¿Somos Castigados por el Pecado de Adán?

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10 de diciembre de 2008

¿Somos castigados por el pecado de Adán? ¿Dios nos hará responsables de lo que hizo Adán en el huerto del Edén? Podríamos pensar que no tiene sentido que se nos castigue por algo que no hicimos. Después de todo, no estábamos en el huerto, y no hicimos nada. ¿Cómo entonces somos castigados por el pecado de Adán?

La respuesta dependerá de la explicación que presento a continuación.

Por un lado, sufrimos las consecuencias de la desobediencia de Adán y hemos heredado una naturaleza pecaminosa por su causa (Romanos 5:12-23). La Biblia dice: «Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron». Adán fue quien pecó, nosotros no. Él era quien estaba en el huerto del Edén, nosotros no estábamos allí. Cuando enfrentamos a Dios en el día del juicio, el Señor no nos dirá: «Adán pecó, así que eres tú quien ha de pagar». No. Nosotros somos responsables de nuestros propios pecados, no de los pecados de los demás.

Una vez más, sí somos afectados por el pecado de Adán, y así es como lo somos. Antes de la caída, Adán era sin pecado, perfecto y bueno (Génesis 1:31). Tenía una «buena» naturaleza. Pero, después de la caída, se convirtió en pecador. Su «buena» naturaleza fue cambiada por una «mala». Debido a que somos sus hijos, heredamos su naturaleza pecaminosa (Romanos 5:12). En este sentido, sufrimos por lo que hizo Adán; es decir, él hizo que sus descendientes tuvieran una naturaleza pecaminosa y todos nosotros sufrimos a causa de ello. Esto es llamado pecado original. Significa que hemos heredado una naturaleza pecaminosa y que todo lo que somos como individuos (mente, cuerpo, alma, espíritu, emociones y pensamiento) está afectado por el pecado. Pero esto no significa que seamos tan pecadores como podamos serlo. Después de todo, Dios ha escrito Su ley en nuestros corazones (Romanos 1:19; 2:15).

Además, la creación también se vio afectada por la caída. Dios le había dado el dominio del mundo a Adán. Adán pecó y el pecado entró en el «mundo», como dice Romanos 5:12. Eso significa que la muerte entró al mundo junto con enfermedades, plagas, terremotos, hambre, etc. Todo esto y más, tienen su raíz en la caída. Por eso la Biblia declara que la creación anhela su redención (Romanos 8:18-22).

Diferentes Puntos de Vista Acerca del Pecado Original

Calvinismo

En términos generales, los calvinistas sostienen que el pecado de Adán fue imputado (atribuido) a toda la raza humana. Esto es sostenido en gran parte con relación al concepto de Autoridad Federal. Este es un término teológico para una persona que representa a otra persona o grupo. Considere Hebreos 7:7-10:


«Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor. 8 Aquí, ciertamente hombres mortales reciben el diezmo, pero allí, los recibe uno de quien se da testimonio de que vive. 9 Y, por decirlo así, por medio de Abraham aun Leví, que recibía diezmos, pagaba diezmos, 10 porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro».


Leví era un descendiente de Abraham, pero debido a que todavía estaba en los lomos de su padre Abraham, cuando pagó los diezmos a Melquisedec, se dice que Leví también los pagó. El concepto es que Abraham representó a sus descendientes y los diezmos también fueron imputados a Leví.

Por lo tanto, si el pecado de Adán fue imputado a sus descendientes, todos ellos son culpables de pecado y justamente merecen el castigo.

Arminianismo

De forma general, los arminianos sostienen que heredamos una naturaleza pecaminosa de Adán y el pecado debido a esa naturaleza. Pero no somos culpables por el pecado de Adán y no podemos ser castigados a menos que realmente pequemos.

Cualquiera que sea el punto de vista o la combinación que se tenga de estos, sufrimos por el pecado de Adán por efecto como por naturaleza. Somos pecadores y vivimos en un mundo pecaminoso. Estamos sufriendo las consecuencias del pecado de Adán. Tenemos nuestro propio pecado con el que luchar porque somos, por naturaleza, hijos de ira (Efesios 2:3). Definitivamente, somos pecadores.

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