Una nueva raza

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Algún líder mundial pensó en una oportunidad establecer una raza de humanos especiales creyendo que serían únicos en su especie y quienes no deberían entre otras cosas, tener relaciones sexuales con personas de otras razas considerándolas «débiles» y «corrompidas» en sus genes.

La Palabra de Dios nos enseña que un cristiano es una criatura hecha totalmente nueva; no con los parámetros de este líder o de sus seguidores; sino con el estándar de perfección que encontramos sólo en Dios.

¿Por qué entonces un cristiano en el contexto bíblico es considerado esta clase de criatura que el mundo trata de buscar por sus medios olvidándose del Hacedor Perfecto, que puede convertir al más grande pecador en alguien totalmente nuevo y de gran valía para Dios mismo?

La Palabra de Dios enseña:

  1. Los cristianos somos hechos nuevos:
    1. «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas» (2ª Corintios 5:17).
  2. Los cristianos nacemos de simiente nueva:
    1. «Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, 5 aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia habéis sido salvados)» (Efesios 2:4-5).
    2. «Pues habéis nacido de nuevo, no de una simiente corruptible, sino de una que es incorruptible, es decir, mediante la palabra de Dios que vive y permanece» (1ª Pedro 1:23).
  3. Los cristianos nacidos de esta simiente no practican el pecado:
    1. «Ninguno que es nacido de Dios practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios» (1ª Juan 3:9).
  4. Los cristianos aunque en este mundo, no somos de este mundo:
    1. «Si el mundo os odia, sabéis que me ha odiado a mí antes que a vosotros. 19 Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no sois del mundo, sino que yo os escogí de entre el mundo, por eso el mundo os odia» (Juan 15:18-19).
  5. Los cristianos tenemos una ciudadanía única, exclusiva:
    1. «Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo» (Filipenses 3:20).
  6. Los cristianos en el cielo NO serán extranjeros:
    1. «Así pues, ya no sois extraños ni extranjeros, sino que sois conciudadanos de los santos y sois de la familia de Dios» (Efesios 2:19).

Por eso, la advertencia del Señor es clara para un genuino cristiano:

  • «¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad hacia Dios? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios» (Jacobo 4:4).
  • «No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él» (1ª Juan 2:15).

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