¿Puede ser la Biblia la Palabra de Dios si Jesús es la Palabra de Dios? 

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Por, Luke Wayne
20 de marzo de 2017

Una noción común que con frecuencia traen aquellos que pretenden menospreciar la importancia central y autoridad de las Escrituras afirman que, «la Biblia no es la Palabra de Dios, Jesús es la Palabra de Dios».  Aluden a pasajes como Juan 1, los cuales, claramente se refieren a Jesús como «la Palabra»; pero tales personas saltan irracionalmente sobre el término «Palabra de Dios», afirmando que no puede ser posible que signifique algo más en cualquier otro contexto. Con frecuencia los escuchará decir que, «aunque la Biblia dice que Jesús es la Palabra, la Biblia no puede ser, por lo tanto, la Palabra de Dios».

Ningún cristiano negaría que Juan se refiera a Jesús como la Palabra y que la escogencia del término tenga raíces bíblicas profundas e históricas. Sin embargo, este no es el único uso bíblico del término, «Palabra de Dios». Por ejemplo, el Libro de Hechos utiliza frecuentemente el término, «Palabra de Dios» para referirse al mensaje del evangelio que los primeros cristianos proclamaban:

  • «Y la palabra de Dios crecía, y el número de los discípulos se multiplicaba en gran manera en Jerusalén, y muchos de los sacerdotes obedecían a la fe» (Hechos 6:7).

De igual forma, el término «Palabra de Dios» se refiere con frecuencia a los mensajes proféticos proclamados por los profetas del Viejo Pacto. Claro está, las Escrituras son el registro de tales mensajes proféticos e inspirados de Dios, incluso este uso es suficiente para justificar llamar a la Biblia, la Palabra de Dios:

  • «Pero ante todo sabed esto, que ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal, 21 pues ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron de parte de Dios» (2ª Pedro 1:20-21).

Las Escrituras escritas también se refieren directamente a sí mismas como «la palabra» en lugares como estos:

  • «No añadiréis nada a la palabra que yo os mando, ni quitaréis nada de ella, para que guardéis los mandamientos del Señor vuestro Dios que yo os mando» (Deuteronomio 4:2).

Pero son las palabras de Jesús que son, tal vez, el ejemplo más claro y directo al llamar las Escrituras la misma «Palabra de Dios». Por ejemplo, al reprender  a los fariseos porque elevaban sus tradiciones orales sobre los escritos bíblicos, Él dijo:

  • «no necesitará más honrar a su padre o a su madre. Y así invalidasteis la palabra de Dios por causa de vuestra tradición» (Mateo 15:6).
  • «invalidando así la palabra de Dios por vuestra tradición, la cual habéis transmitido, y hacéis muchas cosas semejantes a estas» (Marcos 7:13).

Y al citar las Escrituras, Jesús diría cosas como estas:

  • «Y en cuanto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo» (Mateo 22:31).

Jesús pregunta si ellos habían leído lo que fue dicho a ellos de parte de Dios. Así coloca las Escrituras escritas al lector, como la misma Palabra de Dios. Él las llamó directamente y las trató así. Por lo tanto, la Biblia llama a Jesús, «la Palabra». Pero Jesús también llama a la Biblia, «la Palabra de Dios». Así que el término «palabra de Dios» puede significar más de una cosa y debe ser considerado en su contexto; pero la Biblia es definitivamente la Palabra de Dios autoritativa, expuesta por Dios mismo, como también Pablo explica:

  • «Tú, sin embargo, persiste en las cosas que has aprendido y de las cuales te convenciste, sabiendo de quiénes las has aprendido; 15 y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden dar la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. 16 Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra» (2ª Timoteo 3:14-17).

Seamos cuidadosos y no permitir que las ambigüedades y las palabras inteligentes contradigan nuestro compromiso con la Biblia como la Palabra de Dios misma, inspirada, autoritativa y suficiente.

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