La Trinidad económica y ontológica

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24 de noviembre de 2008

La Trinidad es la enseñanza cristiana de que Dios consiste de tres personas simultáneas y eternas: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. Cada una de las tres personas son iguales en sus atributos y naturaleza, pero difieren de la forma como ellas se relacionan con el mundo y entre ellos mismos. Cuando decimos que ellos son iguales en naturaleza y en atributos, estamos hablando de la Trinidad ontológica, que significa, el estudio del ser y su esencia. Cada una de las tres personas en la Divinidad es divina y tiene los mismos atributos: omnisciencia, omnipresencia, santidad, etc.

Cuando hablamos de cómo se relacionan entre sí y con el mundo, estamos hablando de la Trinidad económica, la cual, «tiene su origen en la antigua Grecia, deriva del término ‘oikonomikos’ que significa ‘la gestión del hogar’. Ahora es definida como ‘la ciencia que estudia el actuar humano como una relación entre fines y recursos escasos con usos alternativos'».[1] Para ser más simplista, podríamos decir que la Trinidad ontológica trata con lo que es Dios y la Trinidad económica trata con el actuar de Dios.

Dentro del cristianismo, no existe debate sobre la Trinidad ontológica; ya que es aceptado universalmente como verdad que el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son cada uno divino, santo, inmutables, etc.

La Trinidad económica

Como se estableció anteriormente, la Trinidad económica trata de cómo las tres personas en la Divinidad se relacionan entre sí y el mundo. Dentro de la Divinidad, cada una de las tres personas tiene diferentes papeles, y cada una tiene papeles diferentes con relación al mundo, aunque algunos de los papeles se cruzan entre sí. El Padre-y-el Hijo tienen una relación ínter-trinitaria ya que ésta es eterna (Nota: Se hablará un poco más acerca de esta relación más adelante). El Padre envió al Hijo (1ª Juan 4:10), el Hijo descendió del cielo, no para hacer Su propia voluntad sino para hacer la voluntad del Padre (Juan 6:38). Leamos el siguiente versículo, el cual muestra la diferencia en papeles:

«según el previo conocimiento de Dios Padre, por la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre: Que la gracia y la paz os sean multiplicadas» (1ª Pedro 1:2).

Usted puede ver que el Padre tiene conocimiento previo (presciencia) de los elegidos; el Espíritu Santo los santifica y el Hijo los rocía con Su sangre para obedecer. Creemos que esto es, lo suficientemente simple. Pero antes de discutir esto un poco más, leamos algunos de los versículos que apoyan la diferencia de papeles entre las tres personas de la Trinidad.

  1. El Padre mandó al Hijo. El Hijo, no mandó al Padre (Juan 6:44; 8:18; 10:36; 1ª Juan 4:14).
    1. «Y el Padre que me envió, ese ha dado testimonio de mí. Pero no habéis oído jamás su voz ni habéis visto su apariencia» (Juan 5:37).
  2. Jesús vino desde el cielo, no para hacer Su propia voluntad, sino para hacer la voluntad del Padre.
    1. «Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió» (Juan 6:38).
  3. Jesús llevó a cabo el trabajo redentor. El Padre, no lo hizo.
    1. «Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él» (2ª Corintios 5:21).
    2. «y Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas fuisteis sanados» (1ª Pedro 2:24).
  4. Jesús es el unigénito. El Padre no lo es.
    1. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él crea, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16).
  5. El Padre dio al Hijo. El Hijo no dio ni al Padre ni al Espíritu Santo.
    1. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16).
  6. El Padre y el Hijo mandaron al Espíritu Santo. El Espíritu Santo no mandó ni al Hijo ni al Padre.
    1. «Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho» (Juan 14:26).
    2. «Cuando venga el Consolador, a quien yo enviaré del Padre, es decir, el Espíritu de verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de mí» (Juan 15:26).
  7. El Padre le ha dado la elección al Hijo. La Escritura no dice que el Padre le ha dado la elección al Espíritu Santo.
    1. «Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que Él me ha dado yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final» (Juan 6:39).
  8. El Padre nos escogió antes de la fundación del mundo. En la Escritura no hay indicación que el Hijo o el Espíritu Santo nos hayan escogido.
    1. «según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. En amor» (Efesios 1:4).
  9. El Padre nos predestinó para adoptarnos de acuerdo a la intención de Su voluntad. En la Escritura no hay indicación que el Hijo o el Espíritu Santo lo hayan hecho.
    1. «nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad» (Efesios 1:5).
  10. Tenemos redención a través de la sangre de Jesús, no por la sangre del Padre o del Espíritu Santo.
    1. «En Él tenemos redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados según las riquezas de su gracia» (Efesios 1:7).

Vamos a resumir. Podemos ver que el Padre mandó al Hijo (Juan 6:44; 8:18); el cual, descendió del cielo, no para hacer Su propia voluntad (Juan 6:38). El Padre envió al Hijo, el cual es el unigénito (Juan 3:16) para llevar a cabo el trabajo redentor (2ª Corintios 5:21; 1ª Pedro 2:24). El Padre y el Hijo mandaron al Espíritu Santo. El Padre, quien nos escogió antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4), nos predestinó (Efesios 1:5; Romanos 8:29) y le dio al Hijo que guardara, sin perder a nadie, todos los que el Padre le dio (Juan 6:39).

No fue el Hijo quien mandó al Padre y el Padre no fue mandado para hacer la voluntad del Hijo. El Hijo no dio al Padre, ni tampoco el Padre fue llamado el unigénito. El Padre no llevó a cabo el trabajo redentor, y el Espíritu Santo no envió, ni al Padre ni al Hijo. La Escritura no dice que el Hijo o el Espíritu Santo nos escogieron a nosotros y que fuimos dados al Padre.

Aún más, el Padre llama a Jesús el Hijo (Juan 9:35), no es lo contrario. Jesús es llamado el Hijo del Hombre, más no el Padre (Mateo 24:27). Jesús es llamado el Hijo de Dios (Marcos 1:1; Lucas 1:35), pero el Padre no es llamado el Hijo de Dios. Jesús se verá sentado a la diestra de Dios (Marcos 14:62; Hechos 7:56), pero al Padre no se le verá sentado a la diestra del Hijo. El Padre señala al Hijo como heredero de todas las cosas (Hebreos 1:2), no es el Padre. El Padre tiene establecido el tiempo de la restauración del reino de Israel (Hechos 1:7), no el Hijo. El Espíritu Santo da los dones a la iglesia (1ª Corintios 12:8-11) y produce frutos (Gálatas 5:22-23). No se dice que el Padre y/o el Hijo hagan esto.

Entonces, podemos ver claramente las diferencias en funciones y en papeles. El Padre manda, dirige y predestina; el Hijo hace la voluntad del Padre, se encarna y lleva a cabo la redención; el Espíritu Santo nos sella, manifiesta en cada uno Sus dones y nos santifica.

Sin estas distinciones entre las personas de la Trinidad, no existiría la Trinidad.

Dios no cambia

«Porque yo, el Señor, no cambio…» (Malaquías 3:6).

Esto significa que la naturaleza de Dios es la misma desde la eternidad. Debido a que Dios es una Trinidad (Padre, Hijo, y Espíritu Santo), entonces Dios es una Trinidad desde siempre. El Padre siempre ha sido el Padre; el Hijo siempre ha sido el Hijo y el Espíritu Santo siempre ha sido el Espíritu Santo. Esto significa que los papeles que lleva a cabo el Padre –mas no el Hijo– siempre han sido los papeles del Padre; no del Hijo. De la misma forma, los papeles del Hijo siempre le han pertenecido a Él y no al Padre. Y claro está, los papeles del Espíritu Santo no son los mismos papeles del Padre o del Hijo. Recuerde; nosotros estamos hablando de papeles y funciones en la Trinidad económica, no de la naturaleza y atributos en la Trinidad ontológica. Entonces, como ellos tienen diferentes papeles, la manera como ellos se relacionan entre sí, es también eterna e inmutable.

Una vez más, sin una distinción en los papeles dentro de la Trinidad, no habría Trinidad.

La subordinación económica

Cuando se discute acerca de teología, las definiciones son increíblemente importantes. Y en esto, no hay excepción. A través de la iglesia cristiana ha existido un error conocido como el subordinacionismo, y desafortunadamente algunos lo han confundido con la Trinidad económica. El subordinacionismo es una herejía relacionada con el Padre y con el Hijo; aunque algunas veces el Espíritu Santo está incluido en la discusión. El error tiene diferentes formas, pero básicamente, es la enseñanza de que el Hijo no es eterno ni divino, y no es por lo tanto igual al Padre en ser y atributos. Claro está, que esto es una equivocación y que en contraste a la Trinidad económica no niega la igualdad de naturaleza y atributos entre el Padre y el Hijo.

La falta de entendimiento siempre se debe a que aun cuando tienen diferentes papeles no significa que tengan una diferencia en Sus naturalezas. Un esposo y una esposa tienen diferentes papeles en la familia (ella da a luz a los hijos, no él; ella es la madre, él es el padre, etc.) pero el hecho de que ellos tengan papeles diferentes no significa que ellos sean diferentes en naturaleza. El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo tienen diferentes papeles, pero ellos son iguales en naturaleza y atributos.

Debido a que existen diferentes papeles dentro de la Trinidad, ¿significa esto una subordinación entre las tres personas? La respuesta clara parece ser afirmativa. Pero recuerde, afirmar esto no es lo mismo que aprobar la herejía del subordinacionismo. Podemos decir que existe una subordinación del Hijo al Padre en cuanto al papel (como la relación natural que habría entre un padre e hijo), pero también decimos que el subordinacionismo —el cual afirma la diferencia en naturaleza—está equivocado. Revisemos una vez más el siguiente versículo:

«Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió» (Juan 6:38).

Al menos, de este versículo podemos concluir que el Hijo voluntariamente se sujetó a Sí mismo a la voluntad del Padre y la está llevando a cabo.

Aun así, hay muchos que no les gusta la idea de cualquier tipo de sujeción entre las personas en la Trinidad. Pero como ya se afirmó anteriormente, si no existiera ninguna diferencia en los papeles de ellos, tampoco existiría distinción entre ellos. Sólo al reconocer y aceptar la diferencia de papeles que existen entre ellos, es que podemos reconocer la Trinidad.

Jesús está sujeto al Padre

  • «Porque Dios ha puesto todo en sujeción bajo sus pies. Pero cuando dice que todas las cosas le están sujetas, es evidente que se exceptúa a aquel que ha sometido a Él todas las cosas. 28 Y cuando todo haya sido sometido a Él, entonces también el Hijo mismo se sujetará a aquel que sujetó a Él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos» (1ª Corintios 15:27-28).

En los anteriores versículos, la palabra para «sujeción» y «sujetado», viene del griego «hupotasso», (υποτασσεσθε), la cual ocurre 43 veces en el Nuevo Pacto. En el idioma español, se traduce como «someter, sujetar, ser materia de, hacer lo que está dicho». No confundamos el término bíblico con la palabra «someter» y su uso común que se le da hoy en día. En el idioma español, «someter», significa, «sujetar o humillar a una persona, una tropa, o una facción o también conquistar, subyugar, pacificar a un pueblo, a una provincia, etc.» El significado en griego de la palabra someter («hupotasso»), y dentro del contexto de la Escritura implica «ponerse bajo o ser influido por». Para una completa lista de cada incidencia acerca de la palabra «hupotasso» y los diferentes sentidos en la cual ésta es usada, leer, «Lista de versículos en el Nuevo Pacto que usan ‘hupotasso’«.

Vemos entonces, que 1ª Corintios 15:27 habla de, «todas las cosas», sujetas a Jesús. Posteriormente, en el v. 28, Jesús estaría sujeto al Padre. La forma griega para la palabra «se sujetará» (en la Versión RV60), es, «hupotagasetai», el cual es el futuro, pasivo, indicativo. Esto significa que este es un acontecimiento futuro en el cual Jesús, estará sujeto al Padre.

  • «Cuando finalmente, esto sea llevado a cabo, Cristo doblará rodilla a Dios el Padre para que así Dios pueda ser todo en todos. En ese pasaje tan corto, Pablo ha seguido el rastro del paraíso perdido y lo ha vuelto a recuperar, así como también la sumisión de todas las cosas a Dios como al principio de la creación. Y la resurrección de Cristo es la que garantiza esto».[2]
  • «El hijo…a sí mismo….sujeto; no como están las criaturas, sino como un Hijo el cual voluntariamente se sometió aun siendo coigual al Padre. En el reino de la mediación, el Hijo, de una forma había sido distinto del Padre. Pero ahora, Su reino se fusionará con el del Padre, con quien es uno; no que exista alguna disminución de Su honor; porque el deseo del Padre mismo es, ‘que todos honren al Hijo como honran al Padre’ (Juan 5:22; 23; Hebreos 1:6). Dios…todo en todos, como Cristo es todo en todos (Colosenses 3:11; comparar con Zacarías 14:9). Entonces, y sólo hasta entonces, es que ‘todas las cosas’, sin la más mínima violación de la prerrogativa divina, estarían sujetas al Hijo y el Hijo subordinado al Padre mientras que comparte Su gloria [la del Padre] de igual manera».[3]
  • «En un artículo publicado en el Diario Teológico de Westminster, Michael Bauman discute las diferentes clases de subordinacionismo durante la controversia Arriana. Él traza una distinción entre lo que llama la subordinación enfática y la subordinación económica. La herejía arriana enseñó la subordinación enfática, la cual conlleva a la desigualdad de naturaleza y ser. Los arrianos afirmaban que ‘existió una desigualdad natural entre las Personas de la Trinidad por virtud de sus diferencias esenciales y el carácter derivado temporal de la Segunda y Tercera Persona’. Esto es una herejía ya que es una subordinación de esencia o naturaleza. La subordinación económica, adoptada por el Concilio de Nicea, significa que mientras todas las tres Personas divinas, son idénticas en esencia, el Hijo se encuentra subordinado económicamente al Padre con relación a Su función y misión eternas. El Hijo no es menor que el Padre, sino que voluntariamente y por Sí Mismo, se sometió a la voluntad del Padre».[4]

Objeciones respondidas

  1. Existe una sola voluntad con Dios. Si el Padre envió al Hijo, y el Hijo vino a hacer Su propia voluntad, ¿está entonces el Hijo subordinado en ese papel al Padre? Si es así, ¿no se estaría resucitando la herejía del subordinacionismo?
    1. Esta objeción falla en reconocer la diferencia entre la herejía del subordinacionismo –la cual enseña una diferencia entre las personas de la Trinidad– y la subordinación, la cual enseña una subordinación de papeles dentro de la Trinidad.
  2. ¿No significa la diferencia de papeles, que el Padre ordena y el Hijo obedece? Si esto es así, ¿cómo puede tener la Trinidad una sola voluntad?
    1. Por definición, cada persona de la Trinidad debe tener Su propia voluntad, de lo contrario, no serían personas. Entonces, la pregunta sería: ¿Cómo se relaciona cada voluntad a la voluntad de la otra persona en la Trinidad? Las Escrituras no nos dicen que el Hijo obedeció al Padre. Se nos ha dicho que Jesús fue enviado desde el cielo, no para hacer Su voluntad sino la voluntad del Padre quien lo envió (Juan 6:38). Parecería que podríamos concluir que el Padre y el Hijo no tienen la misma voluntad y que el Hijo se sometió voluntariamente para llevar a cabo la voluntad del Padre. De cualquier forma, los miembros de la Trinidad trabajan en perfecta armonía aún en vista de que existan tres personas.
  3. Si la Trinidad es de una sola voluntad, ¿cómo puede existir una distinción de voluntades entre el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo?
    1. La pregunta podría no ser válida. Dios es una Trinidad de tres personas y por necesidad, cada persona debe tener su propia voluntad. La Biblia no explica cómo trabaja esta relación interna de tres personas para que puedan llevar a cabo la voluntad del único Dios. Pero no vemos ninguna necesidad lógica que diga que la distinción de voluntades signifique que la Trinidad no puede actuar con una sola voluntad.
  4. Si el Hijo vino para hacer la voluntad del Padre y no Su propia voluntad (Juan 6:38), ¿no implica esto entonces, que existen voluntades diferentes? Pero, ¿cómo puede ser esto, ya que Dios puede tener solamente una voluntad?
    1. Parecería que Juan 6:38 diría que el Padre y el Hijo tuvieran voluntades diferentes. Podemos esperar esto ya que el Padre no es la misma persona que el Hijo, y cada persona, por definición, tiene su propia voluntad.
    2. Ya que Dios es una Trinidad de personas, ¿dónde dice en la Escritura que Dios (lo que implicaría una sola persona) puede tener una sola voluntad?

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