Distinguiendo lo verdadero de lo falso

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«17 Así, todo árbol bueno da frutos buenos; pero el árbol malo da frutos malos. 18 Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. 20 Así que, por sus frutos los conoceréis» (Mateo 7:17-18, 20).

Una de las características más prominentes en cuanto a la identificación de los falsos profetas de este siglo XXI, es la excesiva solicitud de dinero: dinero para pactar, dinero para que sea bendecido, dinero para que saque a sus hijos del lodo cenagoso, dinero para que tenga salud a prueba de todo, dinero para que tenga más dinero, etc.

La antítesis de esta situación es que un verdadero siervo de Dios está contento con el apoyo para las necesidades fundamentales de su vida y ministerio.

Otra característica fácil de distinguir es la manera de vivir del falso profeta la cual no corresponde a las normas de justicia que enseña. Su avaricia no tiene límites:

  • «Y si tenemos qué comer y con qué cubrirnos, con eso estaremos contentos» (1ª Timoteo 6:8).
  • «Sea vuestro carácter sin avaricia, contentos con lo que tenéis, porque Él mismo ha dicho: Nunca te dejaré ni te desamparare» (Hebreos 13:5).

Un genuino ministro del Evangelio mostrará lo que Pablo escribe:

«Pues no somos como muchos, que comercian con la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios y delante de Dios hablamos en Cristo» (2ª Corintios 2:17).

¿Qué puede entonces hacer un cristiano en medio de tantos lobos rapaces que solo se preocupan de sus necesidades? Escuchar la Palabra directamente de Jesús:

«Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen» (Juan 10:27).

Si realmente somos las ovejas de Jesús, no seremos movidos en nuestro pensamiento porque además de escucharlo a Él, lo seguimos sólo a Él.

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