La Epístola de Jacobo y la Deidad de Cristo

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Por, Luke Wayne
25 de febrero de 2016

NOTA: A menos que se diga lo contrario, las citas son tomadas de La Biblia de Las Américas – LBLA.

La Epístola de Jacobo no es el sitio que la mayoría de las personas usan para discutir sobre Cristología. Ciertamente, Jacobo no escribió su epístola para enseñar sobre el tema de la deidad de Cristo, y existen pasajes como el primer capítulo de Hebreos o el prólogo de Juan que fueron, sin lugar a dudas, escritos para ese propósito específico y que presentan el tema de una forma clara y hermosa. Existen pasajes como los de Tito 2:13 y 2ª Pedro 1:1 que explícitamente llaman a Jesús nuestro «Dios y Salvador». Hay profecías como las de Isaías 9:6 que declaran que el Mesías por venir sería el «Dios Poderoso». De hecho, las Escrituras están llenas de afirmaciones claras e inequívocas de la completa deidad de Cristo; y cuando los cristianos se acercan a la Epístola de Jacobo para leer sus instrucciones sobre la vida cristiana en medio de un gran sufrimiento, ciertamente no necesitan reafirmar esta sencilla enseñanza bíblica. Sin embargo, puede ser útil e instructiva, ver que literalmente todos los escritores del Nuevo Testamento no sólo creyeron ciertamente esta maravillosa verdad, sino que de hecho, escribieron de tal manera que esta fe común que ellos sostuvieron con su público creyente se hace clara y demostrable a través de lo que escribieron, y la pequeña epístola que Jacobo nos dejó no es una excepción.

Jacobo empieza su epístola describiéndose a sí mismo como «esclavo de Dios y del Señor Jesucristo» (BTX IV Edición). En el capítulo 2, versículo 1, él escribe acerca «de nuestro glorioso Señor Jesucristo» (BTX IV Edición), no solo como Señor, sino también como «glorioso». De hecho, este lenguaje es bastante exaltado. A nadie más en toda la Escritura se le conoce o se le menciona como «glorioso», sino a Jesús, y donde se hable de la «Gloria del Señor», el «Señor» es siempre, Dios. Realmente, uno no puede siquiera imaginarse al gran rey David o al gran profeta Moisés, o incluso a Adán antes de su caída en el Edén con dominio sobre toda la tierra llamándolo «el Señor de la Gloria». Incluso, en sí misma, esta terminología debería ser suficiente para considerar una seria pausa. Sin embargo aquí, lo principal es simplemente reconocer que para Jacobo, Jesús es el Señor, y de una forma bastante seria, central y significativa. Este es un importante contexto para mantener presente mientras miramos nuestro pasaje clave en Jacobo, capítulo 5, desde el versículo 7 al 9:

«Por tanto, hermanos, sed pacientes hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el fruto precioso de la tierra, siendo paciente en ello hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía. 8 Sed también vosotros pacientes; fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca. 9 Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis juzgados; mirad, el Juez está a las puertas»

Note aquí, que a estos cristianos se les ruega ahora que soporten sus pruebas y sufrimientos con ansiosa anticipación en «la venida del Señor» y se les dice una vez más que «la venida del Señor está cerca». Jacobo no usa exclusivamente la palabra «Señor» para referirse solamente a Jesús. En Jacobo 3:9,[1] él se refiere a Dios el Padre como el Señor y es usado muchas otras veces generalmente para Dios, en una manera que estaríamos asumiendo nuestra conclusión por adelantado al decir aquí que eran referencias a Jesús. Sin embargo, en este contexto de la inminente y anticipada venida del Señor, la cual el creyente debe esperar con esperanza, aquí, claramente el contexto es que Santiago se está refiriendo con anterioridad al Señor Jesús. Es Jesús quien viene nuevamente, es la venida de Jesús la que debemos estar esperando, y es en la venida de Jesús en la que debemos colocar nuestra esperanza. Así, en este contexto, «El Señor» se refiere «al Señor Jesucristo». Hasta ahora, esta afirmación no es controversial, y en sí, no prueba nada, pero es importante notar antes de continuar leyendo, que en este contexto, Señor es Jesús. Teniendo esto en mente, continuemos ahora con los versículos del 10 al 11:

  • «Hermanos, tomad como ejemplo de paciencia y aflicción a los profetas que hablaron en el nombre del Señor. 11 Mirad que tenemos por bienaventurados a los que sufrieron. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el resultado del proceder del Señor, que el Señor es muy compasivo, y misericordioso».

Los profetas sufrieron en el nombre del Señor. El trato del Señor con Job demuestra la compasión del Señor. Pero, ¿en el nombre de Quién sufrieron los Profetas? ¿Quién tuvo tratos con Job? YHVH los tuvo. Jehová los tuvo. El único Dios verdadero los tuvo. Pero aquí, el contexto no ha cambiado. Este es el mismo argumento para que el pueblo de Dios aguante las pruebas en paciencia, esperando la venida del Señor. El mismo contexto, el mismo uso de la palabra Señor. La Traducción del Nuevo Mundo de los testigos de Jehová traduce la palabra «Señor» con el nombre personal «Jehová» en todo lugar que este se refiere claramente a Dios. Si bien esto puede oscurecer pasajes que de lo contrario claramente mostrarían la deidad de Cristo, en este contexto también nos sirve como una concesión sobreentendida del punto. En los versículos 7-8 los testigos dejan la traducción como «Señor», admitiendo así, que aquí el contexto exige claramente que Jesús sea considerado como el «Señor» en lugar de Dios el Padre. Después, en los versículos 10-11, cambian a «Jehová» aunque la obra griega subyacente es exactamente la misma y no hay nada en el contexto que le lleve a uno a concluir que hemos cambiado de repente, a un «Señor» completamente diferente. Mientras que esta táctica de traducción hace mucho más difícil usar este pasaje para mover a los testigos de Jehová hacia el evangelio, su habilidad engañosa para ocultar una lectura coherente de este pasaje nos demuestra más que aquí, hay algo que ellos necesitan esconder. ¿Quién es el Señor? El Señor es Jesús. Este mismo Señor es el único Dios verdadero en quien Job y los profetas esperaban en sus sufrimientos. Jesús es el Señor, el único Dios verdadero. Jacobo simplemente asume que esto es así, de igual manera su audiencia, y así el fluir del argumento hace que tenga sentido para ambos. De la manera como sufrieron los profetas en el nombre del Señor, así usted sufre en el nombre del Señor. Así como Job recibió recompensa del Señor después de su sufrimiento, así también usted recibirá recompensa del Señor Jesús después de su sufrimiento, en Su venida. De hecho, el versículo siguiente Jacobo está citando directamente del mismo Señor Jesús: «Y sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni con ningún otro juramento; antes bien, sea vuestro sí, sí, y vuestro no, no, para que no caigáis bajo juicio» (v. 12). Esto lo vemos en el Sermón del Monte (Mateo 5:34-37). Esta cita parece que nos señala aún más el hecho de que aquí, Jacobo tiene a Jesús en mente. También nos señala antes las mismas palabras de Jesús en el mismo sermón cuando Jesús les dice a Sus discípulos:

  • «Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de mí.» (Mateo 5:11).

Note aquí que Jacobo menciona exactamente lo mismo que el mismo Jesús. Jesús explica que cuando Sus discípulos sufren por causa de Él, ellos están pasando por lo mismo que pasaron los profetas antes que ellos. Pero, ¿por quién sufrieron los profetas? Ellos sufrieron por el Señor. Un mismo y solo Señor por el cual sufrieron los profetas. Jesús es el Señor, el único Dios verdadero por quien sufrieron los profetas, Jesús mismo lo afirmó. Jacobo y sus lectores lo sabían y creyeron esa realidad, y de igual forma, ¡nosotros hoy! Espero que esto ya sea claro en lo que hemos visto, pero todavía hay un punto más que miraremos brevemente:

  • «Hermanos, no habléis mal los unos de los otros. El que habla mal de un hermano o juzga a su hermano, habla mal de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres cumplidor de la ley, sino juez de ella. 12 Solo hay un dador de la ley y juez, que es poderoso para salvar y para destruir; pero tú, ¿quién eres que juzgas a tu prójimo?» (Jacobo 4:11-12).

De igual manera lo vemos desde nuestro pasaje principal:

  • «Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis juzgados; mirad, el Juez está a las puertas» (Jacobo 5:9).

La referencia a «el Juez está a las puertas» (Jacobo 5:9), hace claramente eco a las declaraciones repetitivas inmediatamente antes de la venida del Señor en los versículos 7-8. ¿Y quién es el Juez? No es otro sino el Señor Jesús en Su venida. Una vez más, esto nos muestra algo muy importante. Jacobo acaba de terminar de escribir en 4:11-12 acerca de cómo debe ser nuestro hablar entre creyentes advirtiéndonos que, «Uno solo es el Legislador y Juez». Posteriormente la venida del Señor Jesús, en casi exactamente la misma advertencia en 5:9, la cual describe como al Juez que «está a las puertas». Existe un solo Legislador y Juez, el cual es Jesús. ¿Quién le dio la ley a los israelitas? Dios lo hizo. ¿Quién es Jesús? Bueno, yo creo que a estas alturas el punto es más claro.

Sin embargo, al revisar el Sermón del Monte, vemos una vez más este paralelo:

«No juzguéis para que no seáis juzgados. 2 Porque con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados; y con la medida con que midáis, se os medirá. 3 ¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo? 4 ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Déjame sacarte la mota del ojo, cuando la viga está en tu ojo? 5 ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano» (Mateo 7:1-5).

Estas advertencias son muy parecidas a las de Jacobo.

«No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?. 23 Y entonces les declararé: Jamás os conocí; APARTAOS DE MÍ, LOS QUE PRACTICÁIS LA INIQUIDAD» (Mateo 7:21-23).

Jesús continúa en el anterior pasaje, presentándose a Sí mismo como el Juez a quienes las personas le rogarán en el último día para que las deje entrar en el reino, y es quien tendrá toda la autoridad para echar fuera a los que no fueron conocidos por Él. Aún más, a través de Mateo 5, Jesús declara mandamientos sobre la misma ley de Dios, no diciendo, «Así dice el Señor», o «Está escrito», más bien afirma: «Oísteis que fue dicho… pero yo os digo…» Jacobo parece estar confiando en el propio entendimiento de Jesús de ser tanto Legislador como Juez. Jacobo sabía que sólo existe un Legislador y un Juez, y este es, Dios. También sabía que Jesús es ese Legislador y Juez. Jacobo sabía y creía que Jesús es el único Dios verdadero, y escribió a su audiencia sobre ese fundamento.

Notas a pie de página:

[1] En la mayoría de las traducciones modernas este versículo se refiere como a «nuestro Señor y Padre», y por lo tanto, aquí parece referirse a Dios el Padre como «Señor». Sin embargo, hay una variante textual en el griego, donde en algunos manuscritos se lee, «Dios y el Padre» en lugar de «Señor». Así se lee en la VKJ, en la Nueva VKJ y traducciones más antiguas como en la Biblia de Ginebra. La lectura de «Dios y el Padre» se encuentra en la mayoría de los antiguos manuscritos en griego y latín y en unas pocas traducciones cópticas, pero no se encuentra en la tradición manuscrita del griego temprano, y debido a que «Dios y el padre» sería la lectura más común y familiar, es más fácil imaginar a un escriba escribiendo accidentalmente «Dios y el padre» en vez de, «Señor y Padre» simplemente, fuera de hábito. Por lo tanto, este artículo tratará «Señor y Padre». Adicionalmente, la lectura «Señor y Padre» hace que el caso de este artículo sea un poco más difícil de hacer, ya que muestra a Jacobo dispuesto a llamar «Señor» al Padre así como al Hijo, y por lo tanto, obliga a colocar más atención al contexto para demostrar nuestro punto. Por estas razones, asumiremos en este artículo que «Señor y Padre» es la lectura original.

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