su corazón de que todo lo que me está diciendo es cierto».

«No exactamente, señor. Oré acerca del Libro de Mormón como este dice que se haga en Moroni 10:4. Fue entonces cuando recibí una revelación que es cierta. Si tuviera que leer el libro de Mormón y también orar al respecto, obtendría el mismo testimonio».

Una vez más, el hombre levantó las cejas:»¿Lo obtendría? ¿Qué hay si leo el Libro de Mormón y no obtengo el mismo testimonio después de orar acerca de este?».

«Entonces no estaría orando con verdadera sinceridad».

«Ya veo. ¿Entonces la única respuesta verdadera posible es que el Libro de Mormón es verdadero? ¿Es correcto?».

«Bueno, si señor, es correcto. El Libro de Mormón es el libro más correcto que cualquier otro libro en la tierra».

El hombre frunció los labios y pasó saliva: «¿Y todo lo que me dijo sobre el Dios de otro mundo, convertirte en dioses, acerca de la esposa diosa, etc., está todo en ese libro?».

«Bueno… no señor. Esas cosas no están allí».

«Estoy confundido» dijo el hombre. «Usted me acaba de decir que es el libro más correcto que cualquier otro libro en la tierra y que este fue también revelado por Dios a José Smith mientras estaba mirando dentro de su sombrero. ¿Por qué entonces no me enseña todo lo que me dijo?».

«Entiendo que puede sonar confuso. Pero el Libro de Mormón es un libro acerca de la historia de las personas en este continente. Las otras verdades doctrinales están reveladas en otras escrituras de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días».

El hombre volvió a asentir lentamente: «Sí, he escuchado algo como esto. Ustedes tienen Escrituras adicionales. Ya veo».

«Si señor. Tenemos Doctrinas y Pactos, la Perla de Gran Precio, y claro está, la Biblia. Usamos todas estas con el Libro de Mormón. Una vez más, si le gustaría uno, se lo podría dar».

«Sí. Pienso que sería interesante leerlo».

El misionero que no había hablado nada, toma una bolsa y de esta saca un libro de Mormón y se lo entrega al hombre de la puerta.

«Gracias». El hombre lo abanica brevemente.

«¿Le gustaría que regresáramos la semana entrante después de que haya leído algo del Libro de Mormón? Podríamos entonces presentarle lecciones sobre la iglesia, la apostasía, la restauración, la autoridad de nuestro sacerdocio, la organización de la iglesia y el profeta nuestro de estos tiempos».

«¿Profeta?».

«Sí. El presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es un profeta de Dios y algunas veces, cuando se hace necesario, recibe una revelación de Dios y dirige nuestra iglesia. Es muy reconfortante saber que él está ahí».

El hombre no puede evitar mirar a estos dos jóvenes. Son educados, bien vestidos y parecen sinceros. «Bueno», dijo mientras volvía revisaba el Libro de Mormón hojeándolo, «Déjenme pensarlo. Pero, por ahora, me tengo que ir. Gracias. Que tengas un buen día».

Con estas últimas palabras, cerró lentamente la puerta.

Los misioneros permanecieron allí por un momento mirándose entre sí. Después, empezaron a caminar hacia la calle. El que menos hablaba dijo. «Tal vez deberías haberle dicho a él acerca de como la Trinidad es realmente tres dioses separados y que todos somos hermanos y hermanas de Jesús y el diablo desde la preexistencia».

«Sí. Trataré esto en la siguiente casa».

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