¿Por qué el libro de Ester no menciona directamente a Dios?

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Por, Luke Wayne
21 de mayo de 2017

El libro de Ester, aunque es Escritura divinamente inspirada, no menciona a Dios ni por nombre ni por título. De hecho, no existe referencia directa de Dios. Esta ha llevado a algunos eruditos modernos a afirmar que el libro, originalmente, tuvo la intención de ser una historia netamente secular. Posteriormente se hicieron adiciones apócrifas a una versión griega del texto que añadía referencias manifiestas a Dios en varios lugares (éstas fueron incorporadas después al canon católico romano). Tal vez esto demuestra que, en ciertas comunidades judías antiguas, existían también preocupaciones sobre la falta de referencias explícitas a Dios. Los eruditos han sugerido que esto puede ser también la razón por la que no existe alguna copia o incluso mención del libro de Ester entre los rollos del Mar Muerto y el por qué la comunidad de Qumrán parece no haber celebrado el festival de «Purim» establecido en Ester. Parece que muchos a lo largo de la historia, y ciertamente algunos hoy día, se encuentran preocupados por esta aparente ausencia de Dios en una narración bíblica.

Sin embargo, todas estas preocupaciones, en realidad fallan ¡el propósito del libro! En forma cuidadosa el autor escribe su narrativa histórica de tal manera que Dios no es mencionado directamente, y sin embargo Su participación en todo, es bastante obvia para el lector. Él lo hace específica e intencionalmente para tratar con el aparente ocultamiento de Dios, además, del permanente cuidado de Su pueblo mientras fueron arrojados de Su presencia en el exilio. Cuando el templo fue destruido, y el pueblo de Dios fue dispersado bajo Su ira, muchos se sintieron abandonados y solos. Dios parecía ausente, escondido. Ellos fueron cortados, no simplemente de patria sino de Dios mismo. El libro de Ester encarna ese ocultamiento mientras muestra que, de hecho, Dios estaba todavía ahí protegiendo y preservando Su pueblo. Dios podía haberlos estado castigando, pero no los había abandonado. Con razón, Juan Wesley escribe:

  • «El nombre de Dios no se encuentra en este libro; pero el dedo de Dios está dirigiendo tantos acontecimientos mínimos para la liberación de Su pueblo».[1]

Usando un juego de palabras con el nombre «Ester», y la palabra hebrea para «ocultar» (astir), el Talmud conecta la narración de Ester con la profecía en Deuteronomio:[2]

  • «Pero ciertamente esconderé mi rostro en aquel día por todo el mal que habrá hecho, pues se volverá a otros dioses» (Deuteronomio 31:18).

Cuando el pueblo fue al exilio, Dios mismo se escondió de ellos. Ellos tenían que sentir Su ausencia. Sin embargo, Dios nunca había abandonado a Su pueblo. Todavía era fiel a todas Sus promesas, y así los estaba guardando aun cuando ellos no podían verlo. Leemos, por ejemplo, la advertencia de Mardoqueo a Ester:

  • «Entonces Mardoqueo les dijo que respondieran a Ester: No pienses que estando en el palacio del rey solo tú escaparás entre todos los judíos. 14 Porque si permaneces callada en este tiempo, alivio y liberación vendrán de otro lugar para los judíos, pero tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para una ocasión como esta tú habrás llegado a ser reina?» (Ester 4:13-14).

La certeza de que la liberación de los judíos vendría sin importar lo que hace Ester y la sugerencia de que Ester obtuvo su posición real para un propósito específico, se refiere obviamente a la mano providencial de Dios obrando. Sin embargo, al registrar estos acontecimientos, el autor se desvía de su camino para evitar realmente mencionar a Dios. Entonces, Ester le responde a Mardoqueo:

  • «Ve, reúne a todos los judíos que se encuentran en Susa y ayunad por mí; no comáis ni bebáis por tres días, ni de noche ni de día. También yo y mis doncellas ayunaremos. Y así iré al rey, lo cual no es conforme a la ley; y si perezco, perezco» (Ester 4:16).

Ester les pide a los judíos que ayunen por ella. Claramente, y antes de que tome este gran riesgo, es claro que pide por la intercesión con la esperanza de encontrar el divino favor. Efectivamente, los primeros lectores cristianos percibieron esto, al escribir cosas como estas:

  • «Ester también, siendo perfecta en fe, se expuso ella misma a un peligro no menor, a fin de liberar a las doce tribus de Israel de la destrucción inminente. Porque con ayuno y humillación ella rogó al Dios eterno, que ve todas las cosas; y Él, percibiendo la humildad de su espíritu, libró al pueblo por cuya causa había encontrado peligro» (Clemente de Roma, Carta a los Corintios, capítulo 55).[3]

Ester y los judíos de Susa, estaban apelando a Dios con la esperanza de que Él intervendría y le garantizaría a ella, el favor delante del rey. Sin embargo, al registrar estos acontecimientos, el autor evita mencionar directamente a Dios o incluso usar la palabra «oración» la cual sería una referencia explícita a Dios. El autor no está registrando una narración que excluya cualquier referencia a Dios. Él se está saliendo de su camino para evitar mencionar a Dios, incluso cuando está hablando claramente acerca de Dios. La misma idea recorre toda la narración, en la que todo está orquestado por acontecimientos más allá de cualquier control humano, de tal manera que se le asegure que los judíos son liberados y sus enemigos castigados. El autor registra los acontecimientos de tal manera que la presencia de Dios en la historia reportada podría apenas ser más obvia para el lector, y sin embargo uno también es confrontado con la extraña e inquietante ausencia de Dios del texto real. De esta manera el autor expresa su punto poderoso. Dios mismo se escondió de Su pueblo en el tiempo del exilio de ellos, pero Dios no los abandonó. Dios es todavía fiel a Su pacto, y en Su providencia secreta, los estaba protegiendo y prosperando mientras los castigaba y corregida por el pecado de ellos contra Él.

Notas a pie de página:

[1] John Wesley, Notes on the Old Testament, Introduction to the Book of Esther.
[2] Babylonian Talmud, Chullin 139b.
[3] Ver también, Clemente de Alejandría, Stromata, Libro 4, Capítulo 19.

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