Fórmulas trinitarias en la Biblia y la iglesia temprana

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Por, Luke Wayne
15 de febrero de 2017

El cristianismo del Nuevo Pacto, está profundamente arraigado en la revelación misma de Dios como la Trinidad; uno y único Dios que existe en tres personas coiguales y coeternas. No es simplemente cierto que las Escrituras revelen claramente la doctrina de la Trinidad. Las Escrituras también nos muestran que esta enseñanza fue fundamental en la vida y comunidad de los primeros cristianos.

Esta verdad impregnó su pensamiento y brotó en la comunicación de ellos, de modo que las «fórmulas» trinitarias, por así decirlo, eran declaradas con frecuencia para comunicar las obras y las bendiciones de Dios. Tomemos, por ejemplo, la expresión externa de arrepentimiento y devoción a Cristo por medio de la cual entramos a la comunidad cristiana, la del bautismo. Jesús mismo dijo:

«Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mateo 28:19).

Una persona no podría entrar en comunión con los otros miembros del Cuerpo de Cristo, sin reconocer que lo estaban haciendo en el único nombre y única autoridad del Padre, y del Hijo y del Espíritu. Considere también cómo invocaron la Trinidad para bendecirse unos a otros, como en el saludo al final de la carta de Pablo a la iglesia en Corinto:

  • «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros» (2ª Corintios 13:14).

No existen pasajes bíblicos donde los creyentes desearan que la gracia de Moisés, Elías o aun, el arcángel Miguel estuviera sobre unos y otros, ni tampoco se desearon mutuamente la comunión de fuerzas impersonales como el viento o mensajeros angelicales como Gabriel. La gracia del Señor Jesús es una gracia divina. La comunión con el Espíritu Santo es una comunión personal con alguien que es igualado con Dios y con Cristo.

En las cartas bíblicas, también los saludos expresaban algunas veces esta verdad, como las líneas de la primera carta de Pedro:

• «Pedro, apóstol de Jesucristo: A los expatriados, de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos 2 según el previo conocimiento de Dios Padre, por la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre: Que la gracia y la paz os sean multiplicadas» (1ª Pedro 1:1-2).

Pedro no solo saludó a los hermanos en Dios Padre, Hijo y Espíritu, sino que también expresó la obra divina de la salvación como la obra de la Trinidad. La redención de los santos en la elección del Padre, es la obra santificadora del Espíritu, llevada a cabo por la sangre de Cristo y es para la obediencia a Él. ¡El evangelio es un mensaje trinitario! La salvación es la obra del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La Escritura expresa esta misma idea en otros lugares. Tome por ejemplo, como el autor de Hebreos lo registra:

  • «¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, purificará vuestra conciencia de obras muertas para servir al Dios vivo?» (Hebreos 9:14).

Y vemos una poderosa expresión de esto, en las palabras de Pablo a los ancianos de Éfeso en Hechos de los Apóstoles:

  • «Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre» (Hechos 20:28).

Es posible que este versículo diga directamente que Dios derramó Su propia sangre por la iglesia, lo cual sería un claro testimonio de la deidad de Cristo. Sin embargo, muchos eruditos (incluso eruditos cristianos fieles) sostienen que el griego aquí refleja la idea de «la sangre de Su propio», en lugar de «su propia sangre». Por lo tanto, aquí, la palabra «Dios» es usada específicamente del Padre, y «su propia sangre», sería la de Jesús Cristo. Incluso, si lo tomamos de esa manera, Pablo está todavía expresando el evangelio de una manera totalmente trinitaria.

Pablo también expresó en otra parte que vivir la vida cristiana estaba, igualmente arraigada en la Trinidad. Note, como un ejemplo, estas palabras de su carta a la iglesia en Éfeso:

  • «Por esta causa, pues, doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, 15 de quien recibe nombre toda familia en el cielo y en la tierra, 16 que os conceda, conforme a las riquezas de su gloria, ser fortalecidos con poder por su Espíritu en el hombre interior; 17 de manera que Cristo more por la fe en vuestros corazones; y que arraigados y cimentados en amor» (Efesios 3:14-17).

Judas, en su carta exhortó de igual manera:

  • «Pero vosotros, amados, edificándoos en vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, 21 conservaos en el amor de Dios, esperando ansiosamente la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna» (Judas 1:20-21).

Lo que era verdad de los autores bíblicos también lo fue en los primeros cristianos que recibieron la fe de ellos. En la Didaché, uno de los primeros escritos cristianos fuera del Nuevo Pacto que se remonta a la vida de la primera generación de cristianos, las instrucciones acerca del bautismo eran:

  • «Pero en cuanto al bautismo, bautícense así: Habiendo recibido todos los preceptos bauticen en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, en agua corriente; 2 Pero si no tienen agua corriente, bauticen en otra agua, sino pueden hacerlo en agua fría, bauticen en agua tibia; 3 Pero si tampoco tienes ninguna, vierte el agua tres veces sobre la cabeza, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Didaché, Capítulo 7:1-3).

De igual manera, Justino Mártir, un escritor cristiano de mediados del siglo II, registra cómo se llevaba a cabo la comunión:

  • «Entonces, el pan y una copa de vino mezclada con agua, son traídas al hermano que está presidiendo. Tomándolos, alaba y glorifica al Padre del universo a través del nombre del Hijo y del Espíritu Santo» (Justino Mártir, Primera Apología, Capítulo 65).

La Didaché y los escritos de Justino Mártir, son, claro está, documentos humanos falibles. Estos sólo nos dicen lo que los cristianos estaban haciendo en sus respectivas áreas locales. De hecho, cuando se leen ambos documentos cuidadosamente, hay diferencias en la forma estas dos iglesias hacían las cosas. Sin embargo, lo que es claro, es que la vida de ritual y adoración de los primeros cristianos estaban centradas en el Nombre, autoridad y obra redentora del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Esta verdad puede haber encontrado diferentes expresiones externas por varias congregaciones, pero siempre la encontramos allí.

También vemos el modelo continuado en las cartas de los primeros cristianos. La epístola de los ancianos cristianos en Roma a la iglesia en Corinto, que escribieron en la última parte del siglo I, dice:

  • «Porque así como vive Dios, y el Señor Jesucristo vive, y el Espíritu Santo, que son la fe y la esperanza de los elegidos» (Clemente de Roma, Carta a los Corintios, Capítulo 58).

Note que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son, “la fe y la esperanza de los elegidos”. De hecho, ¡son poderosas palabras! Las cartas de Ignacio, el supervisor de la iglesia de Antioquía en las primeras décadas del siglo II, abundan en tales referencias. Como solo un ejemplo, note su saludo al final de su carta a los Magnesianos:

  • «Les va bien en armonía, vosotros que habéis obtenido el Espíritu inseparable, en Cristo Jesús, por la voluntad de Dios» (Ignacio, Epístola a los Magnesianos, Capítulo 15).

Arístides, quien vivió en Atenas a principios del siglo II y fue uno de los primeros apologistas cristianos, escribió:

  • «Porque conocen a Dios, el Creador y Formador de todas las cosas por medio del Hijo unigénito y el Espíritu Santo; y junto a Él no adoran a ningún otro Dios» (Apología de Arístides, Capítulo 15).

Y también Policarpo, el líder de la iglesia en Esmirna y un mártir cristiano temprano, en el día de su muerte, oró así:

  • «Por lo tanto, también Te alabo por todas las cosas, Te bendigo, Te glorifico, junto con el eterno y celestial Jesucristo, Tu Hijo amado, con quien, para Ti y el Espíritu Santo, sea gloria tanto ahora como en todas las edades venideras. Amén» (Martirio de Policarpio, Capítulo 14).[1]

Ireneo, un importante pensador cristiano de finales del siglo II, también continuó esta práctica. Dichas fórmulas se pueden encontrar a lo largo de su trabajo, como aquí, donde describe la creación del hombre como un trabajo trino:

«Ahora Dios será glorificado en Su obra, ajustándola para que sea conforme y modelada por Su propio Hijo. Porque por las manos del Padre, es decir, por el Hijo y el Espíritu Santo, el hombre, y no [simplemente] una parte del hombre, fue hecho a la semejanza de Dios» (Ireneo, Contra las Herejías, Libro 5, Capítulo 6).

Cuando Dios creó el universo y al hombre en éste, cuando Él mismo lo formó con Sus propias manos (Isaías 45:12), eso fue el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Cuando Dios hizo al hombre a Su imagen, Ireneo dice que lo hizo, «para ser conforme y modelado según» el Hijo. En general, la creación y la humanidad, en particular, son obras trinitarias. Esto es lo que expresaron los primeros cristianos.

Si bien el simple uso de tales fórmulas no prueba automáticamente que estos cristianos primitivos creían que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son todo Dios, cuando consideramos lo que dicen, cuando evocan estos títulos juntos, es difícil llegar a cualquier otra conclusión. Considere algunas de las alternativas.

  • Los testigos de Jehová dicen que el Padre es Jehová Dios, el Hijo es Miguel el arcángel, y el Espíritu Santo es simplemente una descripción del poder sobrenatural por el cual Dios lleva a cabo Sus obras poderosas. Pero, ¿por qué un cristiano se bautizaría en el nombre de Dios, un simple ángel, y un término descriptivo para el poder milagroso de Dios?
  • Los musulmanes creen que Jesús es sólo un profeta humano y que el «espíritu santo» es el ángel Gabriel. Pero, ¿realmente usted pensaría que alguien terminaría su carta con la bendición, «la gracia de un simple profeta, el amor de Dios, y la comunión del ángel Gabriel sea con ustedes»?
  • ¿Habrían dicho los primeros cristianos que un ángel, un profeta o una fuerza impersonal eran la «fe y la esperanza de los elegidos», junto con Dios mismo? ¿Podría uno posiblemente atribuir la creación de la humanidad a un hombre que aún no había sido creado? ¿Podría alguien tomar «hecho a la imagen de Dios» para querer decir que era, «modelado según Miguel Arcángel»?

No. Este modelo sólo tiene sentido en el contexto de la clara enseñanza bíblica de que el único y solo Dios existe como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Este Dios maravilloso, tri-personal está en el centro de la fe cristiana y debe ser el centro de la vida cristiana.

Notas a pie de página:

[1] Una fuente temprana reporta esta oración leyéndose, «en el Espíritu Santo» en lugar de, «y el Espíritu Santo». Para nuestros propósitos aquí, el punto sigue siendo el mismo. Policarpo, mientras se enfrentaba a la muerte por su fe, evocó al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo en su oración.

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