Jesús: El Único que practicó lo que enseñó

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«No juzguéis, para que no seáis juzgados» (Mateo 7:1).

«Así que, por sus frutos los conoceréis» (Mateo 7:20).

Estos dos versículos tomados del Sermón del Monte, aunque contradictorios, pueden conciliarse. ¿Cuál es el criterio que nuestro Señor trata de establecer?

En Mateo 7:1, juzgar tiene en mente el relacionar motivos a las acciones de otra persona. Puedes concluir que un(a) hermano(a) o aún tu vecino(a), es vulgar, amigable, entrometido, atento a los detalles o susceptible; claro está, que esto depende de los motivos que quieras atribuirle. Generalmente juicios rápidos y motivos mal entendidos sólo conducen a la misma clase de tratamiento como respuesta a esa actitud.

De otro lado, como cristiano, tienes la responsabilidad de ser un «inspector de fruto». En otras palabras: Necesitas evaluar tus acciones y las de los demás a la luz de las normas objetivas de la Palabra de Dios (Mateo 7:20), ajustando tu comportamiento a esas normas:

  • «No juzguéis para que no seáis juzgados. 2 Porque con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados; y con la medida con que midáis, se os medirá. 3 ¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo? 4 ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Déjame sacarte la mota del ojo, cuando la viga está en tu ojo? 5 ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano» (Mateo 7:1-5).

En el anterior pasaje y en Mateo 7:15-20, busca un fruto para morder, y si al hacerlo, hallas evidencia de fruto agrio y que no pertenezca a tu vida, pídele a Dios que te ayuda a podar tus actitudes y tus acciones.

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