¿Puede Dios Cambiar de Opinión?

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No. Dios no puede cambiar de opinión; por lo menos es un sentido eternal. Sin embargo, en la Biblia, vemos versículos que supondrían que sí lo hace, pero en un sentido temporal. Tenemos que entender que Dios se nos ha revelado en lo que conocemos como revelación antropomórfica. Esto significa que Él se ha bajado para estar a nuestro nivel de forma que sea consistente con nuestro limitado entendimiento. Considere cómo Dios caminó con Adán y Eva en el huerto del Edén. Dios, el ser infinito, que trasciende el universo, se convirtió en uno como nosotros para poder así, poder comunicarnos con Él.

Después del pecado de Adán y Eva y se escondieron, Dios preguntó: «¿Dónde estás?» (Génesis 3:9). ¿Deberíamos concluir que Dios conoce todo, pero que no sabía dónde estaba Adán? Claro que no. Él no estaba preguntando acerca de la ubicación física de Adán, sino que estaba preguntando por su condición espiritual. Esto ilustra el punto de que, desde el mismo principio de la comunicación de Dios con nosotros, Él ha hablado de forma que lo entendamos en nuestro marco de tiempo; desde nuestra propia perspectiva. Esta es la razón por la que Dios, en el huerto, buscó a Adán, sabiendo que había pecado contra Él, y sabiendo dónde se encontraba, pero lo hizo, desde nuestra propia perspectiva.

Sabemos que Dios, desde la eternidad ha ordenado para que todo, en lo absoluto, se cumpla por el designio de Su voluntad:

  • «a este, entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios, clavasteis en una cruz por manos de impíos y le matasteis» (Hechos 2:23).
  • «también hemos obtenido herencia, habiendo sido predestinados según el propósito de aquel que obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad» (Efesios 1:11).

Sin embargo, cuando Dios trata con nosotros, vemos versículos que muestran un cambio de opinión:

  • «Y el Señor desistió de hacer el daño que había dicho que haría a su pueblo» (Éxodo 32:14)
  • «¿Acaso le dieron muerte Ezequías, rey de Judá, y todo Judá? ¿No temió él al Señor y suplicó el favor del Señor, y el Señor se arrepintió del mal que había pronunciado contra ellos? Nosotros, pues, estamos cometiendo un gran mal contra nosotros mismos» (Jeremías 26:19).

El hecho, es que Dios conoce todas las cosas, y las ha sabido por siempre:

• «en cualquier cosa en que nuestro corazón nos condene; porque Dios es mayor que nuestro corazón y sabe todas las cosas» (1ª Juan 3:20).

Pensar que Dios puede cambiar Su mente, implicaría que Dios –quien está supuesto por siempre a tener conocimiento de todas las cosas– decidiera a actuar de forma diferente como siempre ha sabido actuar. Él hubiera sabido que iba a cambiar de opinión, lo que significaría que Él, no estaba cambiando de opinión porque sabía que Él lo haría. Por lo tanto, ¿cómo cambiaría de opinión si había decidido hacer algo desde el principio, lo que parecería –en nuestra mente– que Él cambió de opinión?

Considere la forma como Dios, algunas veces pronuncia juicio sobre las naciones –diciéndoles que las destruiría– y algunas veces esas naciones se arrepentían, y debido a ese arrepentimiento, Dios no los juzgaba. En otras palabras, Él cambiaba de opinión y no juzgaba a esas naciones, aunque había dicho que lo iba a hacer. ¿Debemos decir que Dios no sabía desde la eternidad que ellas se arrepentirían? Claro que sí sabía. ¿Cómo sabemos que Él no dijo que las destruiría y después lograr hacer que ellas se arrepintieran de acuerdo con Su plan? Aún más, Dios, al frenar Su juicio sería consistente con lo que Él ya había dicho:

  • «pero si esa nación contra la que he hablado se vuelve de su maldad, me arrepentiré del mal que pensaba traer sobre ella» (Jeremías 18:8).

Por lo tanto, lo que vemos es a Dios cambiando de opinión, pero, desde nuestra perspectiva, pero desde la perspectiva eterna, Él nunca lo hizo. Él no se sorprende por nuestras decisiones y escogencias; y tampoco se adapta a nuestros errores o nuestros planes. Él hace que todas las cosas obren, de acuerdo con el consejo de Su voluntad, y lo hace, eternamente.

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